Jorge Sosa Jueves, 16 de Mayo de 2019

Caminante no hay camino

Caminar es un ejercicio fenomenal al que deberíamos dedicarle alguno tiempo de nuestro día, pero no caminar porque tenemos que hacer un trámite y el lugar del trámite queda varias cuadras hacia adelante, hacerlo por placer, por movilizar todo nuestro cuerpo. 

Jueves, 16 de Mayo de 2019
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Jueves, 16 de Mayo de 2019 | Caminar es un ejercicio fenomenal al que deberíamos dedicarle alguno tiempo de nuestro día, pero no caminar porque tenemos que hacer un trámite y el lugar del trámite queda varias cuadras hacia adelante, hacerlo por placer, por movilizar todo nuestro cuerpo. 

Uno tiene que tener las piernas en buen estado, que funcionen los tobillos y los muslos, y las rodillas. La canilla es de agua caliente porque arriba está la tibia. Uno tiene que tener las piernas en buen estado para andar. Caminar con dificultad, como veo que le ocurre a muchos, es una forma de sufrir el andar y eso no es bueno. El andar debe disfrutarse como un día de fiesta, así de grande.  

Las ciudades son para caminar. Buenos Aires, por ejemplo, no es lo mismo sin no la pisamos reiteradas veces. Uno tiene que estar dispuesto a caminar si va a Buenos Aires. Mendoza también tiene lo suyo y a veces no sirven micros y no es dable gastar en taxis por distancias de cuadras. Entonces uno le da a las dos gambas hasta que se cansan. Se cansan las muy anodinas y se nos hace difícil avanzar.

Mendoza tiene sus pendientes, todo baja hacia la calle San Martín, y aunque la pendiente es escasa se siente en los músculos cuando uno encara cuesta arriba. Y más si uno tiene que atravesar pendientes más empinadas como es ir hasta el parque.

Hay muchos que hacen del caminar un deporte, se los puede ver dando vuelta al lago del parque cuyos límites supera los dos kilómetros, o apuntando hacia más arriba, por ejemplo hacia el Cerro de la Gloria, o más arriba hacia el cerro Arco. Me cansa solo el pensamiento de tal acción, pero hay mucha gente que lo practica varias veces por semana.

Caminar es un ejercicio fenomenal al que deberíamos dedicarle alguno tiempo de nuestro día, pero no caminar porque tenemos que hacer un trámite y el lugar del trámite queda varias cuadras hacia adelante, hacerlo por placer, por movilizar todo nuestro cuerpo, por fortalecer nuestra contenido muscular, por recibir caricias tenues del aire que nos confronta y para observar los paisajes que nos acompañan en nuestro movimiento. Es toda una valoración de la persona.

Claro que están los “fiacas” para caminar, aquellos a los que una cuadra, una sola cuadra ya los desalienta. Se sienten cansados antes de realizar cualquier movimiento y mucho antes de que las zapatillas cumplan con su misión.

Ahora, en esta modernidad que nos sorprende a cada paso, muchos jóvenes cambian caminar por patineta y pasan por las veredas raspando las veredas y haciendo un ruido considerable. Viajan con su propio impulso pero caminan menos.

Están los que caminan enhiestos, ligeritos, con armonía casi con pasos de ballet, están los desgarbados al caminar que tienen los pasos desparramados como trote de vaca, están los que arrastran las patas y cumplen con aquella calificación que antiguamente recibíamos los de acá: mendocinos pata a la rastra, están los chuecos que andan como haciéndole gambetas a las baldosas y están los impulsivos, los que caminan con cierta agresividad y si te llevan por delante pueden hacerte perder la noción de la gravedad con Newton y todo.

Es una acción diaria que deberíamos agradecer. Pobres de aquellos que no pueden desarrollarla en entera libertad, tienen ellos la libertad constreñida.

Todos los días millones de pasos atraviesan las veredas y las calles de esta ciudad que somos y es como si al caminar dejáramos nuestra impronta. Somos nosotros los que nos llevamos y el caminar es nuestra forma de rendirle tributo al movimiento.

Caminar, andar por la vida, buen propósito para no transformarnos en estatuas.

Parangonando a Machado podemos decir: “Caminante no hay camino / te los hace Vialidad”.


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