Desde siempre escuchamos que Mendoza está erigida en medio de un desierto, y nos mentira, el 97% del territorio provincial es un secano. Pero la pregunta es, más allá de los oasis creados por el hombre para vivir, siempre hubo una pulseada entre la tierra productiva y la del desierto (curiosamente aprendemos que también produce)

Por Luis Martínez, Redacción Jornada

Este es el dilema, pelearle a la desertificación o aprender a hacerla producir como ocurre con la ganadería de tierras áridas.

Pero como siempre es bueno empezar por el principio. Entonces, ¿qué es la desertificación?:

La desertificación es la degradación del suelo en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas ocasionada por distintos factores, como las variaciones climáticas y las actividades humanas. Tiene su origen en factores físicos, biológicos, políticos, sociales, culturales y económicos.

La desertificación en Argentina

Las tierras secas ocupan el 70 % del territorio nacional y se ven afectadas por el manejo ganadero, forestal o agrícola no sostenible; la deforestación y el uso inadecuado de los recursos hídricos. Los factores que llevan a la pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos pueden ser la erosión hídrica y eólica, la disminución de la cobertura vegetal y de la productividad de la vegetación natural y la alteración del ciclo hidrológico.

¿Cuáles son las consecuencias negativas sobre la población?

La migración, el abandono de tierras, la pobreza y la marginalización, además de un desequilibrio territorial y ambiental. Todo esto afecta la calidad de vida de las poblaciones, que en el país es cercana al 30 %.

La degradación de la tierra

La erosión hídrica y eólica es uno de los procesos principales de degradación de la tierra. Aproximadamente un 12 % de la superficie del país presenta tasas altas de erosión, concentrándose en zonas áridas/semiáridas con fuertes pendientes y baja cobertura vegetal tales como Patagonia, Cuyo y NOA.

“Las tierras en riesgo de convertirse en desierto representan las tres cuartas partes de la Argentina, y en ellas se genera la mitad de la producción agrícola ganadera. Eso, por sí solo, justifica medidas para recuperar el suelo. Tenemos el 40 por ciento de los animales y las plantas en riesgo de extinción, y si se continúa al ritmo de 250.000 hectáreas de bosque nativo taladas por año, en 2036 nos quedaremos sin ese paisaje”, dijo Elena Abraham, científica del Cricyt-Conicet en las Convención de las Naciones Unidas.

Nos pareció interesante abordar el tema y aprovechamos que, una científica de tal importancia es mendocina, y la contactamos en “Juntos de mañana”, el matinal de radio Jornada (FM 91.9). Siempre es interesante el incorporar conocimiento y, además, no ocupa lugar.

Nos dijo “lo que hemos hecho nosotros con nuestras tierras secas es degradarlas a través del tiempo restándoles gran parte de su capital natural y social y eso es la desertificación, o sea, lo hemos empobrecido. Y lo hemos empobrecido porque hemos atacado el bosque nativo, hemos sacado los algarrobos, hemos sacado los retamos, y bueno, lo hemos empobrecido grandemente, hemos dejado gran cantidad de suelo desnudo, hemos sobrepastoreado, hemos puesto demasiado ganado, y, fundamentalmente, a la gente que vive en este territorio la hemos dejado sin agua. Entonces lo que hemos logrado es un ecosistema que está totalmente deficitario en sus funciones vitales y no puede recuperarse solo. Lo que hay que hacer ahí es intervenir para que el territorio, el paisaje recobre todas sus funciones y capacidades”.

Elena agregó “la degradación de la tierra por un mal uso se vence con conocimiento, con educación, con decisión política y con inversión y con planes”.

El diagnóstico en Mendoza

“Todos los ecosistemas de Mendoza están afectados  por la desertifiacion en distintos grados”, señaló contundente a la hora de pedirle un diagnóstico de la situación de la provincia Esto porque es el problema ambiental de las tierras secas. El territorio mendocino no cuidado y, castigado  va a empezar a arruinar, va a reducirse especies valiosas tanto animales como vegetales, va cambiando la fisonomía del paisaje. Hay que prevenir, hay que planificar y hay que ser muy racional en el uso de los recursos”, afirmó Abraham.

Lo dicho en reiteradas ocasiones, debemos tener un uso racional y equilibrado del agua y habrá que redoblar inversiones para el cuidado del agua, especialmente en la etapa de la distribución, para bajar el porcentaje de pérdidas y optimizar el sistema.


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