Editorial

Cuando el 11 de enero pasado saltó la noticia del primer muerto como consecuencia de un misterioso virus detectado unas semanas antes en la ciudad china de Wuhan, ni el más lúcido de los visionarios habría podido adivinar lo que se avecinaba. Nadie imaginó que, detrás de aquel hombre de 61 años, se acumularían más de 1.000.000 cadáveres por la covid-19 y que lo excepcional —la vida con mascarilla y sin besos, el teletrabajo, la hipótesis de encerrarse de nuevo en casa, el miedo a un mal que a finales de 2019 ni tenía nombre— se convierte en rutina.

Nueve meses después, según el recuento que realiza la universidad estadounidense Johns Hopkins, el mundo que cruzó el umbral del millón de muertos (1.044.296) mucho mejor armado que entonces para atenuar el impacto letal de la enfermedad y con avances para la obtención de la vacuna. Sin embargo, el número de infectados desde que estalló la pandemia supera los 35 millones. Y países que creían haber controlado más o menos la epidemia y reducido a un mínimo las muertes afrontan el temor a una segunda ola que sature de nuevo los hospitales y aboque a otro confinamiento de la población después del invierno pasado.

Pero un dato gravísimo se conoció en las últimas horas: El Banco Mundial (BM) degradó sus perspectivas sobre el efecto de la pandemia y advirtió que hasta 115 millones de personas pueden caer en la pobreza extrema en 2020 por la crisis inducida por el covid-19.

Para el BM la pobreza extrema -definida como quienes viven con menos de 1.9 dólares al día- puede aumentar en un rango de entre 88 millones y hasta 115 millones de personas en el mundo, si se confirma el pronóstico más negativo.

Se prevé que en 2020 la pobreza extrema mundial aumentará por primera vez en más de 20 años como resultado de las perturbaciones ocasionadas por la pandemia de covid-19″, advirtieron los economistas del Banco.

Las previsiones del organismo con sede en Washington han ido empeorando a medida que avanza la pandemia y que se extiende su duración. Desde su detección en China en diciembre, el nuevo coronavirus ha dejado atrás el millón de muertos en el mundo y ha golpeado duramente a la economía global.

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El Banco Mundial estima que la economía va a contraerse un 5.2% en 2020, la mayor caída del PIB en 80 años.

La pobreza extrema “probablemente afecte a entre un 9.1% y un 9.4% de la población mundial en 2020”, adelantó el Banco.

El presidente del Banco Mundial, David Malpass, indicó además que “las evidencias preliminares indican que la crisis va a aumentar las inequidades en el mundo”.

En la perspectiva más adversa, en Latinoamérica, en nuestra región, donde viven más de 650 millones de personas, la tasa de pobreza extrema pasaría de 3.9% en 2017 a 4.4% a final de este año y alcanzaría a un total 28.6 millones de personas.

Como paradoja, la pandemia de COVID-19 no ha frenado el aumento de las grandes fortunas, que a finales de julio sumaron una cifra récord de 10,2 billones de dólares, con un crecimiento especialmente rápido en los sectores tecnológico y sanitario, destaca un estudio empresarial hecho público ayer. El informe, elaborado por el banco suizo UBS y la consultora británica PricewaterhouseCoopers, indica que, en 2018, 2019 y los primeros siete meses de 2020 la riqueza total de las fortunas superiores a los mil millones de dólares creció un 19,1%.

La inequidad siempre excistió pero ahora más con la pandemia. Esperemos que la vacuna llegue y sea equitativa como dijo el Papa Francisco: “La vacuna es patrimonio de la humanidad, es universal porque la salud de nuestros pueblos, como la pandemia nos enseña, es patrimonio común, pertenece al bien común y ese debe ser el criterio”, dijo el Sumo Pontífice, y agregó: “La vacuna no puede ser propiedad del país del laboratorio que la encontró o de un grupo de países que se alían para esto”.