Si seguimos, en un viaje imaginario, la esbelta geografía de la “Andinia”, el territorio que abarca la Cordillera de los Andes, desde Ushuaia hasta Colombia, vamos a encontrar, en cualquier latitud, a uno y otro lado de las montañas, instrumentos de percusión y de viento (anatas, quenas, pifilcas, trutrucas, zampoñas, mozeños, rollanos, erke, erkencho y muchos más), menos en Cuyo.

El folklore cuyano no los tiene. La cultura Huarpe, que pobló esta zona antes de la llegada de los conquistadores, no dejó su huella musical. Los pueblos originarios fueron diezmados, avasallados y no quedó registro de sus modos de canto y los instrumentos de los que se valían. Seguramente habrán usado instrumentos de percusión y de viento, pero no sabemos nada de sus cantos y melodías. Con el español llegó la guitarra española, fundamentalmente la andaluza, y se apoderó del territorio de Cuyo. En nuestra tierra manda la guitarra. El folklore cuyano se basa en los arpegios de este instrumento universal. Por eso es que ha dado tantos excelentes guitarristas, tanto en Mendoza, como en San Juan y en San Luis, mencionamos a algunos mendocinos a fuer de pecar por olvido e ingratitud: Tito Francia, Santiago Bertiz, David Caballero, Martín Ochoa, Roberto “El Torta” Mujica, Félix Lacón González, Roberto Sánchez, Alfredo Reynoso (“El Quirquincho”), Germán Zamora, Pancho Navarro, Pepete Bertiz, Daniel Talquenca, Jorge Viñas, y una mujer: Carmen Guzmán.

Cuando algún guitarrista notable de otros lugares se entera de que tiene que tocar en Mendoza, se prepara. Porque sabe que ha de brindar su arte a la tierra que ha dado, y sigue dando, excelentes guitarristas y a la gente, nosotros, que, aunque no nos demos cuenta, estamos acostumbrados a escuchar buenas guitarras.

En las fiestas del campo y del secano de Lavalle se pueden descubrir guitarristas sin nombres ni trascendencia pero con un dominio admirable del instrumento y un gusto especial por acariciarlo. Cuando la tonada termina sus partes de canto y la canción se hace entera de la guitarra, la catarata de notas correctamente armonizadas conmueven el sentir de aquellos que escuchan, entonces sobreviene el grito cuyano, que es una forma de decir: ¡Puta qué lindo es vivir en esta tierra!

Las manos la van tentando
la recorren de ida y vuelta,
andan por su geografía
de mujer y de madera
Quieren darla, repartirla
a todos los que están cerca.
Guitarra, vida que anda
con la canción hecha hembra.

Seis corazones vibrando
con sangre de enredadera.
Sube la vida se sube
y el cielo se le universa.
Entre los cielos de Cuyo
la guitarra nos conversa,
se tensa para ser todos
y se le suelta la lengua.

Guitarra, país de uno
para que habite el que quiera.
Jamás la soberanía
fue de tantos y tan nuestra.
Porque uno escucha y la vida
desde la vida se suelta
y vamos uniendo amores
con un lazo de seis cuerdas.

Guitarra, guitarra, Cuyo,
amor que brota en mi tierra.

El Tito de cuerda fácil
Tiene manos alfareras
Va moldeando las canciones

Con dos caricias abiertas.
El Tito se fue un ratito
A tocarle a las estrellas
Pero ha de volver tonada
Cuando lo llame la tierra.