Cuando el jueves pasado finalizó el partido que Chelsea le ganó 2-1 al Manchester City, los hinchas del Liverpool suspiraron y salieron inmediatamente a festejar porque había terminado una increíble racha de treinta años sin ganar un torneo de liga inglesa, a tal punto que con todo su enorme palmarés, es la primera vez que se lleva una Premier League, porque nunca lo consiguió desde que se juega con el nuevo formato, desde la temporada 1992/93.

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires.
Especial para Jornada

Muchísimas cosas pasaron desde que aquel Liverpool ganara la liga inglesa en 1989/1990. De hecho, el club había sido protagonista de dos hechos luctuosos que justamente incidieron profundamente en el cambio de formato de los torneos locales: en 1985, sus hinchas formaron parte de los nefastos hechos de Heysel, antes de la final de la Copa de Campeones de Europa ante la Juventus, cuando muchísimos tifosi italianos murieron aplastados, y por si esto no fuera poco, volvió a estar en la picota cuando en 1989 se produjo la avalancha de Hillsborrough que dio lugar a 95 fallecidos. Todo esto generó sanciones contra el club, y contra el fútbol inglés en general, por parte de la Unión Europea de Fútbol (UEFA), que suspendió a los clubes de este país para participar por años de los certámenes continentales y obligó a un replanteo general que llegó a las máximas esferas y hasta la propia premier Margaret Thatcher aprovechó para usar políticamente la situación para mostrar su dominio sobre los violentos hooligans.

Para su último título inglés, en 1989/90, el Liverpool ya formaba parte de la élite europea con sus cuatro Copas de campeones y sus 18 títulos locales, pero en las tres décadas siguientes tuvo que observar cómo sus rivales se le fueron acercando. Si el Manchester United, su gran oponente en Inglaterra, contaba con una Copa de Campeones y 7 ligas, en estos treinta años pasó a un palmarés de 20 ligas y 3 Copas de Europa, pero no sólo los “Diablos Rojos” accedieron a muchos más títulos, sino que el Chelsea y el Manchester City ganaron 5 ligas en ese lapso, el Arsenal 3, y hasta el Leeds, el Leicester y el Blackburn Rovers obtuvieron campeonatos.

Es cierto que en esos mismos treinta años, al Liverpool no le fue tan mal en otros planos, porque pudo llevarse dos Copas de Campeones (2005 y 2019), tres Supercopas de la UEFA, una Europa League, cuatro Copas de la Liga, tres Copas de Inglaterra, tres Supercopas inglesas (Community Shields) y un Mundial de Clubes, pero siempre faltaba la Premier League, que más de una vez arañó pero que terminaba siempre en manos de otros equipos.

En esos treinta años, el Liverpool vio pasar jugadores de enorme categoría o que dejaron una marca, como John Barnes y Peter Beardsley (que enfrentaron a la selección argentina en el recordado partido del Mundial de México en 1986), un gran goleador como Ian Rush, Steve MacManaman y Michael Owen, que luego fueron transferidos al Real Madrid, el israelí Iosi Benayun, el imprevisible delantero Robbie Fowler (que llegó a desviar a propósito un penal al considerar que no debió cobrarse), un gran volante como Paul Ince, el notable capitán Steven Gerrard, el arquero polaco Jerzy Dudek, héroe de los penales en la gloriosa remontada de la final de la Champions de Estambul ante el Milan (de 0-3 a 3-3), los aportes del atacante holandés Dirk Kuyt y del volante brasileño Lucas Leiva, o los despliegues de laterales como Glen Johnson o el noruego Jon Arne Riise, o aquel “Spanish Liverpool” con el aporte de Pepe Reina, Xabi Alonso, Luis García, Josemi, Fernando Morientes y luego, Álvaro Arbeloa y Fernando Torres, y en los últimos años, la excelente aportación de un goleador como el uruguayo Luis Suárez y el talento del brasileño Philippe Coutinho, ambos luego transferidos al Barcelona.

En esos mismos treinta años, en los que pasaron algunos grandes entrenadores como el francés Gerard Houiller, el español Rafa Benítez, los ingleses Roy Hodgson y Brendan Rodgers, además de uno de los más grandes ídolos de la historia del club, el escocés Kenny Dalglish, y también varios argentinos vistieron su camiseta, desde Javier Mascherano y Maximilano Rodríguez hasta Emiliano Insúa, Sebastián Leto, Mauricio Pellegrino (luego, ayudante de Rafa Benítez) y Gabriel Paletta.

Si algo hizo bien el Liverpool en estos años, fue contratar en 2015 como entrenador al alemán Jürgen Klopp, quien había revolucionado al Borussia Dortmund, aunque en la ciudad de “The Beatles” se transformó en uno de los mejores del mundo. En 2015/16 estuvo cerca de ganarle la final de la Europa League al Sevilla, en 2017/18 perdió aquella increíble final de la Champions ante el Real Madrid, en Kiev, con dos graves errores de su arquero alemán Loris Karius, y ya al año siguiente, en Madrid, se coronó por fin en Europa al vencer 2-0 al Tottenham de Mauricio Pellegrino. Tres finales europeas en cuatro temporadas, en las que ganó una Champions, una Supercopa de Europa, un Mundial de Clubes y ahora, la Premier League.

Pero no sólo ganó la Premier League, sino que arrasó con todo. Le lleva 23 puntos al Manchester City de Josep Guardiola a falta de 21 en disputa, y como acumuló 86 unidades, podría llegar a 107, una cifra escalofriante, además de ser la primera vez que un equipo gana la liga inglesa siete fechas antes del final, y aún así, los hinchas “red” tuvieron que soportar más de tres meses con el campeonato congelado por la pandemia y hasta rumores de que podía suspenderse y quedar sin un ganador.

Klopp, un DT que podría decirse que simboliza el “rock pesado” del fútbol, por la impresionante dinámica que le imprime al equipo y por la dura presión que ejerce en campo rival, donde se planta durante casi todo el partido asfixiando al oponente, ha logrado una máquina casi perfecta, que suele quedarse con altas posesiones de pelota, y que no perdona cuando la recupera, con sus tres notables delanteros: el talentoso senegalés Sadio mané, el egipcio Mohamed Salah (venerado por los hinchas) y el brasileño Roberto Firmino, aunque sus dos laterales (Tren-Alexander Arnoldt y Andrew Robertson) se transforman casi en dos atacantes más.

Con el correr de las temporadas, Klopp fue perfeccionando un equipo que encontró en el excepcional holandés Virgil Van Dijk, de enorme porte y muy buena técnica y presencia, al mejor defensor del mundo. Jugaba en el Southampton y el DT alemán dijo “quiero fichar a ese jugador y si no, seguimos como estamos” y el acierto fue total, mientras que a diferencia de equipos como el Manchester City, el mediocampo, por lo general con el veterano Jordan Henderson, el brasileño Fabinho y el holandés Georginio Wijnaldum, es apenas un lugar de paso, una transición, para retroceder a marcar en una altísima presión, muy lejos de su arquero, el firme brasileño Alisson Becker, o para sumarse al ataque dentro de un partido que mayormente se juega en campo rival, lo que genera que además, aunque parezca que todos corren mucho, lo están haciendo en poco más de media cancha en gran parte del tiempo.

El gran tema es saberse parar en la cancha, presionar desde todos lados, y tener en claro qué hacer una vez recuperada la pelota. Y en este sentido, ayudan hasta los que juegan menos, como el arquero español Adrián, que rindió cuando tuvo que ingresar, los defensores Dejan Lovren (croata) y Joel Matip (Alemania), luego de que Joe Gómez recuperara el puesto tras una larga lesión. Y lo mismo ocurre con volantes como Naby Keita (Guinea), el veterano James Milner, Adam Lallana o Alex Oxlade-Chamberlain, y arriba con el belga Divock Origi, y hasta con el postergado pero talentoso suizo Xherdan Shaquiri o con el japonés Takumi Minamino, que ya parece adaptado al sistema.

No hubo mejor manera de terminar con la larga noche sin títulos de Liga, para el Liverpool, que jugando de esta manera, que lo lleva a ser considerado para muchos, hoy, como el mejor equipo del mundo.

Con peñas y fanáticos en todo el mundo, que entonan con fervor su himno “You’ll never walk alone” (nunca caminarás solo), ahora los hinchas del Liverpool deberán agregar, desde el próximo partido de liga, el “We are the Champions” (nosotros somos los campeones), de Queen.  La mala racha de tres décadas sin un título inglés, y los memes con cargadas de sus rivales, llegaron a su fin.

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