El pico fue de 21 mil dólares en 2017. La resurrección del Bitcoin tiene su origen en el auge de las compras digitales y las transacciones por internet en este año de coronavirus. La expansión de las monedas digitales de la mano de países como China.

Las criptomonedas volvieron a ocupar las primeras planas de los portales internacionales de finanzas. La resurrección del precio del Bitcoin no sólo sorprendió a los escépticos de la tecnología blockchain sino que le dio grandes alegrías a los que apostaron por este activo en los últimos meses. Desde marzo –con el inicio de las cuarentenas en los países de occidente- el valor de esta moneda digital pasó de los 5 mil a los 18 mil dólares.

Las cotizaciones se ubican otra vez cerca del pico de 21 mil dólares alcanzado en la ola de las criptomonedas a finales de 2017. El dato resta argumentos a los financistas conservadores que aseguraban que este activo iba camino a comprarse a centavos de dólar.

Pueden enumerarse distintos elementos para explicar el incremento de los precios del Bitcoin. El primero se asocia con la pandemia, el auge de las compras digitales y las transacciones por internet. La estimación de economistas dedicados al estudio de los medios de pago es que en nueve meses de pandemia la población dio un salto en el uso de las tecnologías que en condiciones normales hubiera llevado por lo menos cinco años.

El segundo elemento tiene que ver con el interés creciente de los principales gobiernos del mundo en emitir monedas digitales. Los inversores creen que esto convalida la tecnología de las criptomonedas y aumentará el volumen de sus operaciones.

El objetivo central de los países que pretenden emitir dinero virtual apunta en tres frentes: reemplazar gradualmente el efectivo para reducir costos, desarrollar sistemas de pago sofisticados y garantizar mecanismos de ahorro y crédito eficientes para la población.

China lidera los desarrollo para digitalizar los billetes en circulación (en la jerga de los agregados monetarios se lo llama el M0). La potencia asiática tiene lista la tecnología para que su población use el celular para hacer pagos con el yuan digital: un billete virtual que respeta el mismo criterio de anonimato y aceptación universal de los billetes físicos. El M1 (o sea los depósitos a la vista en los bancos) ya se encuentra masificado para los pagos con celular.

Otros países buscan seguirle el paso a China. Ninguno quiere perder la posta en la carrera de la tecnología financiera. Las autoridades de Japón adelantaron que en 2021 comenzarán las pruebas para lanzar una primera versión del yen digital. Por su parte, Brasil creó un instituto para estudiar las criptomonedas y las oportunidades de emitir dinero virtual.

Una de las principales ventajas de implementar estas tecnologías es la capacidad de hacer el seguimiento segundo a segundo de las distintas transacciones de la economía (trazabilidad absoluta). Otro punto clave es poder tener dinero inteligente circulando en los mercados internos: dinero al que se le pueden programar distintos criterios de uso.

Para entender el diferencial de este punto no es necesario ser un experto en computación o criptografía. Hace falta pensar simplemente en los casos de uso. Por ejemplo para la Argentina: una economía en la que el Estado destina cerca de 20 puntos del Producto a jubilaciones, asignaciones universales, pensiones, remuneraciones de empleados del sector público y subsidios económicos, entre otros. Son unos 5 billones de pesos por año.

Tener la oportunidad de entender cómo circula cada uno de esos recursos y poder programar sus reglas de uso una vez que se desembolsan abre las puertas para sofisticar las políticas económicas. Se incrementa considerablemente la capacidad de planificación del mercado interno.

Por ejemplo: promocionar la demanda de productos estratégicos reorientando patrones de consumo, ofrecer instrumentos de ahorro alternativos para distintos segmentos de la población, mejorar las posibilidades de acceso al crédito, e incorporar herramientas para la regulación de los mercados más escurridizos que operan en la informalidad.