Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 23 de Mayo de 2019

Invierno

El invierno modifica todo, nuestro apuro, nuestro confort, nuestra forma de vestirnos y alimentarnos. Es difícil de controlar de una manera medianamente agradable.  

Jueves, 23 de Mayo de 2019
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Jueves, 23 de Mayo de 2019 | El invierno modifica todo, nuestro apuro, nuestro confort, nuestra forma de vestirnos y alimentarnos. Es difícil de controlar de una manera medianamente agradable.  

Nunca escuché decir a gobierno alguno “Quiero un pueblo bien abrigado”. Nunca. Y es un asunto realmente importante que nos toca a todos, que nos cubre a todos.

Ahora está por llegar el invierno, estamos teniendo un adelanto bien contundente, y encuentro a muchos de nuestros niños desabrigados, con el cuerpito llano muy cerca de la intemperie y me llena de escalofríos. 

El invierno es crudo y es rudo, no tiene contemplaciones, arrasa con lo que encuentra a su paso y es difícil contrarrestarlo de una manera cómoda. El verano es más suelto, si bien asesta su golpe de fuego, puede combatirse apenas uno ponga su piel en su propia superficie.  

Uno tiene forma de combatirlo al invierno, pero ¿todos la tienen? ¿Todos tienen una estufa cerca para adecentar su entorno? Lo dudo. Todavía se usan métodos primitivos como el carbón y la leña, y no siempre se tienen a mano.  

El invierno modifica todo, nuestro apuro, nuestro confort, nuestra forma de vestirnos y alimentarnos. Es difícil de controlar de una manera medianamente agradable.  

Uno se levanta después de haber estado cubierto por mantas pesadas, o sea, abandona el mundo del calor y tiene que meterse de lleno en el frío, es un momento difícil de sobrellevar, una circunstancia de vida que nos pone ante una opción que tiene una cachetada fría en uno de sus extremos.  

Nos echamos encima una serie de adminículos invernales para contrarrestar lo que habrá de castigarnos: camisetas, calzoncillos largos, pulóveres, camperas, sobretodos, medias gruesas, calzado protector, bufandas, guantes, es decir todo aquello que sirva para contener el frío.  

La pregunta sigue siendo la misma: ¿todos tienen esos elementos para protegerse de una temporada que suele durar tres meses largos? 

A mí me parece que no, que hay cuerpitos que deben defenderse con lo que tienen o pueden encontrar a mano para semejante batalla.  

Pienso en las escuelas donde no funcionan las estufas y no puedo menos que quedarme aterido. ¿Cómo pueden aprender algo aquellos niños que están sufriendo dentro de sus aulas? ¿Cómo puede la educación ganarle la batalla al desamparo? 

Los días se achican calamitosamente. Nos despertamos con la noche y nos acostamos con la noche, vamos de noche a noche tratando de no ser el afuera, pero eso es inevitable. Caminamos con apuro por las calles para llegar a un lugar que esté premeditadamente a cubierto, y no queremos salir. El verbo salir implica riesgos bastante incómodos. Permanecer en un lugar confortable es lo que deseamos.  

Pero vuelvo al comienzo, nunca he escuchado a un gobierno decir que quiere a un pueblo abrigado. Abrigado por fuera o por dentro. Que el exterior esté protegido pero también el interior, aunque menos sea por un plato de sopa.  

Está llegando el invierno, despiadado, cruel, viene a agarrárselas a cachetadas frías con todos. Ojalá que todos tengan una forma de hacer frente si quedar aterido, sin que nuestro cuerpo se sienta atacado por miles de alfileres.  

Está llegando el invierno. Es bueno que ocurra porque implica una renovación de la vida, pero también implica una defensa de la vida que a veces, muchas veces, no se arregla con un suéter medianamente grueso.  

Ojalá que todos encuentren la tibieza al menos en algún momento de sus días.   


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