Carlos Gardel era el artista Latinoamericano más querido en América a mediados de la década del ’30. Una voz poderosa, con tinte arrabalero, engalanó en más de 900 grabaciones de tango y otros estilos como folclore, milongas y rancheras

Las ventas de sus discos eran todo un éxito, Lo mismo pasaba con la venta de entradas para disfrutar de sus películas. Lo más parecido a una estrella pop de nuestros días. “Por una cabeza”, “Caminito”, “Volver”, “Cuesta abajo”, “El día que me quieras” y “Mi Buenos Aires querido” son algunos ejemplos de su éxito.

Su popularidad lo llevó a recorrer distintos puntos del continente con una excelente respuesta por parte del público. También realizó giras por Europa. A fines de marzo de 1935, inició un tour por distintos países como Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Panamá, Cuba y México. El Zorzal no estaba solo: lo acompañaban colaboradores y músicos de primera línea: Alfredo Le Pera, autor de la letra de muchas de sus tangos, más sus guitarristas Guillermo Barbieri (padre de Alfredo Barbieri, uno de los artistas cómicos más importantes del país y abuelo de Carmen, José María Aguilar y Ángel Domingo Riverol.

Su llegada a Colombia fue toda una sensación. Gardel brilló con sus 13 presentaciones por distintas ciudades y actuaciones en distintas radios. También recibió todo el tiempo el cariño y admiración por parte del público.

Su última actuación fue el 23 de junio de 1935, en los estudios de radio de “La voz de la Victor”, en Bogotá, ante un auditorio colmado. Dicen que pusieron parlantes para que la gente que quedó afuera pudiera seguir el esplendido show. En esa oportunidad, “El morocho del Abasto” cautivó con canciones exitosas de su repertorio como “Cuesta abajo”, “El carretero” y “No te engañes corazón”. En la audición, el artista resaltó la amabilidad del público colombiano.

Se apagó la voz, nació la leyenda

La historia cuenta que al día siguiente de la mencionada actuación, Gardel murió en un accidente aéreo en Medellín. Cerca de las 15 hs, el avión trimotor Ford matrícula F-31 de la empresa Servicio Aéreo Colombiano (SACO), desvió su rumbo en el despegue y chocó contra otra aeronave que pertenecía a la empresa Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos (Scadta) que esperaba su turno de partida.

En total fueron 17 las víctimas fatales. Junto a Carlos Gardel estaban Guillermo Barbieri, Alfredo Le Pera, José Corpas Moreno, Alfonso Azzaf, Angel Domingo Riverol, Ernesto Samper Mendoza, el radio operador Willis Foster, Celedonio Palacios (empresario chileno) y Henry Swartz (promotor de espectáculos). Assaf y Riverol fueron atendidos pero murieron días después. Al accidente sobrevivieron su guitarrista José María Aguilar, su secretario e intérprete de inglés, el catalán José Plaja, y un jefe de tráfico de la empresa Saco, Grant Flynn.

Estas dos empresas de aviación (Servicio Aéreo Colombiano y la Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos) competían de manera fuerte en lo económico y también por su independencia de los grandes poderes. Según describió el periodista Víctor Sueiro, en su libro “Crónica Loca”, el vuelo tenía que partir la misma noche del 23 desde Bogotá a Cali. En aquellos días las normas de vuelo no eran tan estrictas. Un hombre de la empresa SACO aconsejó partir esa misma noche ya que las condiciones eran mejores para cruzar las montañas andinas sin problemas ya que no habría niebla y si a la mañana siguiente.

Alguien sugirió jugar un partido de póquer y varios se prendieron. La mesa se puso caliente y jugaron mucho más allá de la hora prevista. El avión debía partir, pero no lo hizo. Cambio de planes. Se postergó para la mañana siguiente.

La suerte no jugó a favor; las condiciones no eran las mejores. La suerte -aparentemente- no estaba de su lado: había niebla y vientos rebeldes. Solo pudieron cargar los tanques del avión trimotor hasta la mitad y tuvieron que hacer una parada de abastecimiento en Medellín. Samper Mendoza, el piloto de la aeronave era reconocido como uno de los mejores del continente.

Los pasajeros bajaron a tomar un café en la barra del aeropuerto. Algunos seguían cansados de la noche de juegos de cartas. A las 14.45, el avión probó los motores antes de comenzar el carreteo. A los pocos minutos, emprendió su camino pero se topó en un confuso episodio con otra aeronave llamada “Manizales” piloteada por Hans Ulrich Thom y Wilhan Furts.

Entre ambos pilotos había una rivalidad. Días antes se habían encontraron en el aeropuerto de Techo, en Bogotá, y había nacido un desafío para saber quién era el mejor. Había una pelea comercial e ideológica entre ellos.

Un retrato del cantante

Al hacerle la autopsia al piloto colombiano Mendoza, se descubrió que había recibido un balazo en la cabeza y que el orificio de entrada estaba debajo de su mandíbula, en el maxilar inferior. Los pasajeros no estaban armados y los sobrevivientes declararon que no hubo una pelea en el momento del despegue. Hay leyendas que hablan sobre una pelea entre los músicos.

Según el escritor colombiano Mario Sarmiento Vargas, autor de “La verdad sobre la muerte de Carlos Gardel” (1945), que publicó el sitio Todotango, el cuerpo del piloto Furts había sido encontrado con una pistola en su mano y un cartucho quemado muy cerca, suponiéndose que se habría suicidado ante la inminencia del desastre. “El cráneo aunque completamente quemado dejaba ver el orificio donde había penetrado la bala; es decir que ante el inminente e inevitable peligro de morir prefirió suicidarse”. En cambio José María Aguilar, uno de los tres sobrevivientes de las llamas, no fue muy preciso en sus dichos. En una oportunidad destacó que la tragedia fue por una vieja disputa entre los dos pilotos.

Isabel del Valle, en el libro “Ser Gardel”, contó que en una oportunidad Aguilar le dio otra versión: una pelea entre Gardel y Lepera. Este último le pidió que cantara en un estadio al aire libre y sin sonido. Como el público no escuchaba bien se quejó y esto molesto al artista. Hubo una discusión en el avión; el letrista sacó un arma y le disparó, pero terminó impactando el piloto que perdió el control.

El experto colombiano Terencio Spaini, que escribió sobre el tema en la década del ’40, sostuvo que el copiloto del Manizales le habría disparado a la otra aeronave al ver que se le venía encima. La bala habría impactado en el avión, atravesando el fuselaje e impactando en la cabeza de Mendoza. Por esta razón el F-31 habría caído bruscamente en plena maniobra del ascenso.

Según el acta firmada por los doctores, El Zorzal fue encontrado boca abajo y pisado por las válvulas de uno de los motores. Tenía una cadena con una chapita que tenía escrito: “Carlos Gardel, Juan Jaures 735 Buenos Aires”. A su lado se encontraron quemadas en los bordes las partituras originales de “Cuesta abajo”.


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