Por Emilio Vera Da Souza

Gonzalo “Chispa” Sánchez, tiene 69 años y fue uno de los asesinos y torturadores que trabajaban en el Centro Clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), acusado de haber participado en forma directa del secuestro de Rodolfo Walsh

Chispa Sánchez con su ancla tatuada

Ezequiel, es hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Rochistein, y no sabe la fecha de su nacimiento. Él calcula, según lo que ha podido cotejar,  que nació el 1 de noviembre de 1977 en la ESMA. En 2010 conoció su verdadera identidad y su historia se hizo pública por ser el nieto recuperado número 102.

Ezequiel Rochistein es funcionario nacional y en sus carácter participó del operativo de extradición de Sánchez ya que es el responsable de la Dirección Nacional de Investigación Criminal que depende del Ministerio de Seguridad

Ezequiel Rochistein

El represor Sánchez ya extraditado está a disposición del juez federal Rodolfo Canicoba Corral, el mismo magistrado que le restituyó la identidad de Ezequiel. Una vez cumplidos los 14 días del aislamiento preventivo por el coronavirus, el “Chispa” Sánchez deberá responder por 900 delitos de lesa humanidad en los que participó junto a otros asesinos. 

Ezequiel cuenta que desde Brasil se contactaron informalmente con Cancillería para avisar de su detención y consultar si estaba todo en regla para extraditarlo, teniendo en cuenta el cierre de fronteras por el coronavirus. Sánchez figuraba en el parte de la Interpol como buscado desde hace varios años. 

Rochistein atras con barbijo, permanece como testigo mientras INTERPOL traslada al detenido

En Cancillería querían evaluar si la oficina del Ministerio de Seguridad, estaba preparada para traerlo y querían saber cómo era el plan, desde lo operativo, desde lo judicial y teniendo en cuenta las condiciones de seguridad sanitaria que exigen las circunstancias. Policía Federal e Interpol podían realizar el operativos y la policía federal brasileña garantizaba su traslado a Foz de Iguazú y mientras se realizaban los trámites de rigor para la extradición. 

Sánchez actúa como si fuera un hombre bueno, pero lo que hace falta no es que se muestre como bueno, sino que dé los datos para armar los hechos de los que se lo acusa. Ahora dice que es evangelista pero no muestra un verdadero arrepentimiento ni informa lo que sabe ni dice nada sobre el destino de los que aun son desaparecidos y ni da ningún detalle. Sin eso, dice Ezequiel “el arrepentimiento es puro blablá”.

La repatriación de Sánchez fue importante desde lo simbólico, después de 4 años de retrocesos en materia de resolución de los casos de Lesa Humanidad y este año tan particular por el coronavirus. 

La única forma de sanar como sociedad es que los que torturaron y masacraron estén cumpliendo su condena como corresponde, con acuerdo a las leyes y siguiendo los debidos procesos. “Hoy hay varios genocidas pidiendo prisión domiciliaria escudándose en la edad y en sus enfermedades. Un genocida condenado que esté en prisión  domiciliaria no es justicia”, termina diciendo Ezequiel Rochistein.

Quince años Gonzalo Sánchez estuvo prófugo de la justicia argentina. Cuando fue entregado por autoridades de Brasil a la comisión encargada de llevarlo ante el juez de la causa dijo: “quédense tranquilos que no voy a hacer lío. Ahora soy evangélico. Soy pastor”.

Alcohol para seguir las medidas de sanidad con el detenido Sánchez cuando lo bajan del avión, ya en Argentina.

A Horacio Domingo Maggio, el Nariz, lo secuestraron a una cuadra de Plaza Flores el 15 de febrero de 1977. Logró escaparse un año y un mes más tarde. El grupo de tareas de la ESMA lo encontró en octubre de 1978 y lo acribilló. El cadáver despedazado del Nariz fue exhibido como un trofeo frente los detenidos y a las detenidas clandestinos. Los obligaron a pasar de a uno para ver lo que les harían si se escapaban. El Nariz había desafiado a sus captores denunciando cómo funcionaba la ESMA, y llegó hasta incluir el número de teléfono del centro clandestino, pidiendo que llamaran y preguntaran por algunos de los represores que figuraban en una lista que había mandado a algunos periodistas y medios

Sánches colocaba al secuestrado en un auto que acribillaban a balazos y lo incendiaban. A algunos los ahorcaban dentro de la ESMA y los tiraban al mar y a otros les colaban un somnífero, Pentonaval, y los subían a un helicóptero. Eran “los vuelos de la muerte”, que luego de los años contó con detalles el ex capitán de la Armada Adolfo Schilingo, en el libro El Vuelo, de Horacio Verbitsky, y en la indagatoria del Juez Barltazar Garzón en España.

En 1979, tres mujeres testimoniaron ante la Asamblea Nacional de Francia. Alicia Milia de Pirles, Ana María Martí y Sara Solarz de Osatinsky. 

Osatinsky era un poco mayor que las otras y su marido, Marcos, y su hijo mayor, de 18 años, fueron asesinados y su hijo menor –de 15– estaba desaparecido. Unos hombres la agarraron en la calle, cerca de su casa y uno la golpeó con un fierro en la cabeza. Cuando recobró el conocimiento los vió. Uno era ese Sánchez. Lo supo porque él mismo se lo dijo: “Yo soy uno de los que la secuestró”.

El oficial de Prefectura Gonzalo Sánchez, alias Chispa, dijo en varias ocasiones, frente a los detenidos clandestinos que “los cuerpos eran tirados al mar en el sur, en zonas cercanas a dependencias de la Marina”.

El asesino Chispa Sánchez

Chispa Sánchez estuvo dentro del listado de represores cuya extradición reclamó el juez español Baltasar Garzón en los años de las leyes de impunidad en la Argentina, junto a otro conocido marino asesino: Ricardo Cavallo.

Después de años de impunidad en la Argentina, en 2013 lo encuentra la Interpol y lo detienen en Angra Dos Reis trabajando en un astillero. A los tres años le dieron arresto domiciliario y unos meses después rechazaron su pedido de refugio político. En 2019, el Supremo Tribunal Federal brasileño avaló su extradición, pero… con ayuda de una banda de “políticos locales de ultraderecha, ex militares algunos, vinculados a iglesias pentecostales financiadas desde norteamérica, Sánchez pudo fugarse”. 

La semana pasada la policía sabía que una mujer iba a llevar comida a una cabaña alejada. La mujer era la pareja de Chispa Sánchez, con quien tiene una hija menor de edad. Chispa fue detenido en ese lugar mientras celebraban un cumpleaños.

Hubo una comunicación con la Argentina para ver si las autoridades locales podían recibirlo. Rápidamente dijeron que sí y se activaron todos los mecanismos burocráticos, legales y judiciales. La Cancillería gestionó es los pocos meses de gobierno de la nueva gestión dos extradiciones, la de Mario Sandoval y la de Chispa Sánchez, y logró que Francia le quitara la condecoración al marino asesino con actitud en los negocios y vinculaciones con empresarios y políticos mendocinos Ricardo Cavallo. https://jornadaonline.com/el-condenado-ricardo-cavallo-vuelve-a-ser-noticia-en-el-mundo-su-historia-y-sus-vinculaciones-con-mendoza/

Sánchez según su propia declaración apenas recuperada la democracia, integraba el área operativa del grupo de tareas, que se dedicaba a allanar y secuestrar desde la ESMA. 

Dijo que sus camaradas eran: Jorge “El Tigre” Acosta, Rubén Chamorro, Francis Whamond y Alfredo “Ángel” Astiz, pero agregó que solo iba a la Escuela de Mecánica a llevar mensajes.En otra declaración dijo: “mi jerarquía era de oficial ayudante y dependía del Servicio de Inteligencia de la Prefectura”. Cuando Sánchez llegó a la ESMA era muy joven y el 25 de marzo de 1977 participó del operativo que dio con Rodolfo Walsh y lo asesinó cerca de la estación de trenes en su casa de provincia de Buenos Aires. 

Chispa Sánchez hace unos años, cuando andaba impune por la Argentina

Rodolfo J. Walsh vivía es secreto en una casa cerca a la laguna de San Vicente–  había terminado esa noche la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”https://www.cels.org.ar/common/documentos/CARTAABIERTARODOLFOWALSH.pdf, un texto que es uno de los mejores documentos testimoniales con datos de todo tipo, que él había recopilado y armado en varios meses y que ese día enviaría por correo a algunos periodistas y redacciones para dar su testimonio en el aniversario del golpe militar, el 24 de marzo de 1977. 

Sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”, el periodista y escritor alcanzó a poner en un buzón de correo los sobres que llevaba en un maletín de cuero.  

Rodolfo J. Walsh

Walsh llegó al centro de la ciudad. Los asesinos de la Esma lo cercaron en la calle Entre Ríos esquina San Juan. Le gritaron algo que lo puso en acción. Buscó en el maletín una pequeña arma de puño calibre 22 con la que disparó un solo tiro y una lluvia de balas le llenó el cuerpo. 

Lo llevaron a la Esma… dicen algunos por medio de testimonios posteriores que, de acuerdo a las fechas, piensan que lo vieron sobre una mesa de una de las habitaciones de esa cárcel clandestina. Dice… que tenía sus lentes puestos. Un vidrio roto atravesado por un proyectil… la camisa ensangrentada completamente. “Chispa” les contaba a todos que él también había tirado. Y decía casi con orgullo que le había dado varios tiros. 

Fue reconocido por varios detenidos posteriormente. 

Lila Pastoriza dice que Sánchez una vez fue a ver a Pablito Míguez, un chico que retenían secuestrado en el lugar porque habían desaparecido a toda la familia y no sabían qué hacer con él. Finalmente los jefes, Emilio Eduardo Massera y Jorge Acosta decidieron su destino. Aun está desaparecido. 

el genocida cuando aún era Almirante de la Armada, Emilio Eduardo Massera

Otro preso clandestino, Miguel Lauletta contó en uno de sus testimonios que Chispa apareció un día en el sótano llorando porque había sido obligado a torturar. “Después no vino más”.

Hay más detalles en abundancia de las declaraciones, testimonios y recuerdos de personas que luego recuperaron su libertar y aportaron pruebas ante los jueces que investigaron todos esos casos. Solo para evitar las emociones que generan semejantes relatos, no se transcriben aquí, pero están disponibles y al alcance de cualquier ciudadano, en fuentes públicas y de acceso sin restricciones. 

Gonzalo “Chispa” Sánchez y otros represores imputados en el secuestro y asesinato de Rodolfo Walsh se refugiaron en Brasil “donde tuvieron cobertura para permanecer ocultos, burlando o postergando la respuesta a los pedidos de extradición de la justicia argentina. 

“Jair Bolsonaro es un defensor de la impunidad a los genocidas” dice Jair Kirschke, presidente del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos, y experto brasileño en terrorismo de estado y el “Plan Cóndor”, como se le llamó a la coordinación de la represión de las fuerzas armadas, militares y aparatos de inteligencia o servicios de contrainformación que actuaban al margen de las leyes y los derechos constitucionales de los países para establecer actividades de persecución, traslado de detenidos sin actuaciones judiciales, torturas, ejecuciones y secuestros como actividades clandestinas en América del Sur.

Los operativos de los años 70 del Plan Cóndor, fueron para eliminar enemigos políticos, después, al comenzar el período democrático hubo complicidad para facilitar la retirada de los genocidas, por eso varios represores argentinos fueron recibidos en Brasil, como es el caso de Gonzalo Sánchez, por haber sido parte del operativo de rapto y ejecución de Rodolfo Walsh el 25 de marzo de 1977, un año y un día después del inicio de la dictadura militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. 

Chispa Sánchez fue bien recibido en Brasil, por el dictador Ernesto Geisel, según indican documentos diplomáticos guardados en los archivos de Brasilia.

Sánchez fue arrestado el 11 de mayo en Paraty, una ciudad colonial ubicada en el litoral sur del estado, donde vivió varios años como clandestino. Previamente, en 2013, había estado preso en Angra dos Reis.

“Esa región, entre Angra y Paraty, es donde pisa fuerte Bolsonaro. Allí tiene uno de sus reductos electorales y viven algunos familiares. Bolsonaro ya era influyente y fue electo  diputado en ese distrito de Rio entre 1992 y 2018, y con su llegada a la presidencia su peso aumentó en esa zona. Su gente seguramente tenía información concreta sobre de la presencia de Sánchez. No se sabe de pruebas, pero pareciera que es así, según algunos datos que la justicia no investiga. 

Rodolfo Walsh se encontraba sólo, en el barrio porteño de San Cristóbal, cuando lo cercó un grupo de marinos de la ESMA formado por cerca de veinte hombres, entre ellos “Chapita” Sánchez, Roberto Oscar González y Pedro Osvaldo Salvia, los dos últimos también se ocultaron en Brasil, cuando la justicia argentina comenzó a seguirle los pasos luego de las denuncias de familiares y víctimas del terrorismo de Estado.

Rodolfo J. Walsh llegó sin vida al campo de concentración de la armada y desde entonces no se tuvo noticia del destino de su cuerpo, algo sobre lo que será indagado Sánchez cuando comparezca ante la justicia.

Operativo por el Coronavirus

“El juicio en Argentina permitirá obtener datos para reconstruir como fue su esquema para refugiarse en Brasil, hay una certeza sobre la complicidad en el pasado para permitir que se esconda en esa zona de Brasil, pero también se percibe una actitud cómplice de los líderes locales en los últimos años. Posiblemente Sánchez tuvo apoyo de grupos que actúan en el Estado ya que fue patrocinado por la Defensoría Pública”, dicen desde la investigación.

El arresto de Chispa Sánchez en Brasil, acusado de delitos de lesa humanidad en Argentina, fue noticia en los medios de la región la semana pasada.

El año pasado, antes de reunirse con Mauricio Macri en Buenos Aires, Jair Bolsonaro dijo en una entrevista que “gracias al Plan Cóndor se logró frenar al “comunismo” en los años 70. El ultraderechista capitán retirado se convirtió en el primer presidente de extracción militar que reconoció la existencia de esa asociación internacional colaborativa para el intercambio de detenidos ilegales, lo cual convierte al actual presidente de Brasil, en posible testigo de futuros procesos judiciales en la región.

Siendo diputado federal por Río, en marzo de 2014, al cumplirse el cincuentenario del golpe militar brasileño, Bolsonaro dijo: ” llegará el momento en el que un 31 de marzo (día del golpe a Joao Goulart), los “Operativos Cóndor” no alcanzarán para impedir que Brasil y América Latina caigan en el comunismo”.

Bolsonaro no pudo impedir la extradición de Sánchez, porque era cosa juzgada por el Supremo Tribunal Federal.

RJW

FUENTES:

Diarios Jornada, TiempoArgentino, Página/12, OGlobo. Agencias: Télam, DPA, EFE. Revistas: Humor Registrado, El Cohete a la Luna. Libros: El Vuelo. Rodolfo Walsh y la prensa clandestina, de H. Verbitsky. El Violento Oficio de escribir, de RJ Walsh. Testimonios: Lilia Ferreyra y varios de CONADEP.