Por Sergio Levinsky


 
Pasado el fin de semana largo, es posible que  el fútbol argentino entre en una definición sobre su gobierno para los próximos años, cuando la Inspección General de Justicia, seguramente, tome la decisión final sobre si la pasada reelección de Claudio “Chiqui” Tapia, como presidente de la AFA hasta 2025, es reglamentaria o no tras una impugnación hecha por representantes de Nueva Chicago y San Martín de Tucumán a la Asamblea que tomó la decisión por zoom


Esta asamblea virtual se llevó a cabo, con cierta sorpresa, el 19 de mayo pasado, cuando Tapia recién cumplía los cuatro años de su mandato recién el 29 de marzo pasado, por lo que diez meses antes de su finalización –nunca se justificó semejante apuro- fue votado por “aclamación” para un nuevo período de cuatro años (2021-2025).

Eran otros tiempos: la cuarentena recién comenzaba en la Argentina –de hecho, habían transcurrido apenas nueve días desde su inicio oficial- y el fútbol local recién se estaba suspendiendo al cancelarse de manera muy irregular, y al estilo que caracterizó hasta ahora el gobierno de Tapia, es decir, jugada una sola fecha de la Copa de la Superliga, que ya no volvería a desarrollarse, y en la que, por ejemplo, River Plate decidió no abrir sus puertas para enfrentar a Atlético Tucumán “por una cuestión de protección”, pero nunca recibió ninguna sanción por ello.


En ese contexto, Tapia estaba en su salsa. Por un lado, parecía leer bien el cambio de época: ya no se podía aislar del poder político. Muerto Julio Grondona, a quien parece pretender emular (aunque sin sus recursos), se acabaron aquellos tiempos en los que se elevó un muro ante la política general del país porque la institucionalidad del Sillón de Viamonte se debilitó desde julio de 2014, y entonces, al suspender los torneos, se acoplaba al nuevo gobierno nacional de Alberto Fernández, que era de la misma idea.


Esta columna destacó en su momento por qué Tapia fue votado a mano alzada y sin mucho problema: Casi todos los clubes grandes entraban en la Copa Libertadores 2021 y los que no, estaban en una lista de espera que les daba una segunda chance (que finalmente se concretó), y al abrirse más cupos, hasta el que quedaba rezagado consiguió su lugarcito en la Copa Sudamericana, mientras que al suspenderse los descensos, se beneficiaban a su vez todos los que peleaban por quedarse en Primera. Si sumamos que la mayoría de los clubes del Nacional B ya casi eliminados tuvieron una oportunidad más para ascender, ante la aberrante decisión de seguir jugando lo que en Primera A no ocurrió, todo el pescado parecía vendido.

Pero quedaba algo más: el apoyo de las Ligas Federales de la mano de uno de sus principales aliados y quien es el poder en las sombras en el gobierno de Tapia, Pablo Toviggino, secretario ejecutivo de la AFA y tesorero, quien consiguió los votos provinciales como Hombre Fuerte del Consejo Federal (223 ligas, 3500 clubes), aunque éste tenga poca voz y voto en una estructura ultra unitaria como es la del máximo organismo del fútbol nacional.


Toviggino, el único dirigente no borrado por la conducción de Tapia que formó parte de la intervención anterior a 2017 por parte de FIFA y Conmebol y que presidió Armando Pérez, representa a la Liga Santiagueña de fútbol a partir de haber sido vicepresidente del modesto Comercio Central Unidos de esa provincia y de allí saltó al poder, del que no parece querer irse.


Claro que muchas cosas pasaron desde entonces porque el poder del fútbol es muy dinámico. Por un lado, Toviggino olfateó el creciente descontento hacia Tapia, no sólo de San Martín de Tucumán, uno de los dos grandes perjudicados al no suspenderse en forma definitiva el Nacional B para favorecer a los amigos del Poder Político como Tigre (cercano al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa) o Defensores de Belgrano (que mantiene una vicepresidencia de la AFA desde el puntero K de Buenos Aires Marcelo Achille) –el otro es Atlanta, que poco y nada hizo porque uno de sus dirigentes fue cooptado como veedor de la Conmebol para partidos de torneos internacionales cobrando suculentos viáticos en moneda extranjera-.


También Boca y River se fueron apartando de Tapia especialmente desde que al presidente de la AFA se le ocurrió –luego tuvo que recular- no renovar el contrato televisivo con el emporio Disney con la excusa de que no avisaron a la AFA de la fusión entre ESPN y Fox Sports (a nombre de la primera) cuando en verdad, todavía no fue aprobada por la entidad estatal de comunicaciones que, a su vez, cajonea la causa para poder utilizarla políticamente y ya consiguió televisar un par de partidos por fin de semana desde el Canal Público.

 Pablo Toviggino (izquierda), secretario ejecutivo de la presidencia de la AFA, Chiqui Tapia y “Daniel Ferreiro (derecha) ex aliado y ahora enemigo de Tapia”.


No está de más recordar que Tapia llegó al poder en 2017 en otro contexto: sumó a Toviggino por las ligas provinciales (que es más voz que voto), y en aquel tiempo fue fundamental su aliado Daniel Ferreiro (Nueva Chicago) para los sufragios de lo que se dio en llamar “Ascenso Unido”, y se agregaba la pata de su ex suegro, el poderoso dirigente sindical y presidente de Independiente, Hugo Moyano, y al final le llegó la bendición del gobierno de Mauricio Macri desde su delegado en el fútbol, el presidente de Boca, Daniel Angelici.


Como se describió, Boca cambió de manos en diciembre de 2019 y su nuevo presidente, Jorge Amor Ameal, cambió de idea, San Martín de Tucumán llevó su caso de pérdida del ascenso directo a la Primera A, al máximo tribunal deportivo en Suiza, el TAS (que falló a favor de la AFA) y lo que es peor, Ferreiro se alejó del gobierno de Viamonte por claras diferencias políticas.


Por si faltaba poco, tampoco el gobierno nacional de Alberto Fernández comenzó a ver con buenos ojos a la gestión de Tapia, al punto de que el primer mandatario argentino evitó por todos los modos posibles su foto con el ocupante provisional del Sillón de Viamonte en el estreno del insólito estadio de Santiago del Estero (¿casualidad que se haya construido en una provincia con tan alto índice de pobreza y cuyo palco de autoridades parece el de un jeque árabe?), sede (postergada por la pandemia) del partido entre las selecciones de Argentina y Uruguay por la clasificación al Mundial de Qatar 2022 y hasta de otros por la Copa América de junio próximo.


Fernández pudo haber sido influido por el entrenador de River, Marcelo Gallardo, a quien citó para consultarle cuando llegó la cuarentena, también por su amigo Luis Segura, ex dirigente de Argentinos Juniors (el club de sus amores) y protagonista de aquel lamentable 38-38 de 2015, y hasta por su actual ministro de Deportes y Turismo, y ex presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, pero es claro que no quiere a Tapia.
Y todos estos puntos convergieron en que Nueva Chicago y San Martín de Tucumán objetaran aquella Asamblea que votó la continuidad de Tapia en el poder por otros cuatro años, ante la IGJ, en o que no parece casualidad por ningún lado y más bien parece contar con la anuencia del Gobierno.


La IGJ, como se esperaba, le acaba de dar vista a la AFA para que haga su descargo en unos pocos días hábiles (se aduce que no se especificó en la convocatoria a la Asamblea la forma de comunicación de los dirigentes de los clubes, que los delegados no dejaron constancia de haber recibido la convocatoria, tal como lo exige la resolución de la entidad estatal para el caso de reuniones en pandemia, y que en el acta de la asamblea no se detallan los miembros ausentes, requisito del artículo 42 del Reglamento General de la AFA, y tampoco hay ninguna mención al cumplimiento del Código Electoral de la AFA, como lo indica el artículo 28 del Estatuto).


Una vez que la AFA haga su descargo (debería ser en esta semana) llegará el momento de la verdad, cuando la IGJ tenga que decidir entre aceptar el argumento, o anular esas elecciones y llamar inmediatamente a otras, porque el período de cuatro años de Tapía ya terminó el 29 de marzo y entonces, en ese caso, estaría ocupando un sillón que no le correspondería.


En este último caso, habrá que ver qué ocurre hasta el llamado a elecciones, si la AFA será intervenida brevemente, si habrá un gobierno de transición, y quiénes serán los nuevos candidatos (¿se animará Tapia a un nuevo intento?, ¿Insistirá Marcelo Tinelli, ahora cercano a Alberto Fernández? ¿Achille, cercano a las estructuras del poder nacional?).


La pelota ya está en movimiento y todos los actores están atentos. En los próximos días, el fútbol argentino se juega parte de su destino próximo.