Por Sergio Levinsky

Si bien tiene tiempo para tomar una decisión, porque quedará libre el próximo 1 de julio, Lionel Messi entra desde ahora en una etapa de definición para su carrera, que puede dar un giro extraordinario a partir de algunos hechos que pueden empujarlo muy hacia afuera del club de sus amores en Europa, el Fútbol Club Barcelona, o bien, al contrario, puede ser influido por una fuerza centrípeta si ocurren determinados hechos

Messi acaba de anotar en el estadio Sánchez Pizjuán su decimonoveno gol en el triunfo del Barcelona por 0-2 al Sevilla, y de esta manera quedó solo como máximo artillero de la Liga Española a tres de diferencia de su ex compañero Luis Suárez. ahora en el Atlético Madrid. Pero hay un punto llamativo en esta estadística. El rosarino lleva 24 tantos en la temporada 2020/21 en 32 partidos (0.75 de promedio) cuando en la 2019/20 marcó 31 en 44 partidos (0.70). lo que indica que en una proyección, con trece partidos por delante en la Liga y al menos uno más en la Copa del Rey y otro por la Champions League, podría superar la marca anterior.

Es cierto que se trata de datos individuales en un juego colectivo, como es el fútbol, pero esto indica claramente que no se trata de un problema de decadencia personal sino de estructura de club, de funcionamiento colectivo. Messi va a cumplir 34 años a cinco días de quedar libre, el 26 de junio, y las chances de seguir generando fútbol son bastante claras. El tema es dónde.

Por eso sostenemos que estas horas pueden ser decisivas porque van a señalar un camino, si es que lo deportivo tiene influencia en su determinación final. Por lo pronto, el próximo miércoles, el Barcelona debe volver a enfrentar al Sevilla, pero esta vez en el Camp Nou y por la revancha de la semifinal de la Copa del Rey y deberá tratar de levantar un 2-0 en contra de la ida en Andalucía, y ayer quedó demostrado que lo puede conseguir porque justo obtuvo ese mismo resultado y ante el mismo equipo. Y como visitante.

El problema es que el Sevilla es un equipo muy experimentado, último ganador de la Europa League, que posiblemente no vaya a jugar un partido que lo puede colocar en la final de la Copa del Rey de la misma manera que jugó por la Liga, si bien tiene el problema de la notoria ausencia del argentino Lucas Ocampos, lesionado. Desde ya que para Messi (y para el Barcelona) no será lo mismo pasar a la final (allí debería enfrentar al ganador de la otra llave entre Levante y el Athletic de Bilbao, que empataron 1-1 en la ida en País Vasco) que quedarse en el camino y perder la chance de disputar otro título.

En la Liga, con el triunfo ante el Sevilla (Messi marcó un gol y Ousmane Dembélé, el otro), el Barcelona logró acercarse a apenas dos puntos al líder Atlético Madrid, que dirigido por Diego Simeone viene derrapando en los últimos partidos, pero hay que aclarar que los azulgranas tienen dos partidos más que los “Colchoneros” por lo que no dependen de sí mismos para llegar a la punta en estas fechas, aunque todavía pueden sacar partido de un próximo derbi madrileño entre el Atlético y Real Madrid (tercero) y aún deben volver a enfrentar a los rojiblancos por lo que allí podrían reducir la ventaja en la tabla.

Y finalmente, la Champions League aparece ya muy lejana, luego de que el Barcelona cayera estrepitosamente en el Camp Nou por 4-1 en la ida de los octavos de final ante el poderoso PSG francés (ahora dirigido por Mauricio Pochettino) y remontar este resultado en París suena a utopía.

En otras palabras. Desde lo futbolístico, Messi tendrá en las próximas dos semanas un panorama muy claro sobre la situación del equipo en esta temporada: si puede pelear en los dos frentes (Liga y Copa), uno, o directamente son muy pocas las chances de quedarse con algún título y en ese caso se repetirá lo ocurrido en la temporada 2019/20. De tener una perspectiva de año en blanco por segunda vez consecutiva, Messi tendría acaso un par de meses sin mucho en juego y con tiempo para analizar mejor los pasos a seguir.

Pero hay otro aspecto que también puede marcar la determinación del genio rosarino, y son las elecciones presidenciales del Barcelona, que luego de muchas vueltas se llevarán a cabo el 7 de marzo en un contexto muy desmovilizador por la cuarentena catalana y con sólo tres candidatos que pasaron el corte de las firmas como avales de los socios del pasado 24 de enero.

Joan Laporta, presidente de los tiempos felices con Josep Guardiola como entrenador y los grandes títulos, aparece nítidamente como el principal candidato (es además el que reunió más firmas). Víctor Font, que formó parte de la saliente comisión directiva de Josep Bartomeu, pero se alejó a tiempo, promete traer al ex jugador (y compañero de Messi) Xavi Hernández (ahora es DT en Qatar) para iniciar un nuevo proyecto desde todas las estructuras, y Toni Freixá, ex vocero del club en distintos períodos, promete insuflar capitales privados por 250 millones de euros para fichar un par de grandes figuras y para sponsorear las distintas áreas en las que fueron divididas las actividades más importantes del club.

Los tres candidatos, Laporta, Font y Freixá, sostienen que ya se comunicaron con el entorno de Messi y consideran fundamental poder seducirlo para que se quede en el club y culmine su brillantísima carrera de azulgrana, pero para eso, no deben quedarse en palabras y deberán solucionar lo económico por un lado, y generarle motivación deportiva por el otro.

Días pasados, Messi y su entorno volvieron a enojarse con el club (por ahora a cargo de una comisión gestora tras la renuncia de Bartomeu en octubre pasado) luego de que trascendiera lo que viene cobrando (unos 555 millones de euros) y que sólo se le pagaron 8,5 millones de euros de los 72 prometidos para esta temporada. Con estas cifras, y la crisis que atraviesa el club que debe 1173 millones según la última memoria y balance, no parece claro cómo podría cambiar los ejes y pagarle lo que el jugador vale, pero sumado a eso, al quedar libre el próximo 1 de julio, el Barcelona estará obligado a comprarle otra vez el pase, aunque deberá negociar con el propio jugador y su entorno.

Y en esa negociación, el Barcelona deberá tener en cuenta que Messi espera señales deportivas, no sólo monetarias. El rosarino sabe que no puede seguir integrando un equipo con escasas ambiciones de ganar títulos importantes, como viene ocurriendo. En este sentido, el trabajo del DT holandés Ronald Koeman ha sido arduo porque tiró de juveniles como Pedri, Araujo, Serginho Dest o Trincao, que hicieron de esta temporada una de transición (además, con lesiones de Philippe Coutinho y Ansu Fati) pero esto no puede repetirse eternamente y para fichar jugadores estrella hace falta dinero.

Detrás del Barelona esperan su decisión dos clubes poderosos como el PSG, en el que juega su amigo Neymar, y el Manchester City, donde podría reencontrarse con Guardiola, y que posiblemente vuelva a ganar esta temporada la Premier League inglesa y le ofrece un paquete de arreglo muy interesante en el que incluye la chance de jugar en algún momento en su equipo franquicia en la MLS de los Estados Unidos –un lugar al que Messi aspira a instalarse en algún momento de su vida-, el New York City.

Todo este combo, más lo que quiera hacer su familia –demasiado arraigada en Barcelona– será lo que ayude a Messi a decidir sobre sus próximos pasos, y por eso, estas dos próximas semanas serán claves en su futuro como futbolista.