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El Barcelona es futuro, ¿El Real Madrid es el pasado?

Pocas veces, un Clásico entre Barcelona y Real Madrid fue tan indiscutible, a tal punto, que el 3-1 final que consagró a los azulgranas como campeones de la Supercopa de España en Arabia Saudita

16/01/2023 18:42

Pocas veces, un Clásico entre Barcelona y Real Madrid fue tan indiscutible, a tal punto, que el 3-1 final que consagró a los azulgranas como campeones de la Supercopa de España en Arabia Saudita, sonó a muy poco, maquillado por ese gol -¿cuándo no?- de Karim Benzema en el final, porque la diferencia fue mucho mayor entre un equipo hambriento de títulos, que no conseguía desde 2021 (y que fue apenas una Copa del Rey en medio de años sin éxitos), y otro que, aunque su entrenador, Carlo Ancelotti, se encargó de repetir que no tenía “la barriga llena” de logros, pareció todo lo contrario.

La sensación que dejó este triunfo resonante del Barcelona, además, con varios de sus jugadores muy jóvenes (Gavi, Pedri, Alejandro Balde, Ronald Araujo, Ansu Fati -que ingresó en el final-) es que estamos, posiblemente, ante el fin de un ciclo y el inicio de otro, algo que deberá ser corroborado en poco tiempo más, cuando a mediados de marzo se conozca si el Real Madrid pudo atravesar con cierta autoridad los octavos de final de la UEFA Champions League ante un hoy muy caído Liverpool (al que en la temporada pasada venció en la final de París).

Xavi Hernández, aquel enorme futbolista que por quince años vistió la camiseta azulgrana y que ganó todos los títulos posibles, incluso con la selección española, llegó como entrenador en un momento complicado, de vacas muy flacas. Se había ido Lionel Messi de la peor manera posible y el presidente Joan Laporta gastó lo que no tenía (al punto de desprenderse de porcentajes de activos del club para conseguirlo) para sacar a la entidad de una situación terminal, aunque esto significaba que en el césped, la respuesta tenía que llegar demasiado pronto. No había tiempo suficiente para esperar y el DT, sin tanta experiencia en el cargo (apenas tres años en el Al Sadd de Qatar, donde terminó su carrera como futbolista), tuvo que ir colocando las piezas con mano de orfebre, cuando tantos jugadores nuevos necesitan acomodarse y no todos rindieron de la misma manera. Si el polaco Robert Lewandowski necesitó muy poca paciencia para demostrar quién era, con un altísimo promedio de gol, no fue lo mismo para Raphinha, que fue perdiendo lugar, ni para Eric García (puesto hoy ya en el mercado), o Ansu Fati, quien estuvo marginado de los campos de juego por reiteradas lesiones. Sumado a esto, la duda se centró en los más veteranos como Sergio Busquets, Jordi Alba o Sergi Roberto.

Si estas dudas no bastaban, el Barcelona sufrió varias lesiones luego de un intervalo de partidos internacionales de selecciones, y en varios debió jugar con lo que tenía, y Xavi partió de la idea de que había que respetar el “ADN” del famoso y parecía que inamovible 4-3-3, con dos extremos, un nueve, y tres volantes. Cada muy tanto, y cuando parecía que no había más recursos, se animó a jugar con cuatro volantes, tirando uno hacia la izquierda, dejando al francés Ousmane Dembélé, quien nunca tuvo tanta continuidad, alentado desde el banco, y a Lewandowski, como puntas reales. Pero en las últimas semanas, los bajos rendimientos de Ferrán Torres y de Raphinha, determinaron que el DT se inclinara, por fin, por un mediocampo con Busquets en la contención, rodeado de un gran Frenkie De Jong y de un magnífico Gavi (por carácter y despliegue), pero con el agregado de Pedri desde la izquierda, como un falso extremo, más retrasado.

Este sistema, asentado por la recuperación del uruguayo Araujo (que se perdió el Mundial por lesión), a quien sacó de su función de marcador central para colocarlo en la marca de Vinicius Junior por la banda derecha, de los centrales Jules Koundé y Andreas Christensen, y el gran momento del, lateral izquierdo Alejandro Balde, dio un excelente resultado en Arabia Saudita y no sólo el Barcelona se llevó la Supercopa de España sino que abre la puerta a más éxitos en el futuro. Esto no es más que un ciclo que vaya a saberse cuándo termina, si el equipo corrige algunos detalles como un banco con más gol y más marca.

El Real Madrid pasa por la etapa contraria a la de su rival del domingo. Viene de ganar la Liga, al mismo tiempo que la Champions, luego la Supercopa de Europa, y todo indica que en esos logros, la gran parte de sus jugadores dejaron tantas energías que hasta ahora no las pudieron recuperar.

Ya se vio en algunos partidos de esta Liga, aunque especialmente en el partido en el que fue derrotado en La Cerámica por el Villarreal: muchos jugadores habitualmente titulares pareciera que no estuvieran en la cancha, con una mezcla de nostalgia por los buenos tiempos y un agotamiento producto del reciente Mundial.

Si para ganar heroicamente la pasada Champions el eje fue el grandísimo arquero belga Thibaut Courtois, una defensa muy sólida, un mediocampo clásico y que se conocía de memoria con Luka Modric, Casemiro y Toni Kroos, la ida del segundo al Manchester United dejó un hueco anímico que nunca pudo resolverse, aunque técnicamente haya sido reemplazado por el francés Aurèlien Tchouaméni o por su compatriota Edourad Camavinga. Pero la ausencia del volante central brasileño, ahora en los “Diablos Rojos” de Manchester, nunca encontró reemplazo acorde, pero peor es haberlo tenido que sustituir por Kroos al medio (función que el alemán -que ya se debate si renovar contrato o no cuando acabe esta temporada- no siente), y a un Modric agotado luego de haber tenido que jugar tres alargues en el pasado Mundial con la camiseta croata.

Si Vinicius fue muy bien marcado por Araujo y Benzema regresa de dos meses sin jugar (incluso quedando afuera del Mundial más allá de sus polémicas con el entrenador Didier Deschamps), aunque Ancelotti no se canse de decir que el “Botín de Oro” de 2022 “está de vuelta”, es claro que le falta mucho.

Pero si a tantas fallas se agrega que Daniel Carvajal tampoco puede hacer el despliegue de antes por la banda derecha, y mucho menos, Ferland Mendy por izquierda (totalmente desconocido), de ninguna manera parece casual que haya sido Courtois el que haya salvado al Real Madrid de goleadas estrepitosas o, al menos, mucho mayores que ésta.

La historia del Real Madrid indica que siempre puede volver e incluso no sería extraño que pudiera eliminar a este Liverpool, pero es evidente que sus jugadores no tienen ese hambre necesario para los grandes éxitos y con Modric y Kroos veteranos y cansados, habrá mucho que batallar para salir adelante.

Por esta razón, este triunfo del Barcelona no es uno más sino uno que puede ser fundacional. Por la enorme diferencia que hubo el domingo en el estadio “Rey Fahd” y porque uno aparece comiéndose al mundo y el otro, tratando de resolver el enigma sobre si no habrá un momento en el que el edificio de los éxitos comienza a resquebrajarse.