Por Emilio Vera Da Souza, especial para Diario Jornada

Ricardo Cavallo conocido ex marino, condenado a prisión perpetua por delitos aberrantes y de lesa humanidad en la Esma, había recibido una condecoración en Francia en el año 1985, gracias a sus contactos luego de tres años como agregado naval en la embajada argentina en París. Allí tenían una importante sede los marinos del que fuera Almirante y uno de los miembros de la junta de gobierno del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, Emilio Eduardo Massera. La banda de asesinos y torturadores de la Esma era una de las organizaciones ilegales más cruel de la dictadura. Allí hacía sus tareas Ricardo Miguel Cavallo desde el final de la última dictadura cívico militar, que recibió su traslado a Francia, donde se lo “premió” con un puesto diplomático en ese país “en reconocimiento a los servicios prestados”. Y para protegerlo en su impunidad.

En Mendoza comenzó a gestarse la matriz del formato de empresas y las maneras de moverse que luego llevaron a otros lugares de América Latina, siempre con una red intrincada pero no invisible. Los engranajes se movían con relaciones políticas, empresariales, infracción a las leyes, vínculos con miembros de los grupos de tareas, servicios de inteligencia dedicados a hacer mover los dineros obtenidos por medio de la desaparición forzada, los secuestros de todo tipo y los homicidios directos, y las relaciones tejidas con los nuevos ocupantes de lugares de poder. Eso hacía Ricardo Miguel Cavallo en Mendoza

En la pagina 292 del libro “Ricardo Cavallo, Genocidio y corrupción en América Latina” de José Vales, Ed Norma, plantea cómo llega Cavallo a Mendoza: por medio de las pruebas piloto para la informatización del Banco Nación con la empresa IBM. “Allí fueron los primeros subcontratos con el Estado a través de empresas fantasmas, y las primeras coimas”. 

José Vales, periodista

Uno de los casos más complejos, realizado para que los marinos obtuvieran dineros, que ellos llamaban “botín de guerra” fue el despojo de los bienes de las familias Cerutti, Gómez y Palma, conocido como “Caso WillRi”.  Los detalles de ese historia del despojo de los bienes de esas familias, pueden encontrarse en el libro “Casita Robada” de la periodista y escritora mendocina María Josefina Cerutti. 

Mendoza como el lanzamiento internacional

El marino, que no ocultaba su historia, trajo a Mendoza su experiencia de trabajo en la provincia de Buenos Aires, las licencias de conducir en el municipio del Tigre y la Policía Federal, y comenzó a diseñar la matriz que exportarían a varios países del Cono Sur, América Central y Norteamérica. 

Necesitaba un socio local de peso y contactos para que su imagen empresarial fuera incuestionable. Fue en año 1994, y el socio local fue una empresa fuerte y muy próspera y visible: Diario Los Andes. En esos días el diario centenario estaba a cargo de accionistas locales de mayoría familiar. La vinculación de negocios fue por medio de una empresa asociada al diario que ya tenía formada desde 1992 que serviría para varias actividades. Esa empresa que se encargó de realizar la privatizada Fiesta de la Vendimia, se llamó Shehuen S.A. a cargo de Luis María “Milli” Casero.  

Por medio de contactos desde el gobierno nacional, llegaron a la provincia de Mendoza y plantearon hacerse cargo del sistema de emisión de las licencias de conducir provinciales. José Vales, periodista, corresponsal en Argentina de medios de México y Colombia. Premio “Ortega y Gasset” de periodismo por su libro/investigación, dice a partir de la página 294:”Era el gobierno de Rodolfo Gabrielli, pero lo que dicen las fuentes es que había operado la Secretaría General de la Presidencia. Había una interna en el menemismo. 

Así llegan a La Rioja, también a Tierra del Fuego, estaban peleando otra en Jujuy, en Córdoba no les salió porque apareció una empresa española. Quisieron hacerlo en San Luis y tampoco cerró el negocio. Y ya con Ricardo Cavallo preso intentaron reciclarse con otra empresa, Marielplatz, en Comodoro Rivadavia. Pero el periódico Crónica de Comodoro hizo una investigación en Mendoza y del Renave mexicano y les arruinó el negocio”.Vales dice que el ex marino Ricardo Cavallo, múltiple acusado por crímenes durante la última dictadura, entró a Mendoza “como Pancho por su casa”. Montó un gran negocio. Intercambió sonrisas con políticos y empresarios, algunos de ellos vinculados a los medios de comunicación. Hizo dinero. Él mismo le abrió otras puertas a ex represores que hasta tenían despacho en la Casa Rosada en los tiempos de Carlos Menem, como Jorge Rádice. Hasta que fue descubierto.

Hace tres días se conoció que el gobierno de Francia ordenó retirar la Orden Nacional del Mérito de ese país al ex marino Ricardo Cavallo, condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad. La condecoración había recibido por ser un facilitador de negocios para empresarios franceses en su tarea como agregado naval en la embajada argentina.  

El reclamo para que le fuera retirada esa condecoración honorífica lo impulsaron sobrevivientes del centro clandestino que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada. Posteriormente ese pedido se oficializó y lo formalizó personalmente Alberto Fernández durante su visita oficial de febrero. El canciller Felipe Solá apenas se conoció la novedad, difundió un mensaje protocolar de agradecimiento al presidente Emmanuel Macron y destacó el “compromiso” de “seguir construyendo memoria, verdad y justicia”. “Le devolvimos la centralidad a los derechos humanos”, dijo sobre este importante hecho la ministra de Justicia, Marcela Losardo.

Como sobrevivientes del horror, exigimos saber si este vergonzoso reconocimiento sigue vigente y de ser así solicitamos al gobierno francés el inmediato retiro para saldar definitivamente este oscuro episodio en la relación entre nuestros países”, reclamó en enero pasado un grupo de sobrevivientes. “Quienes sufrimos en nuestro propio cuerpo su perversión, violencia y cinismo no podemos evitar el asombro al enterarnos de la distinción otorgada a semejante criminal”, destacaron. El comunicado lo firmaron sobrevivientes de la Esma: Víctor Basterra, Miriam Lewin y Lila Pastoriza, entre otros, además de testigos y querellantes.

El 5 de febrero, durante una visita oficial a Francia, donde el presidente y parte del gabinete se reunieron con dirigentes de organismos radicados en Italia, la ministra Losardo tomó el reclamo y formalizó ante su par francesa Nicole Belloubet una solicitud de “remoción” de la distinción. Luego informó que la funcionaria francesa se comprometió a elevar el planteo a Macron. El canciller Felipe Solá, por su parte, le transmitió el pedido a su colega francés Jean-Yves Le Drian y se comprometió a seguir el tema para cerrar un episodio que “contradice la tradición de valores democráticos y respeto a los derechos humanos”.

El decreto que finalmente firmaron Macron y su primer ministro Edouard Philippe recuerda que ya en 2009, un año después de que España extraditara a Cavallo para ser juzgado en la Argentina, el tema de la condecoración estaba en la agenda de la burocracia estatal francesa. 

El “gran canciller de la Legión de Honor” le informó en junio de aquel año al ministro de relaciones exteriores de su país que planeaba modificar el código que rige el procedimiento de entrega de esas distinciones para poder aplicar acciones disciplinarias contra extranjeros que no habían sido dignos de recibirla, como Cavallo, que se había convertido en un personaje público en 2000, cuando el diario Reforma de México lo descubrió al frente de la oficina del Registro Nacional de Vehículos de ese país. Su nombre figuraba desde hacía dos años entre los imputados del juicio por terrorismo y genocidio en España que instruía el juez Baltasar Garzón, quien logró su detención en el aeropuerto de Cancún cuando estaba por subir a un avión con destino a la Argentina, donde pensaba que podría seguir gozando de su impunidad.

Ya en el año 2010, cuando Ricardo Cavallo estaba sentado junto al asesino y colega Alfredo Astiz; el jefe de la banda Jorge “El Tigre” Acosta y otros asesinos más, mientras transcurrían las instancias de su primer juicio por secuestros, torturas, apropiaciones y homicidios, la cancillería francesa tomó nota de la acusación y señaló que caracterizaba esos hechos como “actuaciones particularmente indignas y odiosas”. 

En 2014, cuando Cavallo ya tenía su primera condena a prisión perpetua, desde Francia se le notificó formalmente al condecorado Cavallo la apertura de una acción disciplinaria y le dio la posibilidad de defenderse y dar explicaciones, derecho que el ex marino no ejerció.

Seis años más tarde y tras una segunda condena a prisión perpetua, el 13 de febrero, invocando el artículo 135 del “Código de la Legión de Honor de la Medalla Militar y del Orden Nacional francesa de Mérito” y luego de analizar todo el expediente, el consejo que la otorga concluyó que el ex marino “faltó gravemente al honor” y decidió retirarle la distinción que le había entregado 35 años atrás. El decreto de Macron y Philippe le encomienda al general Benoit Puga, actual “gran canciller”, la aplicación de la decisión, que no será publicada en el Boletín Oficial de Francia, y la notificación al represor condenado por sus espantosos crímenes.

Ricardo Miguel Cavallo era conocido por participar activamente en los asesinatos de las religiosas francesas Alice Domon y Leonie Renée Duquet y estuvo involucrado en los llamados “vuelos de la muerte”.

Cavallo, alias Sérpico o Marcelo, fue oficial de la Marina, integrante del Grupo de Tareas 3.3.2 de la Escuela de Mecánica de la Armada entre 1976 y 1979. Estaba asignado en el sector de “Inteligencia” y fue el responsable del secuestro, tortura, violación, reducción a la servidumbre, y asesinato de miles de víctimas.

Los negocios llevaron a Cavallo a reciclarse en el terreno de manejo de información, como son las bases de datos de conductores de vehículos, pasaportes, patentamiento de automotores, registro de armas y emisión de moneda y documentación oficial de distinta índole. José Vales dice que Cavallo no ocultaba su identidad. “Cavallo hizo negocios y recicló su vida civil con gente del poder que era consciente cuál había sido su rol en la Armada, al igual que el de algunos de sus socios, como el caso de Jorge Radice. Muchos funcionarios, a sabiendas de quién era Cavallo y qué representaba, les importó muy poco a la hora de cerrar acuerdos y negocios.

Cavallo fue el responsable de La Pecera, el espacio de la Esma donde se hacía trabajar en forma coercitiva a los detenidos en la redacción de notas y documentos. También fue parte del sector de operaciones y de inteligencia. En cada estamento pasó un tiempo y fue uno de los que decidía sobre la vida y la muerte de los desaparecidos en ese lugar. 

Vales dice que Mendoza fue la “Nave Insignia” porque sobre el modelo de negocios que se aplicó en la provincia y como los usaban para mostrar “credibilidad” fue que salieron para El Salvador y México. Quienes le abrieron las puertas para sus negocios sabían concretamente sobre su pasado.

En el libro NUNCA MÁS, aparecen algunos detalles de su historial como marino de la Esma: RICARDO CAVALLO Alias “Serpico”, Marcelo o Miguel Ángel. Excapitán de corbeta. Fue parte de la patota que secuestró a Mónica Mignone, el 14 de mayo de 1976. Mercedes Mignone relató que, entre los hombres armados que irrumpieron esa madrugada, “había uno más joven que era alto rubio de ojos azules” era Cavallo. Impune, vivía de incógnito en México hasta que el diario azteca Reforma lo descubrió. Había montado una empresa (enriquecido ilícitamente a costa de sus víctimas) y era director del Registro Nacional de Vehículos (RENAVE), un negocio de 400 millones de dólares, muy resistido en México. Sobrevivientes de la ESMA lo habían reconocido como su torturador. Apenas salió la publicación, el 24-08-2000 Cavallo se tomó un avión a Buenos Aires pero no previó que el vuelo haría escala en Cancún, donde lo detuvo Interpol por orden del juez Garzón. Fue extraditado a España. La fiscalía española pedía hasta 17.000 años por crímenes de lesa humanidad. Finalmente, fue entregado a la justicia argentina en 2008. “Participaba en secuestros y en los interrogatorios. En la ESMA no había interrogatorios sin torturas”, “Tenía 2 caras, muy perverso. Era parte del horror y después era amable”.

Fue condenado a perpetua en la Megacausa ESMA. Escuchó impasible la sentencia. Cavallo sabe cuál fue el destino de Mónica y cada persona que torturó, pero continúa el pacto de silencio de los genocidas.

Fuentes: 

Agencias de noticias: 

Télam, EFE, DPA, NA. Centro de Informaciones Judiciales.

Libros: 

“Nunca Más” de la Conadep, 

“Como los nazis, como en Vietnam”, de Alipio Paoletti.

“Ricardo Cavallo. Genocidio y corrupción en América Latina” de José Vales. 

“Casita Robada” de María Josefina Cerutti.

Diarios

Página/12, Los Andes, Infobae, Reforma (México) y La Jornada (México).