“No siempre he entendido el arte

No siempre he estado de acuerdo con el arte

No siempre he estado en contacto con el arte

No siempre he sabido qué es el arte

Pero siempre he vivido en el arte”

S. Hocevar

Por Emilio Vera Da Souza, Redacción Jornada

El artista plástico Sergio Hocevar nos dejó como legado una obra tan original como prolífica. Se destacó con sus dibujos e imágenes digitales, sus libros sobre los más interesantes autores locales. Observador y testigo de las producciones más avanzadas de la cultura local. Amante de la música y generoso cultor intenso de la amistad.

Sergio Hocevar, ya no estará físicamente entre nosotros, pero como era un previsor, nos ha dejado un mundo creativo y misterioso para disfrutar de su producción y de sus placeres visuales. Es su manera de continuar acompañándonos. 

Heredero de una historia vinculada a lo mejor de nuestra cultura (su padre, Sergio Sergi, uno de los mejores, y amigo entrañable del inmenso Julio Cortázar) su familia siempre anduvo por las calles y veredas del barrio de la belleza y el pensamiento libre.

Sergio Hocevar era un hombre hermético, pero generoso. Callado y reservado, pero observador empedernido. Generaba una producción tan original como admirable y siempre, los que se acercaban a sus obras, quedaban prendidos de la belleza y el misterio.

Pinturas, dibujos, fotografías, impresiones digitales, grabados, objetos y libros eran sus plataformas de expresión.

Hombre parco y discreto. Cariñoso con sus amigos y sus personas cercanas. Rescató de un modo singular la historia de grandes artistas y deja un legado extenso que seguramente servirá para recordarlo como un hombre que hizo y amó lo que hizo, de una manera intensa y muy particular.

La última comunicación que mantuvimos, fue porque Hocevar buscaba un texto de un catálogo para incorporar al libro que estaba preparando.

Este fue su mensaje de correo que me envió, y lo muestro sólo para que puedan darse cuenta de su manera de comunicarse, breve, concreto, intenso…

Sergio buscaba esas palabras para incorporar a su libro inconcluso, el segundo, sobre Roberto Azzoni a quien le dedicaba su último tiempo. Sus ensayos, borradores, textos, imágenes estaban intactos en su escritorio, junto a lápices de colores, un atril realizado con sus propias manos. Al costado, sobre la pared norte de su ermita, donde pasaba sus horas cotidianas, estaba su colección de discos de jazz… la más grande, ordenada y sistemática discoteca que escuchaba en solitario en el equipo de audio frente a su escritorio.

Sergio Hocevar tenía un espacio misterioso y casi secreto, donde llevaba adelante sus planes, obras y proyectos artísticos.

Allí también preservaba, para su propio placer y para gozo de quienes eran elegidos a acceder a ese espacio único, algunas piezas de extraña procedencia: botellones de destilados, esculturas pequeñas, mascarones de proa de viejos barcos perdidos en mares de olvido, piezas de fundición más asimiladas como esculturas que como herramientas. Sergio atesoraba cosas admirables y bellas. Sergio acumulaba entre silencios y distancias, amores intensos, pasiones no dichas. Sergio era prudente y se expresaba por medio de su arte y sus breves palabras. Observador detallista. Y sus palabras tenían la expresión clara y sintética. Era cariñoso y quería a quienes elegía querer con lo mejor que tenía: toda su humanidad.

Hace unos dos años, para septiembre, organizó una juntada de amigos en el local del Zócalo de la Cuarta. Acordados los comestibles, él se encargó del vino y de hacer la lista de comensales. Comimos y bebimos lo estipulado, y la conversación repasó anécdotas de diferentes épocas.

El finalizar la jornada, Hocevar, haciendo una excepción a sus propias costumbres, quiso decir unas palabras de agradecimiento a los presentes, sus amigos y amigas, por haber aceptado compartir esa noche, luego de que él pasara un episodio desagradable de salud. Estaba contento de la juntada.

En la colección de arte de el lugar, se podían ver, destacadas con un protagonismo merecido, dos obras de su autoría: una escultura de un metro por 2,10 realizada con un marco de madera conteniendo viejas tipografías de la era Gutemberg, fines del siglo XIX, obtenidos por él en largas búsquedas por perdidas imprentas. Y en otra pared un retrato en lápiz color, de una mujer estilizada de pelo corto. Dos obras que quedarán en el viejo Zócalo para honrar su amistad y su compañía.

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Algunos datos para una breve biografía

Sergio Hocevar, nació en Santa Fe, en 1937, reside en Mendoza desde 1944 donde falleció sentado en su escritorio, produciendo material para su segundo libro sobre Roberto Azzoni. Fue el 11 de abril de este 2020.

Estudió Dibujo y Pintura en la Academia Provincial de Bellas Artes de Mendoza.

Entre 1965 y 1974 vive en los Estados Unidos, estudiando dibujo y pintura en el Fleisher Art Memorial, escuela dependiente del Museo de Arte de Philadelphia, Pennsylvania, donde entre otros premios, se le concede el “Premio por Excelencia en Pintura”, y al año siguiente se le invita a hacer una exposición individual, distinción acordada por primera vez a un alumno de dicha institución.

En 1973 toma contacto con los clásicos y la antigüedad en un viaje por Italia, visitando Roma, El Vaticano, Pisa y Florencia. Dos años más tarde viaja a México y Perú, visitando Mérida, Uxmal, Cuzco y Machu Pichu, paisajes estos últimos que constituyeron el trasfondo de una serie de dibujos sobre el tema de Dédalo. En 1975 regresa a Mendoza, donde reside hasta la fecha.

Sus trabajos han sido utilizados para ilustrar tapas de libros, y sus obras forman parte de colecciones privadas de Estados Unidos, Alemania, Uruguay, Brasil, Argentina y de las colecciones del Museo Nacional del Grabado de Buenos Aires, Museo Municipal de Arte Moderno, Museo Fader de Mendoza y Colección Park Hyatt.

Los Premios

1970: Primer Premio Croquis, Fleisher Art Memorial

Tercer Premio Modelo, Fleisher Art Memorial

1972: Premio Excelencia en Pintura, Fleisher Art Memorial

1991: Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes (Adquisición, sección Dibujo) Salón Provincial Vendimia (Mza.)

1993: Premio Mención Especial del Jurado. Salón Nacional de Grabado y Dibujo, San Juan

1994: Segundo Premio, Sección Dibujo. Salón Artes Plásticas de San Rafael, Mendoza

          Premio Mención en Dibujo, Salón Nacional de Grabado y Dibujo, San Luis

1998: Segundo Premio Adquisición en Dibujo Salón Vendimia, Mendoza

2005: Primer Premio Adquisición en Pintura, Salón Regional, Mendoza

Sobre la producción de Sergio Hocevar

Libros Editados:

1993: “Sergio Sergi – Obra Xilográfica Completa” Editado por la Dirección de Acción Cultural de la Municipalidad de Mendoza.

1997: “Roberto Azzoni – Pensamientos y Obras Editadas” Editado por la Biblioteca Comunal, Municipalidad de Mendoza.

“Para Leer Entre Líneas – 160 Dibujos de José Bermúdez”, Edición del artista.

1999: “José Bermúdez – 50 Años de Pintura”, Edición Privada en colaboración con el artista.

2003: “Hernán Abal – Circunstancias, Pensamientos, Pinturas”, Edición Privada en colaboración con el artista.

“Jorge Enrique Ramponi – Credo Poético”, Edición Privada.

“Jorge Enrique Ramponi – Antología Poética”, Edición Privada.

Libros en ediciones limitadas:

“Cayetano Arcidiácono: Imágenes” Selección de fotografías.

“Dédalo” Dibujos.

“De la Magia y Otras Realidades” Dibujos.

“Desnudos” Dibujos.

“Cuando Ayer era Hoy” Ilustraciones de Gabriel Fernández.

“Cuatro Cuentos” con Luis Ricardo Casnati, Ulises Naranjo, Julio González y Jaime Correas.

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Un video sobre Sergio Hocevar

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Dice José Bermúdez sobre Sergio Hocevar…

El Señor de las Soledades

Cuando abordamos la obra plástica de Hocevar y queremos imaginar sus motivaciones nos vemos transportados a un mundo de soledades como apreciando una retrospectiva en el tiempo. Nos coloca ante una visión ancestral o arqueológica. Sus paisajes son, pese a su serenidad, el resultado de una dramática confrontación con la realidad y de una toma de conciencia con el entorno, o una fuga de lo cotidiano, para evitar la contaminación contemporánea. Seguramente no es fácil para Hocevar transitar este camino que hace con esmerado cuidado. ¿No será que es allí donde encuentra su liberación, su serena paz y la diafanidad con que equilibra sus dosis de escepticismo?

A Hocevar le gusta deambular por otros imaginarios mundos para encontrarse con subjetivas vivencias que lo liguen a la magia y el misterio. En eso comulga con Magritte. Sobre todo en aquello de que la realidad está compuesta de algo más que lo que se ve. Digámoslo de otro modo: no quiere ver lo que se ve, entonces ve lo que no existe, que en definitiva es un modo de existir. Por una parte su búsqueda se hace metafísica en una atmósfera de silencio, y por otra quiere, con mágico conjuro de artista, dominar la realidad circundante. Así (aunque no se lo proponga), aparece su militancia de creador rebelde. En este transporte surrealista e introspectivo salta de lo real a lo soñado, pero el artista se encuentra con un subconsciente que le habla de los límites. El observador puede preguntarse, como lo hago yo, si estos límites los pone la realidad, o los pone él mismo para separarse de ésta.

Desde el punto de vista formal podríamos decir que en sus dibujos está ausente lo gestual. En efecto, resultan más bien construcciones que tienen el celo y la responsabilidad de una pintura renacentista, a lo que agregaré algo universalmente aceptado: aquello de que la forma y el contenido armónicamente consustanciados dan vida y jerarquía a las expresiones artísticas. En nuestro caso podemos afirmar que el conjunto de los trabajos de Sergio tienen esa indispensable unidad de espíritu y soporte que emociona y caracteriza a las bellas obras de arte.

Todo lo dicho de Sergio Hocevar nos pone ante la evidencia de que estamos frente a un auténtico artista que enriquece con su personalísimo estilo el panorama de la plástica mendocina.

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Del libro “DESAMORES” con cuentos de Sergio Hocevar y dibujos de Pablo Garat….

“Este libro contiene cuentos y dibujos que no se conocieron entre si, hasta que se juntaron para hacer solo doce ejemplares en febrero de 2011”.

Algún dibujo fue inspirado por un cuento y algún cuento surgió por ver el dibujo” dice Sergio Hocevar.

Está integramente realizado a mano, y el sello es de “Ediciones Privadas EseHache, Mendoza, Argentina.

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