Emilio Vera Da Souza everadasouza@gmail.com Miercoles, 6 de Febrero de 2019

Como chancho en la baldosa

En este espacio hemos hablado muchas veces sobre las palabras, sobre su uso, sobre su abuso, sobre su destino.

Miercoles, 6 de Febrero de 2019
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Miercoles, 6 de Febrero de 2019 | En este espacio hemos hablado muchas veces sobre las palabras, sobre su uso, sobre su abuso, sobre su destino.

Salvo algunos casos recientes, nadie sabe de dónde salió cada palabra. Y mucho menos quién inventó una palabra… claro que hay excepciones.

A veces, las palabras llaman la atención y pasan a ocupar un lugar protagónico. Pero últimamente, nos llaman la atención algunas frases. Por su uso, por su ambigüedad, por su trascendencia, por los espacios en donde se usan.
Hay frases que decía mi madre, la Beba, o mi tía Pochi, o mi abuela Zulema, pero son escuchadas en familia y no llegan a trascender al “gran público”.
Pero hay algunas frases muy usadas y muy ingeniosas que me dan mucha curiosidad y me gustaría conocer al inventor, al primero que lo usó, para poder felicitarlo.
Lo que me va pareciendo es que es bastante difícil dar con los autores de las mejores expresiones.
Pareciera que la mayoría son de ese tan conocido autor Anónimo, creador de tantas alocuciones trascendentes, que usaremos ahora como ejemplos:
Cuando alguien anda en moto, y cuenta algún percance, grande o pequeño, no falta nunca algún oyente que diga: “en la moto, la carrocería sos vos”.
El tipo que en la tribuna, le grita al jugador que está en la cancha pero como cansado: “pibe correte que están jugando”. Esa es una genialidad.
¿Desde cuándo los errores son garrafales? ¿Qué quiere decir que algo es garrafal. Le tiran con garrafas?
“Sin solución de continuidad” ¿quiere decir que allí termina o que continúa hasta el infinito?
Cuando algo está “muy en boga”, es ¿cómo un pescado? ¿Qué es un boga o una boga? ¿es un apócope de abogado ?
Algunos dicen que “hay que hacerse a la idea” como aceptar lo que pasa y otros piensan “hacerse una idea”, que es imaginarse algo.
Cambiando un poco el ámbito de la idea central con la que iniciamos, nos damos a pensar que hay otro tipo de frases que se usan también en las comunicaciones de los que hablan el idioma castellano o mal llamado español.
Hay frases bifrontes como los números capicúas, que dicen lo mismo leyendo al derecho y del revés: “Ana lleva al oso la avellana”, “Eva usaba rímel y le miraba suave”, “Ana lava lana”,  “Débale arroz a la zorra el abad” es el más conocido.
Otra frase que decía mi papá cuando terminábamos de almorzar era: “Lo poco que uno come es veneno”.
Cuando se junta un pequeño grupo, en general aparecen freses hechas, que algunos usan oportunamente pero la mayoría las usan en cualquier momento, de cualquier manera, para llenar espacios, para hacer un pozo en el silencio. Frases pret a porter.
Sirven para ser usadas en la peluquería, en el ascensor, en la cola cuando se va a pagar la factura vencida… Cuando llueve mucho, o cuando hace calor dicen “tiempo loco, ¿no? “. Cuando llega alguien dicen “quien paga esta cuenta”, “¿este porrón quien lo paga?” o “Pedro, mirá quién llegó…!!!”  
“Me dejó con la boca abierta” cuando dijo una mentira convertida en frase hecha “sobre gustos, no hay nada escrito” porque en la biblioteca San Martín, la mitad de los libros, son sobre gustos.
“Lo tengo en la punta de la lengua…” pero “me costó un ojo de la cara”. Y cuando uno busca un buen final… aparece otro mejor. Pero “siempre que llovió, paró.”
No son dichos, no son citas memorables, no se trata. Hay millones de ideas con ese formato. Son como metáforas, como refranes, que se usan para relleno o para agregar a una página llena pero que le falta un poquito para que esté terminada. Cosas dichas a boca de jarro, a calzón quitado. Cuando no hay mejores ideas.  A falta de pan, buenas son las tortas. Porque cuando uno quiere hacer un buen remate, no se puede ahogar en un vaso de agua, ni esperar que todo llegue al tun tun. Tiene que ser algo que se pueda decir al pie de la letra. Como quien no quiere la cosa. Buen provecho.

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