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Messi: de las sonrisas en Qatar al fastidio en París

Leo da muestras de no estar disfrutando en PSG. No se lo rodea en cancha lo suficientemente bien, a pesar de su esfuerzo. El ojo francés parece verlo en puja interna con Mbappé, quien no resigna protagonismo. ¿Cambio de aire en puerta?

 

15/02/2023 17:12
Un momento de incertidumbre. ¿Vale la pena seguir allí?
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El lenguaje gestual que -quizás sin darse cuenta- expresa Lionel Messi es un indicador de sus estados de ánimo sin necesidad de quedar sobreactuado. Fue, es y será así en ese ser humano de tres décadas y media, pero que no parece haberse alejado del niño que superó obstáculos y llegó a un patrón de excelencia que lo han acompaño durante la infancia, la adolescencia y la adultez.

Y Leo, desde el primer desahogo que llegó con la Copa América 2021 y se amplificó tras la Finalissima, halló su lugar en el planeta Messi que se construyó en Qatar apenas durante cuatro semanas.

La sonrisa Messi, al estilo gardeliano, fue una marca registrada en el ámbito de una cultura milenaria que descubría a un crack de carne y hueso, tal como si fuera uno más entre los mortales que día tras día desandan ese suelo árabe.

Sonrisa, y no carcajada estridente en modo maradoneano.

Porque en el fondo son iguales Diego y Leo en cuanto a provocar conmoción sea dónde y cuándo fuere, pero en las formas no: uno, exultante y verborrágico; el otro, medido y en tono ensimismado.

De ahí que cientos, miles y quizás millones que componen la afición futbolística hayan tomado con sorpresa aquellas frases viscerales que parecían propias de un entredicho en el colegio secundario: “¿Qué mirá bobo? Andá pa’llá”.

Independientemente de la simpleza del mensaje, al punto de que ni siquiera se lo puede calificar como un insulto, lo cierto es que hubo un Messi bisagra en la percepción externa de lo que podría denominarse un estallido interno ante una provocación ajena.

Y esos cientos, miles y quizás millones quedaron en la perplejidad de haber conocido a quien, en definitiva, se expresó como cualquiera lo hubiese hecho ante una disrupción poco menos que inesperada.

Y bien, reconstruyendo la historia de la conflictiva desvinculación del Barcelona en agosto de 2021, con todo lo que esto le implicaba emocionalmente, lo cierto es que las semanas siguientes hasta su acceso a Paris Saint Germain estuvieron plagadas de un despliegue mediático propio para una estrella artística y no solamente del ámbito deportivo.

Un momento, muy probablemente, de mirarse hacia adentro y empezar a darse cuenta del nivel de expectativa que había despertado en un club que ya contaba con un astro consagrado y encima campeón mundial con el seleccionado de su país, en 2018: Kylian Mbappé.

“Kiki” ya había dejado de ser el jovencito que había asombrado en Rusia 2018 y que ya apuntaba como predestinado a heredar el trono por el cual habían competido Leo y Cristiano Ronaldo durante más de una década.

Es cierto, también, que este Mbappé se había alejado de aquel que – en sus orígenes – había destacado ante un grupo de periodistas argentinos – entre quienes me encontraba – que no podía creer que le “habían ganado al equipo de Messi”, tal como señaló en la zona mixta del estadio de Kazán, luego del 4-3 en octavos em suelo ruso. Por entonces, la revelación de esa Copa del Mundo admiraba a Leo.

En la transición de la incorporación de Messi a PSG se reforzó la imagen identitaria de Mbappé con el club parisino. De hecho, en la capital francesa se practica este deporte pero es en la llamada “banlieu” – periferia – donde el fútbol ejerce una atracción que transvasa lo deportivo para convertirse en claramente una experiencia sociocultural.

Y “Kiki”, de ascendencia camerunesa y argelina, representa mucho más que un futbolista. Se trata, ni más ni menos, que de un descendiente de africanos que – como tantos otros – llegaron a suelo gala para construir un modelo de vida diferente al de sus lugares de origen.

Mbappé, entonces, se encamina a ser el mejor jugador del mundo, definitivamente, cuando Leo ya deje de jugar, mientras Cristiano prefirió las ganancias multimillonarias en Arabia Saudita antes que cerrar su carrera compitiendo en los máximos niveles profesionales.

PSG cayó ante Bayern Munich y complicó sus chances de clasificación

El destino movió sus piezas para que en la gran cita qatarí volviesen a encontrarse los dos astros máximos que tiene el fútbol de elite en estos momentos. Basta observar la imagen principal para percibir cómo cada uno pasa cerca del otro sin mirarse -siquiera- en un momento previa al comienzo de la gran final en el Lusail Stadium.

Más allá del protocolo y de que ambos son referenciales dentro de cada Selección, lo cierto es que Qatar quedó casi dos meses atrás y que la realidad del hoy marca que Paris Saint Germain atraviesa un momento sinuoso y sin que la luz aparezca al final del camino.

En este febrero quedó eliminado en la Copa de Francia, su liderazgo en la Ligue 1 ya no tiene tantos puntos de distancia con sus perseguidores más cercanos y, sobre todo, su gran objetivo de ganar por primera vez la Champions League atraviesa un campo minado luego de la derrota como local ante Bayern Munich (0-1), por lo que deberá torcer el resultado cuando el próximo 8 de marzo visite a los alemanes en el Allianz Arena del equipo muniqués.

En la prensa francesa, el tan prestigioso como emblemático diario deportivo L´Equipe calificó a Messi con un 3, un aplazo que pareciera marcarle al argentino mucho más que el solo juzgarlo por un partido.

Hay, desde ya, un sesgo taxativo en el modo de juzgar una performance que – si bien Leo no brilló – parece exagerado tildarlo de fracaso dentro del campo de juego. De hecho, trató de armar circuitos de juegos en vez de esconderse y por cualquier parte de la cancha que transitó estuvo buscando asociarse para gestar una acción que pudiera convertirse en desequilibrante.

Veámoslo desde otro lado: Messi atraviesa un estado de gracia con La Selección y en pocos días volverá a la Argentina para ofrendar al hincha un tributo que compense las frustraciones previas hasta que estas fueron suplidas por las victorias sucesivas frente a Brasil (2021), Italia (2022) y Francia (2022).

Vale refrescar que Messi tiene contrasto con PSG hasta el 30 de junio de este año. Y que, quienes lo conocen muy de cerca, intuyen que Estados Unidos – sobre todo el Inter de Miami, gerenciado por David Beckham – puede convertirse en un destino más tranquilo y menos tumultuoso que el París de hoy.

Y si citamos a EEUU, también se lo liga a que será la sede de la Copa América 2024, que Leo podría jugar con 37 años de edad. Y que – sigamos con la especulación esperanzada – qué mejor final para su carrera internacional sería jugar en 2026 su sexta Copa del Mundo; récord absoluto para un futbolista en competencia.

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