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Merecido homenaje a Solari Yrigoyen

La Cámara de Diputados de la Nación, realiza hoy un homenaje el exsenador nacional Hipólito Solari Yrigoyen, distinguiéndolo con la Mención de Honor “Doctor Juan Bautista Alberdi”, como emblema de la lucha por los derechos humanos.

Redacción
29/03/2022 11:30

Dicho reconocimiento constituye el máximo galardón que otorga la Cámara de Diputados de la Nación.

Solari Yrigoyen fue senador por Chubut en dos oportunidades y fue designado por el presidente Raúl Alfonsín, en el retorno de la democracia, como su asesor personal con rango de secretario de Estado y embajador plenipotenciario. Integró el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1999/2006).

Se reconoce en el acto la trayectoria de Hipólito como Periodista, abogado de presos políticos, activo defensor de derechos humanos, que sufrió persecuciones y atentados, cárcel y tortura en los más oscuros momentos de la historia política reciente. Es un símbolo de lucha contra la arbitrariedad y la ilegalidad.

El Doctor Hipólito Solari Yrigoyen es sobrino bisnieto de Leandro Nicéforo Alem y sobrino nieto del ex presidente Hipólito Yrigoyen.

Fue durante la primera mitad de los '70 un joven abogado dedicado a defender a presos políticos encarcelados por la dictadura militar de Roberto Levingston y Alejandro Lanusse. Dicha actividad le valió padecer en el futuro atentados, secuestros, prisión, torturas y exilio.

Repasar su trayectoria puede significar el trazado de una novela épica y fundamentalmente ética:

La bomba estalló cuando encendió el motor de su auto, el 21 de noviembre de 1973, hace casi 49 años atrás.

Hipólito Solari Yrigoyen era senador nacional por la Unión Cívica Radical. Pocos días antes, el jueves 16 de noviembre, había expresado su oposición al proyecto de ley de Asociaciones Profesionales, que consolidaría la "oligarquía sindical".

El senador, en el debate, objetó la reelección de autoridades gremiales por más de dos períodos, la centralización de las recaudaciones de las obras sociales y propuso la inclusión de la representación de las minorías, en favor de la "democracia sindical".

Su discurso en el Senado duró 4 horas y 12 minutos. Finalmente, la ley –enviada por el presidente Perón al Congreso- obtuvo media sanción.

Solari Yrigoyen fue desde este momento el enemigo público número uno de la “patria sindical”, porque sostenía la necesidad de defender a las minorías, no quería el pensamiento único. Había participado de la fundación de la CGT de los Argentinos (CGTA) y abogado de su líder Raimundo Ongaro. hasta ser senador, también, había sido abogado del gremio ferroviario.

El fin de semana posterior al debate, Solari Yrigoyen fue a Puerto Madryn, Chubut, donde vivía, y el lunes 20 volvió a su estudio jurídico de Lavalle 1438, en Buenos Aires. Su secretaria le dio un sobre que había recibido con su nombre. Cuando lo abrió, sólo tenía tres letras: "A A A". No entendió el significado. El remitente daba una dirección: Tucumán 1660, la sede del Comité Capital de la UCR. Envió a su secretaría para que explicaran qué quería decir ese mensaje. Desde la casa radical respondieron que no habían enviado la carta y tampoco entendían el sentido de las tres letras.

Al día siguiente, martes 21 de noviembre, Solari Yrigoyen salió de su departamento de la avenida Santa Fe, su residencia secundaria, y fue en busca de su auto, estacionado en la cochera 171 del edificio de Marcelo T de Alvear 1276. Había comprado ese espacio en la década del '60 para guardar su Renault 6. Ese día tenía previsto dar un reportaje junto al dirigente sindical cordobés Agustín Tosco, al que había defendido en su condición de "preso político" y visitaba en la cárcel de Rawson, durante la dictadura del general Lanusse.

Cuando Solari Yrigoyen colocó la llave en el tambor y la giró, la bomba estalló.

"El Renault 6 era un auto muy frágil y la onda expansiva se fue por todos lados. Si hubiera sido un coche compacto hubiera muerto instantáneamente. La bomba era para matarme. El coche voló contra la pared de enfrente y empezó a incendiarse. Dios me ayudó porque alcancé a salir, caí envuelto en sangre, y vinieron a auxiliarme", aseguró entonces, Hipólito.

El repudio fue unánime. Era la primera vez que se atentaba contra un senador de la Nación desde que habían matado demócrata progresista Enzo Bordabehere en el recinto, en 1935. Isabel Perón, que presidía el Senado, fue a visitar a Solari Yrigoyen a la clínica, acompañada por el ministro de Bienestar Social José López Rega. Llevó flores.

"Isabel entró a la habitación. Dijo '¿qué quieren hacer de este país? ¿Una Cuba, un nuevo Chile?' Como haciendo entender que la ultraizquierda había hecho el atentado".

Solari Yrigoyen la escuchaba, pero no podía hablar. Había tenido cinco operaciones, se sentía muy mal, y se había analizado la posibilidad de cortarle la pierna izquierda, que era la más afectada. El doctor Yañez se opuso terminantemente. Después pasó mucho tiempo en silla de ruedas y desde entonces camina con bastón.

A la clínica también se acercó Lorenzo Miguel. Habló con la esposa de Solari Yrigoyen: "Yo no tuve nada que ver", explicó.

Solari Yrigoyen creía que habían sido los "servicios", o gente vinculada a ellos. "A mí siempre me ataca la derecha autoritaria", decía. En agosto de 1972, cuando era miembro de la Asociación Gremial de Abogados, le habían puesto una bomba, el mismo día de los fusilamientos en la base naval de Trelew. "Yo no sabía qué era la Triple A. Era la primera vez que actuaba. Pusieron la bomba porque estudiaron mis pasos y sabían que los fines de semana yo viajaba a mi provincia", explicó entonces.

La organización "Triple A" (Alianza Anticomunista Argentina) había surgido como una herramienta de "depuración interna" para poner freno a la movilización de Montoneros y también contra sectores de izquierda. De hecho, la Triple A acusaba al radical Solari Yrigoyen de "comunista". "Era la época de la Guerra Fría. Estaba de moda acusar de comunista a cualquiera que se opusiera a algo", diría tiempo después.

Después de esa dura parte de su biografía, le toco sufrir los avatares de la dictadura militar nacida el 24 de marzo de 1976. Cuando se conoció que había sido “secuestrado por grupos no identificados”. Hecho que no fue cierto. Fué detenido el 17 de agosto de 1976 en un operativo militar ordenado por el jefe de seguridad y 2º jefe del V Cuerpo de Ejército, con asiento en Bahía Blanca, y ejecutado en el Área 536, con asiento en Trelew. Lo detuvieron en su domicilio de Puerto Madryn, provincia de Chubut, por militares uniformados que luego saquearon su casa y volaron su automóvil.

Tampoco fue cierto que fuera “liberado por autoridades policiales el 30 de agosto de 1976”. Fue trasladado desde el regimiento 181 de Comunicaciones en Bahía Blanca, donde se encontraba hasta la ciudad de Viedma donde lo tiraron al costado del camino y enseguida recogido por un automóvil policial. La detención ilegal se transformó así en detención legal. Antes y después de esa supuesta “liberación” fue objeto de crueles tormentos.

Jamás había estado vinculado a actividades subversivas de ningún tipo. Siempre condenó toda forma de violencia. Nunca   se lo acuso ante la Justicia, ni procesado por ella. Estuvo detenido nueve meses a disposición del Poder Ejecutivo Nacional hasta que lo expulsaron del país con prohibición de regresar.

  Otro enorme dirigente radical, el diputado Mario Abel Amaya fue también detenido el 17 de agosto de 1976 en su domicilio de Trelew, provincia de Chubut y siguió las mismas alternativas de mi detención que Solari Irigoyen hasta que fueron trasladados, el 11 de setiembre de 1976, en un avión naval desde Bahía Blanca hasta la Base Aeronaval “Almirante Zar” de Trelew y de ahí a la cárcel de Rawson. Como consecuencia de los brutales castigos que recibieron en la Base y en la cárcel y de la falta de atención médica en los primeros días el diputado Amaya fue trasladado en gravísimo estado al hospital de la cárcel de Villa Devoto, en Buenos Aires, donde falleció el 19 de octubre de 1976.

Después de ese calvario Hipólito Solari Yrigoyen, fue liberado y partió a Venezuela el día 17 de mayo del corriente año en el vuelo 941 de la Compañía VIASA.

Logró salir del país gracias a una negociación personal encarada por el presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez.

Exiliado en París, desde donde editó el periódico La República, fue uno de los principales impulsores de las denuncias al régimen genocida que imperó en Argentina entre 1976 y 1983.Es autor de numerosos libros, entre los que se destacan El escándalo Aluar, Los años crueles y Malvinas, lo que no cuentan los ingleses. Fue condecorado por François Mitterrand con la Legión de Honor, en el grado de comendador. Hace poco publicó sus memorias.

Hipólito Solari Yrigoyen ha transitado por los principales momentos de la historia del país y de su partido, la Unión Cívica Radical, durante el siglo XX y estas dos décadas del siglo XXI. Nos regala su historia de vida en Crónica De Una Vida. Memorias, publicada por Eudeba.

No solo los radicales deben estar orgullosos de tener en sus filas a  hombres como Solari Yrigoyen, todos los ciudadanos argentinos deben sentir lo mismo, por un dirigente político que cuando salió al exilio tuvo la convicción de que había que seguir la lucha contra el régimen militar para que el país reconquistara el sistema democrático y la vida constitucional.