Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 7 de Febrero de 2019

El bidet

Quiero hacer, en este momento solemne, un homenaje, según mi criterio altamente merecido, a un artefacto de uso masivo y frecuente que jamás de los jamases, aún nunca fore ver, ha merecido una novela de algún escritor destacado, ni siquiera un mísero ensayo literario que resalte sus virtudes: El bidet.

Jueves, 7 de Febrero de 2019
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Jueves, 7 de Febrero de 2019 | Quiero hacer, en este momento solemne, un homenaje, según mi criterio altamente merecido, a un artefacto de uso masivo y frecuente que jamás de los jamases, aún nunca fore ver, ha merecido una novela de algún escritor destacado, ni siquiera un mísero ensayo literario que resalte sus virtudes: El bidet.

¡Oh, noble adminículo en donde diariamente depositamos fugazmente nuestras asentaderas! ¡Qué poco han dicho los hombres de ti! Voy a redimirte.

No en todos los países se usa el bidet, en algunos se utiliza un aditamento chorriador adosado al inodoro que hace las veces de. Pero como aparato existe en muy pocos países. También es utilizado en algunos países de Europa (pocos) y en Japón que llega a instalar este tipo de artefactos en baños públicos. En otros países desconocen su uso y muchos lo ponen en el techo porque piensan que como tiene chorro debe funcionar como ducha.
Hace tiempo escribí una poesía que en una de sus partes decía:
El bidet te deja ano..., nadado,
Porque sabés que adentro un delincuente
Permanece emboscado
Diariamente te ocurre que te asalta
Ese chorro desde el níveo artefacto.


Si tuviéramos que asemejarlo a algún animal lo haríamos con la ballena que suele desprender chorros aéreos desde su lomo, sin embargo el bidet está emparentado con el caballo. La palabra bidet viene del francés “bidet”, que significa caballito, en alusión a la postura que se utiliza para utilizarlo. Lo montamos, diariamente.
Es una especie de modesta fuente de plaza, un recipiente bajo, tipo palangana, con agua corriente y desagüe. El agua corriente entra limpia y sale, bueno, ustedes saben. Es fabricado, en sus modos más comunes con porcelana o loza. Tiene cierto parecido con el inodoro, es su compañero permanente, y el bidet está destinado a terminar la tarea que uno ejecuta en el inodoro, porque está delineado para asear la zona perineal y el ano, aunque también puede ser utilizado para lavarse los pies o la cara cuando uno llega a la casa con el cuerpo rebosante de fernet.
Algunos se niegan a ir a un baño público porque no tienen bidet. Prefieren andar estreñidos que someterse a los manoseos de higienol o de una hoja vieja de diario. O nueva, según el apuro. Fruncen hasta que llegan al baño de su casa.
Lo más importante del bidet es su chorro, tiene que ser un chorro decidido, con fuerza, bien eyectado desde sus agujeritos, no uno débil que no llega a destino. Un bidet con un chorro endeble es una frustración, uno tiene que encajarse bien adentro del aparato, forzar su anatomía para que vaya bien abajo a los efectos de lograr su cometido. Tampoco tiene que ser tan poderoso el chorro que uno termine estampado en el techo.
Suele ser agresivo cuando el invierno, en esos días gélidos que nos invaden, como ha ocurrido en el recientemente pasado invierno, y el chorro está helado. Entonces ocurre como un shock de temperatura en todo el cuerpo y uno tiende a esquivarle el bulto o el agujero, para ser más preciso.
En cambio en el verano resulta placentera su caricia líquida y uno tiende a quedarse más tiempo ya no para limpiarse sino para confortarse. Tanto placer causa que muchos se ponen a leer sobre el bidet mientras el agua se encarga de sus partes íntimas.
De noche, cuando el baño está deshabitado, a oscuras, cuando el botiquín cierra su ojo porque no tiene que reflejar, el bidet le hace burla al papel higiénico: - Vos sos un limpia nalgas de papel. No hay nada más suave que el agua, gilúm – Alguien podría decir que al bidet le va para el poto, sin embargo se divierte con los naipes, es el único artefacto de la casa que sabe jugar al culo sucio, el único al que uno le entrega sus partes íntimas y se somete a ese pequeño aluvión ascendente del Río Mendoza.
Por suerte en país  es una costumbre afincada. Al lado del inodoro argentino, el bidet argentino, con su enorme boca abierta, nos da la tranquilidad de saber que esa fuentecita doméstica habrá de apuntarnos y seguramente dará en el blanco, en realidad en el negro. El bidet, bien vale como conclusión regalarle una poesía
Ico, ico, caballito blanco
Sin riendas, ni recado,
Ico, ico, llevame cabalgando
Por la pampa blanca de los azulejos
Con tu impulso aguado
Hasta que yo sienta que mi traste viejo,
Chorreado, chorreado
Siguió tu consejo
Y está inmaculado.



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