Jorge Sosa Miercoles, 26 de Junio de 2019

Solsticio

Bien, ya estamos en junio, casi casi a mitad del año, y uno no puede creer que el tiempo haya pasado con esa constancia que tiene el tiempo. Si parece que fue ayer que nos juntamos para celebrar el fin del año pasado, con el desborde gastronómico que significó y ahora ya empezamos a pensar en la Navidad que se viene.

Miercoles, 26 de Junio de 2019
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Miercoles, 26 de Junio de 2019 | Bien, ya estamos en junio, casi casi a mitad del año, y uno no puede creer que el tiempo haya pasado con esa constancia que tiene el tiempo. Si parece que fue ayer que nos juntamos para celebrar el fin del año pasado, con el desborde gastronómico que significó y ahora ya empezamos a pensar en la Navidad que se viene.

Ha comenzado el invierno y uno teme que sea un invierno despiadado, de esos que nos obligan a ponernos encima cuanto abrigo encontremos a mano y afuera nos espere la intemperie vestida de crueldad, con temperaturas que ponen al mínimo el mercurio de los termómetros, y algunas lloviznas que a poco de enfriar se transforman en escarchilla. De esos días tan fríos que a uno le dan ganas de meterse adentro de la heladera porque dentro hace más calor que afuera.  

Es la época de la renovación de la naturaleza, termina el ciclo del deshoje y comienza el advenimiento de los brotes que habrán de estallar allá cuando nos alcance la primavera. No falta mucho, apenas tres meses de sufrir con las estufas al máximo, muchas frazadas sobre la cama y una recepción de boletas de gas y de luz que tienen sus ventajas, porque hacen calentar a cualquiera.

El  cuerpo queda incluido adentro de los abrigos y uno se siente menos uno que en cualquiera otra estación porque se encuentra debajo de montones de tela, plástico y bufandas. Por eso cuesta encontrar nuestros cuerpos cuando nos bañamos porque hay circunstancias de días tan helados que nos obligan a bañarnos con el sobretodo puesto.

Cuesta levantarse por la mañana y entrar en funcionamiento, el cuerpo se muestra aletargado por el descanso tibio que procuró la noche y afuera están los dos grados bajo cero que nos habrán de castigar sin piedad.

Es el solsticio de invierno. “Solsticio” proviene del latín solstitium que quiere decir “sol quieto”. Es el momento del año en que el sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo y la duración del día y la noche son las máximas del año. Yo no sé a quien se le ocurrió inventar el solsticio habiendo otras cosas tan importantes para inventar. Pero es así en el solsticio de invierno los días se acortan y entre el 21 y 23 de junio ocurre el día más corto del año.

Dicen que la diferencia entre una norteamericana y una francesa es que la norteamericana dice hoy es el día más corto del año y la francesa hoy es la noche más larga del año.   
Sin embargo tiene cosas agradables. Por ejemplo es cuando ocurre el Inti Raymi, el año nuevo del sur. En la cosmovisión andina se consideraba que cuando sucedía esto que llamamos solsticio, el sol volvía a comenzar su ciclo, la vida se renovaba, era tiempo de la celebración, un renacer muy valioso al que se le rinde culto para honrar, entre otras cosas, el buen desempeño de las cosechas.

Ocurre entonces la Fiesta del Sol, una ceremonia que dura un día en el cual se realizan danzas, cantos, y otras ceremonias ligadas a esta festividad.

Por lo tanto no todo es sacrificio en el invierno, también existen fiestas que lo celebran. Además es en invierno cuando cobramos el medio aguinaldo, que no alcanzará para mucho pero que sirve para que mientras nos ponemos abrigos por fuera nos saquemos algunas deudas de adentro.

Ha llegado el invierno, el tiempo pasa inconteniblemente y dentro de pocas semanas veremos a los almendros con flor, preanuncio de la estación más deseada por todos: la primavera.

Mientras tanto hagámosle frente al invierno. No sé cómo pueden distanciarse tanto en cuestión de temperatura, el invierno y el infierno. No sé.

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