Emilio Vera Da Souza everadasouza@gmail.com Miercoles, 22 de Mayo de 2019

Mejor hablar de ciertas cosas mejores

Miercoles, 22 de Mayo de 2019
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Miercoles, 22 de Mayo de 2019 |

Es difícil hacer una lista de lo que nos viene mejor. No se cómo le funciona a la mayoría. Yo prefiero hacerlo por descarte. Sacar al costado lo que no. Y luego mirar lo que me queda.  

A veces debo hacerlo dos o tres veces. Allí me queda evidente el resultado.

Otras veces pongo en la lista lo primero que se me viene a la mente. Pero luego me doy cuenta de que hace muchos recuerdos atrás que no incluyo lo mejor de otras épocas. Descarto lo que me sugiere la nostalgia. Genera un autoengaño evidente.

Cuando dejamos que avance esa forma de selección, seguramente olvidamos los detalles que nos hacen pasar las dudas por certezas y los infortunios por alegrías y nada te salva que una confusión tan disimulada.

Me gustan las canciones de los Beatles.

No todas… casi.

While my guitar gently weeps… “los miro a todos y me doy cuenta que el amor está dormido, mientras mi guitarra llora suavemente. Miro al suelo y veo que necesita ser barrido, mientras mi guitarra llora suavemente”, dice George Harrison.

También otra que se llama “Con una pequeña ayuda de mis amigos” pero la versión cantada por Joe Cocker me hace emocionar hasta las lágrimas.

Hay varias más de ese cuarteto y algunas de John Lennon solista. Me gusta “Satisfacción” de los Rolling Stones y “Angie”. Me gusta “Seminare”, y el sonido del bajo de Pedro Aznar en “Mientes”. Me gustaba escuchar discos en la casa del Guli. Noches enteras de insomnio melómano y de iniciación en el buen gusto.

Cada canción marca momentos.

Me gusta el sonido del piano. Algunas guitarras pero más las flamencas. Me gusta algún violín virtuoso como el de Ara Malikian, que me transporta.

Más canciones, más momentos para guardar.

La lista de mejores comidas es difícil también ya que no se puede dejar de lado lo que nos genera el mejor sabor. Me gusta la pasta rellena que hacía mi madre, la Beba, verdura, jamón, queso, gratinada a la crema y con salsa boloñesa y parmesano rallado fino.

El plato preferido de niño: arroz blanco, arvejas, pimientos rojos, con un bife de lomo, una tira de panceta, dos huevos fritos y media banana. Sal y pimienta negra. La sensualidad y el placer.

Las costillas braseadas con papas al horno del Zócalo Da Cuarta con vino Godot cabernet sauvignon.

Las milanesas con perejil y ajo, de la Paula. Los pancitos de la Julia. Las tortillas del Coco Tahan. Los niños envueltos de la Tía Chicha. El estofado de la Pochi. La pizza de Capri, del Pizzaiollo, de Don Evaristo de Marcelo Pérez en el Mercado de Guaymallén.

Todo eso es lo mejor.

El blend Profundo de Walter Bressia, el Tinto inventado por Antonio Morescalchi de Altos Las Hormigas, la bonarda de Colonia Las Liebres, el Pura Sangre de Ángel Mendoza, el cabernet franc de El Enemigo.

Las películas con amigos, las siestas abrigado, las caminatas al amanecer.

Los gatos cuando andan por allí, y cuando se quedan quietos.

Me gustan los niños sin demandas y absorbentes como esponjas.

Me gustan solo algunos perros.

Los whiskys de medianoche.

El gin tonic con Angostura.

Los Negroni en el verano.

El pan recién sacado del horno cocinado con masa madre.

El tuco con pimentón ahumado.

El osso bucco con tútano, el risotto de arroz carnarolli con alcauciles.

Los besos franceses, largos y mojados.

La intensidad de los cuerpos en la penumbra. La confusión de las manos y los cuerpos.

Viajar sin prisa y sin destino.

Ver a mis amigos lejanos.

No ver tanto a mis amigos cercanos.

Saber que los egoístas sobran.

Esperar que los solidarios y los generosos sean activos y poco declamativos.

Y tu boca.

Lo mejor siempre.


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