Estamos en octubre, un mes que entre sus 31 días contiene el Día de la Madre. Pienso en madres esenciales: por empezar en la madre que me parió, en la casa. Y evoco a las Madres Abuelas de Plaza de Mayo que, porfiadas, siguen siendo luminosas parteras de la memoria

Pero inesperadamente me sale al cruce Paola V., una madre ignota. A ella le dedico esta columna.

   ¿Quién es Paola V? En el año 2007 después del incomprendido Cristo, Paola V. tenía 27 años de edad. Fugazmente, fue noticia. Su noticia saltó en Córdoba y hasta tuvo cierto eco en Buenos Aires. La noticia, como tantas, se traspapeló a la semana.

   Vamos al principio visible. La noticia y la consecuencia:

  “Inmediatamente que Paola V. anunció que estaba dispuesta a alquilar su vientre para conseguir algún dinero que le permitiera mantener a sus 4 hijos, de entre 8 meses y 3 años, recibió siete llamadas interesadas. También se comunicaron con ella funcionarios del gobierno cordobés y candidatos para las próximas elecciones de entonces.

   “Me duele haber tenido que hacer esto para que me llamen; me parece muy injusto haber tenido que tomar esta decisión para que se interesen en lo que me está pasando”, le dijo al corresponsal de un diario porteño esta mujer que, como tantas, fue abandonada por su marido y arrojada a su suerte. La noticia de que ofrecía arrendar su vientre fue difundida por la Voz del Interior. Enseguida recibió siete llamadas sensibles en su celular: “una de Montevideo, otra de Chile y otras cinco de Córdoba. Todos me hablaron muy bien. Dos de esas personas incluso vinieron a visitarme… bueno, porque éstas son cosas que pienso que hay que hablarlas personalmente”, dijo.

   También recibió llamadas en las que le ofrecían paliar su situación. Se contactaron con ella el Ministro de la Solidaridad, los candidatos a intendente del pueblo donde vive y el postulante a gobernador Luis Juez. Muchas llamadas quedaron guardadas en el contestador de su celular. “No las pude contestar porque ni crédito tengo”, acotó.

   Al diario de su provincia Paola le dijo que “hacía días” que no dormía, que la razón del desvelo era la decisión tomada por la “desesperación”, ofrecer en alquiler su vientre fértil para poder dar de comer sin tanta angustia, por algún tiempo al menos, a sus cuatro hijos.

   ¿Por qué Paola V. llegó a esto? Lo contaba así: “Hasta hace dos años mi vida era un sueño, estaba casada con el hombre que amaba, vivía en el barrio Maipú, mis hijos estaban sanitos y hasta tenía un auto para ir y venir donde lo necesitara”. Todo fue así hasta que nació María que ahora tiene 8 meses. Mi marido se fue con otra, nos abandonó como a perros y el sueño se transformó en una pesadilla”. Paola en ese momento tenía dos mellizos varones de 3 años, una niña de 2 y la beba.” Hasta ese momento la justicia aún no había intervenido para obligar al padre a pagar una cuota alimentaria.

   Paola debió irse a vivir a la muy precaria casa de su madre, en un barrio de la periferia de Pilar, a 45 kilómetros de la ciudad capital. Contó que no podía salir a trabajar porque su mamá estaba gravemente enferma, prostrada, y no tenía con quién dejar a los chicos.

   “Muchas veces no he tenido qué darles de comer o no sabía qué hacer con 5 pesos, si comprar leche para la beba, o algún otro alimento. Es insoportable que los chicos te digan ‘tengo hambre, mamá’ y vos no tengas qué darles.”

Posdata

   Paola tuvo menos que un cuartito de hora de fama. ¿Fama? En todo caso fama con gusto a hiel. Fama en carne viva desgarrada. Fama desollada mientras se retorcía en ese dolor infinito que tiene que ver con la impotencia, con esas cuatro criaturas cercadas por el hambre de cada día y de cada noche.

Entre que Paola V. fue noticia y el mes de julio del 2011 intenté en tres oportunidades rastrear qué fue de ella.

Qué fue de su vientre. Qué fue de sus cuatro hijos.

No conseguí datos precisos sobre su paradero. Y me resigné a eso.

Preguntas que vienen al caso:

¿Habrá tenido nomás que alquilar su vientre para poder darle de comer por un tiempo a sus cuatro hijos?

Por un tiempo, ¿por cuánto tiempo?

   Para esta suerte de madre, para esta desgracia de mujer, ¿habrá cumpleaños?, ¿habrá feliz Navidad?, ¿habrá Día de la madre?

   Aparte de las preguntas obvias uno, que suele autodenominarse periodista, debiera afrontar otras preguntas. Por ejemplo: ¿hasta qué punto uno merece su oficio?

   Ya que estamos, ahondemos el interrogante:

uno, autodenominado periodista, ¿por qué se mete a enarbolar ciertas noticias y, sobre todo, por qué enseguida se permite bajar los brazos y traspapelar esa noticia?

   Entre dedicarse a hacer periodismo y dedicarse a tirar cañitas voladoras debiera haber una diferencia, ¿no?

   O debiera empezar a haberla.

   Hasta donde supe, Paola V. siguió rodeada de miseria y de desesperación y de abismo. Pasado el tiempo, dos años después de alquilar su vientre, tuvo otro embarazo no buscado. Esta vez, acosada por el hambre, pensó que tenía derecho al aborto. Derecho, sin recurrir a la clandestinidad. Derecho, sin ser juzgada y señalada. ¿Pero qué hay en fondo de su derecho? El derecho a evitarle la atrocidad del hambre a su quinto hijo.

   Las señoras muy aseñoradas y los señores muy almidonados ¿con qué cara podrían juzgar a Paola V. por alquilar su vientre? Y, pasado el tiempo, ¿con qué cara podrían negarle el derecho a no tener un hijo más porque, de antemano, sabe que en este mundo será crucificado por el hambre y la analfabetización?

    No, no es suficiente con pedirle perdón a esta mujer.

    Inevitable preguntarse mirándonos a un espejo: ¿Qué será de la vida de Paola V.?

   ¿Cómo sucederán sus “día de la madre”?

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