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El superclásico de los DT: los aciertos de Martínez y el mensaje confuso de Demichelis

El entrenador "xeneize" fue versátil y cambió a tiempo, mientras que su par del "Millo" desprotegió zonas clave y le faltó reacción para modificarlo

21/04/2024 20:16
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Que los partidos los ganan o pierden los jugadores es una verdad de perogrullo que está instalada en el fútbol desde siempre.

Nadie podría objetar la dimensión de tal afirmación, pero bien vale darle un valor agregado: quienes eligen a los futbolistas son los entrenadores y les encomiendan qué función deben cumplir en el campo de juego.

Y es aquí donde vale detenerse, porque un superclásico implica un punto de contacto con una realidad que va mutando en forma progresiva hasta necesitar que cada cabeza del respectivo cuerpo técnico cuente con un apoyo de asesoría permanente de sus ayudantes y que esto se visibilice dentro del desarrollo de un encuentro.

En este duelo sin red que significa un Boca/River o River/Boca, como se prefiera, máxime de carácter eliminatorio, el grado de apertura a las modificaciones in situ que demostró Diego Martínez fue mucho más abarcativo y saludable que lo evidenciado por su colega Martín Demichelis.

El director técnico "xeneize" demostró rapidez de reflejos para enmendar tácticamente la deficiencia en el sector central de la cancha cuando River Plate sacó ventajas rápidas con el gol de Miguel Ángel Borja los 9 minutos de juego. 

La lectura táctica del DT de Boca Juniors se puso en práctica para evitar que se repitiese el modelo de construcción de acción colectiva que encontró a volantes y atacantes de River lanzados en velocidad para el uno contra uno frente a los defensores auriazules.

Ajustar los espacios entre Pol Fernández y Equi Fernández fue la clave para repartirse el ancho de la cancha, pero - a la vez - generar juego desde el primer pase y contar con el apoyo de salir por los laterales que ofrecieron Luis Advíncula y Lautaro Blanco

Con esta simple modificación en lo táctico, también quedó más liberado Kevin Zenón para construir en el armado y lanzarse en posición de ataque sabiendo que Miguel Merentiel podía meter diagonales y Edinson Cavani atacar el espacio entrando y saliendo del área.

Boca fue creciendo desde su mediocampo y cerrándole a su adversario los espacios de construcción del ataque, ya que tanto Andrés Herrera como Enzo Díaz podían ganar metros por sus respectivos extremos pero no hallaban cómo construir circuitos en la triangulación corta con algún volante o atacante que se les acercase.

Esta perspectiva le dio confianza a su equipo para ir posicionándose sobre campo "millonario" y, así, escalar hacia posiciones de penetración al área o yendo a los extremos para luego enviar el centro atrás; de hecho, el empate llegó de esta manera, con una proyección a fondo de Advíncula que derivó en un pase hacia el punto penal y encontró libre a "la Bestia" para que este lograse rematar sin oposición cercana.

Lejos de encontrar una respuesta equivalente por parte de Demichelis, en el segundo tiempo se agudizó la lectura táctica del conductor de los de La Ribera respecto de la respuesta que era esperable de su par de Nuñez, aunque - en este caso - la reacción no apareció.

De hecho, el aprovechamiento de dos errores defensivos - el despeje corto de Herrera y el espacio sin cobertura del sector izquierdo, poco después - provocaron que delanteros de la experiencia y astucia tanto de Cavani como de Merentiel se fabricaran los espacios libres amagando entrar o salir a la zona de definición sin cobertura defensiva que se los impidiese.

La sucesión del segundo y el tercer gol boquense encontró al sector defensivo riverplatense sin encontrar las respuestas que, sobre todo, debían llegarle desde el banco

A esa altura, Boca pudo haber aumentado y darle cifras de goleada a lo que ya se presumía como un triunfo sin vestigios de ser neutralizado.

Quedará en Demichelis el saber responder por qué Claudio Echeverri se fue tan rápido de la cancha, como así también, lo poco que el ataque le generó espacios a Facundo Colidio para que este pudiera pesar en el área rival.

 En definitiva, Diego Martínez contó con lucidez y determinación suficientes como para modificar aspectos del planteo táctico en pocos minutos y con una rapidez de reflejos propia de quien se anima a cambiar en vez de apelar a la tozudez.

"Micho", en cambio, acaba de comprarse un problema: apostar a un plan A es tener convicciones, sí, pero variarlo dentro de un mismo partido es no caer en la ceguera de que el contrincante supo hallarle los puntos flojos y, así, los supo explotar.

 

 

 

 

 

 

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