Era una plácida tarde la de aquel domingo de enero. Muchos mendocinos se preparaban para disfrutar de las atracciones del centro de la ciudad. Algunos prevenidos prefirieron quedarse en sus casas, había nubarrones oscuros y presagiantes en el horizonte del oeste y había llovido en el piedemonte.

03-02-03 MENDOZA-CIUDAD-ALUVION ALUVION DEL 4 DE ENERO DE 1970. IMAGENES DE ARCHIVO FOTO=LOS ANDES

Sin embargo mucha gente y muchos autos transitaban por el centro. A las 18 todas las miradas se inclinaron hacia el sur, desde allí venía el ruido. Era agua que avanzaba incontenible. Algunos tardaron en comprender qué pasaba, otros simplemente corrieron para salvarse. El agua es despiadada, no tiene contemplaciones, arrastra con todo lo que encuentra a su paso, vehículos, árboles, postes, muebles, piedras, gente.

En pocos minutos la calle San Martín vivió la replica de un pequeño tsunami, pero un tsunami al fin. El caos se apoderó de la calle más importante de la ciudad. Los testigos que encontraron refugio adecuado vieron pasar sillas, mesas, autos y heladeras, por eso se lo conoce al fenómeno como “El aluvión de las heladeras”. Es que en la esquina de San Martín y Morón estaba establecida una casa de artículos del hogar muy famosa en ese tiempo.

El manotón del agua, desbordada a pocos metros, se llevó todo lo que estaba en el interior del negocio, las heladeras comenzaron a hacer algo para lo cual no estaban hechas: navegar. Hasta un metro llegó el agua por la arteria famosa y también cubrió amplias zonas aledañas. Había crecido el cauce de todos los zanjones pero la tragedia fue noticia del Frías. El Dique Frías es un dique de contención aluvional. Pues no sólo no sirvió para contener el agua sino que la potenció. Al llover en el piedemonte el agua encaró por sus cauces de siempre (el agua tiene memoria) y se fue juntando al ser detenida por la pared del dique.

Pero el dique estaba descuidado, una montaña de piedras y cantos rodados se acumulaba sobre su pared oeste, esa montaña le sirvió de trampolín al agua, acumulada que lo desbordó, lo sobrepasó y rompió los costados de la represa. Entonces el aluvión bajó desbandado como un azote, con violencia, sin contención, por el camino que le marcaba el zanjón Frías y por todo lo que estaba a su costado.

Arrasó con el barrio Virgen del Valle que se levantaba al borde del zanjón, frente al Hospital Lencinas. Allí barrió con las casas precarias y se cobró las primeras vidas. El agua buscó otra salida y la encontró en la calle San Martín. Al llegar a ella el torrente trepó por el puente y tomó su pendiente favorable, hacia el norte. Todo lo que encontró a su paso se lo tragó. Agua marrón, agua y lodo, agua lodo y piedras, no pudo ser más grande la imprevista cachetada de la naturaleza.

Según la crónica del diario Los Andes, “La avenida San Martín se llenó de chapas que crujían”. Muchos se salvaron luchando contra la corriente. Árboles y semáforos les dieron una ayuda; otros fueron socorridos cuando desesperaban dentro de sus automóviles que navegaban como pequeños barquitos. Se improvisaron cadenas de brazos para ayudar a los que eran arrastrados por la correntada. En el Barrio Cívico quedaron anegados los sótanos de la Casa de Gobierno. La creciente azotó sin piedad varias zonas de Las Heras y Godoy Cruz.

En la ciudad los negocios quedaron sepultados de lodo, los sótanos desaparecieron. Mendoza volvió a ser la de sus comienzos: una ciudad de barro, pero esta vez el barro era destructor. Más de media hora duró la pesadilla.

El resultado fue catastrófico: 19 muertos y millones de pérdidas en bienes (5 mil millones de pesos de aquella época). Fue el primer aluvión mediático, porque los canales 7 y 9 tenían sus instalaciones en el centro y filmaron lo que aconteció.

Aquel domingo 4 de enero de 1970 Mendoza, que siempre estuvo alerta a los castigos de la tierra, fue golpeada brutalmente por el agua.

Nota: El “Flaco” Ernesto Suárez, dando comienzo a las acciones comunitarias del teatro, modalidad que después desparramó por toda América, puso en escena la obra “El aluvión”, basada en este hecho que contamos, e interpretada por las propias víctimas del Barrio Virgen del Valle.

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