Mucho se ha dicho y escrito sobre el estallido social, económico y político denominado “Cordobazo”, en mayo de 1969 durante el gobierno de facto ejercido por el dictador Juan Carlos Ongania tras el derrocamiento del gobierno constitucional del presidente Arturo Illia y que se caracterizó a sí mismo como “Revolución Argentina”

Por Diego Alberto Barovero, Especial para Jornada

Los especialistas Fabián Bosoer y Santiago Senén González nos ayudan a comprender la influencia del Cordobazo en el proceso posterior que se inicia desde entonces en la Argentina, inmersa en una fuerte cultura contestataria en la que se hizo habitual y común la toma de la calle y en la mayoría de los casos con ejercicio de la violencia. Sobre todo en los años ‘70 del siglo XX se fortaleció  una tendencia denominada “clasista” en el movimiento que obrero que tiene precisamente en Córdoba su eje y su expresión más avanzada.

Con sindicatos autónomos Sitrac y Sitram, y dirigentes importantes que lideran el proceso aunque desde sindicatos tradicionales en algunos casos, José Salamanca, Elpidio Torres, Atilio López y Agustín Tosco, fundamentalmente, sobre el cual se desarrollará una verdadera leyenda política.

Descendiente de una familia campesina de piamonteses, Agustín “El Gringo” Tosco nació en Coronel Moldes , Río Cuarto, el 22 de mayo de 1930.

Trabajador de la empresa de energía provincial EPEC, es electo delegado en 1952 en el Sindicato de Luz y Fuerza. En adelante, ganó las elecciones  para la conducción del gremio en la provincia y en 1954 se integró al secretariado nacional de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza (Fatlyf), siendo relevado de su cargo por la intervención militar.

En 1972, estando aún preso del gobierno militar, fue nuevamente elegido dirigente del gremio y secretario adjunto de la delegación regional. En 1973, en vísperas de la tercera elección de Perón, el PRT –brazo político del ERP– le ofrecería impulsar su candidatura a presidente de la Nación, aunque Tosco declinó  el ofrecimiento. No optó tampoco por la vía de la lucha armada. En 1974 pasó a la clandestinidad, al ser intervenido el Sindicato de Luz y Fuerza. Sufría una enfermedad –encefalitis bacteriana– pero fue imposible que lo internaran en los hospitales locales, ya que era perseguido por la Triple A, cuerpo parapolicial de extrema derecha bajo la órbita del ministro López Rega. Por ello, lo trasladaron a Buenos Aires de incógnito en una ambulancia. Murió el 4  de noviembre de 1975.

Una verdadera odisea constituyó el traslado de su cuerpo sin vida en automóvil en una operación cuya  logística fue coordinada por un viejo cuadro el PC Jorge Bergstein según recuerda  Santiago Senén González, hasta la provincia de Córdoba donde sus restos serían velados y sepultados en el cementerio local adonde concurrieron más de veinte mil personas.

Una curiosidad digna de destacar es que el expresidente Arturo Umberto Illia se hizo presente y fue orador en el sepelio del extinto dirigente obrero. En este aspecto conviene señalar que existía un antiguo vínculo entre ambos, consolidado y fortalecido en el respeto recíproco.

De hecho Illia siendo presidente en ejercicio en 1964 invitó a Tosco a acompañarlo en el palco oficial durante la inauguración de una central eléctrica en “La Docta”. Por otra parte Tosco jamás apoyó a los dirigentes de la llamada “burocracia sindical” que conspiró abiertamente contra la estabilidad del gobierno constitucional de aquel entonces. Ni tuvo complacencia con los dictadores militares que lo derrocaron. Con respecto al “Cordobazo” Tosco señaló categóricamente que el mismo no fue obra de la espontaneidad ni de la improvisación como alguna vez se pretendió insinuar para restarle dimensión histórica. La movilización obrera, estudiantil y política fue multitudinaria y organizada donde cumplió un rol importante buena parte de la dirigencia juvenil radical, al punto que su primer víctima fue el dirigente Máximo Mena. “El Cordobazo” le valió a Tosco la cárcel en el presidio en el Penal de Rawson, escenario de la mítica fuga de los dirigentes de las organizaciones armadas también allí detenidos. “El Gringo” invitado a evadirse sin embargo se negó aludiendo que se encontraba ilegalmente detenido a disposición del PEN y no estaba formalmente imputado de ningún delito, su defensa era ejercida  por Hipólito Solari Yrigoyen y apostaba por obtener su libertad en forma legal y por medios pacíficos.

Sobre el vínculo entre Illia y Tosco, que con los años se fue consolidando, contamos con el testimonio insobornable de Hipólito Solari Yrigoyen: “Cuando Agustín Tosco estuvo preso por disposición militar y yo ejercí su defensa, fui intermediario en la comunicación epistolar entre ambos ya que no se autorizó que Illia lo visitase en la cárcel de Rawson, como era su propósito”. (“Arturo Illia. Obra de gobierno. Testimonios y documentos”. Selección y recopilación Edit Rosalia Gallo. Cámara de Diputados de la Nación. 2016).

Para ejemplificar  la claridad democrática conceptual de Tosco, una de sus cartas desde la cárcel  a Illia dice textual: “O defendemos el estado de derecho o aceptamos el estado de hecho…que pretende transformar al ciudadano en súbdito”.


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