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Ahí viene, aquí está Maradona

Ahí viene Diego. Está, aunque no esté. Se acerca, aunque no se acerque. Nos roza, aunque no nos roce.

Redacción
25/11/2021 09:16

Es Mano de Dios y botín zurdo a la vez. 

Y así se posa sobre nuestros hombros. Nos invita a sumarnos en ese barrilete cósmico y a emprender el vuelo sin rumbo fijo. 

Aceptamos, partimos y nos sumamos a esa gira mágica y misteriosa. En el país de los sueños, el Diez es el rey. 

Nunca supimos ni sabremos cuántos Maradona hubo, hay y habrá en Maradona. 

No importa, sino que nos miramos introspectivamente y deducimos quién de ellos supo acompañarnos. 

Quizás sea el niño pájaro cuyas alas se alzaron en Fiorito. 

Quizás, el abanderado de una causa reivindicatoria que transformó a Nápoles en su Fiorito. 

Quizás, quien elevó su puño derecho sobre Shilton y luego desparramó ingleses en diez segundos que transmutaron al Azteca en Fiorito. 

Diego fue el ángel y el demonio según quienes lo elevaron al Olimpo entre dioses o, por el contrario, quienes lo estigmatizaron con impiedad y alevosía. 

El destino de quienes generan revulsivos anida en esa moneda que se lanza al aire y al caer satisface a unos y decepciona a otros. 

Los ciclos maradonianos parecen reflejarse en ese espejo que ha sido la Argentina -por momentos tumultuosa o serena, pero igualmente impredecible-. 

Ese gen de la argentinidad se exhibió como nunca antes en Italia, con su tobillo hinchado abriéndole paso a la resonancia del triunfo ante el gran candidato brasileño o acallando los silbidos al himno ante la multitud enardecida en las tribunas -las manos de Goyco se sumaron a la gesta-. 

Ya no hubo mano divina en suelo estadounidense sino que fue la de una enfermera, quien lo condujo al cadalso mientras él supo, definitivamente, lo que expresó entre sollozos: "Me cortaron las piernas".

El descenso al inframundo de las adicciones, cuando le soltaron la mano quienes más debían protegerlo, lo internó en un tsunami de contradicciones y golpes bajos, sin que supiera cómo evadirse de esa cárcel con barrotes invisibles hacia el afuera pero tenebrosos para su supervivencia. 

"Yo me equivoqué y pagué" sumado a "la pelota no se mancha" provocaron que la intensidad de los latidos en la Bombonera se propagaran por el mundo como reflejo de su modo identitario de expresarse. 

Tampoco se le perdonó, entre quienes lo demonizaron, que haya mantenido su conciencia de clase y se convirtiese en un defensor de las causas populares, en un ambiente donde las estrellas provenientes del ámbito deportivo suelen ser absorbidas por la poderosa industria a escala planetaria. 

Un año atrás, exactamente, Diego se transformó en leyenda. 

Pero ahí viene, ahí está... haciendo que redoble su peso aquella frase de autor anónimo -aunque se la adjudiquen a Fontanarrosa-: "No me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía".

 

Tu mano hecha dios

Dame tu mano, hermano Diego. 

Dame tu mano, niño pájaro.

Dame tu mano, barrilete cósmico.

Dame tu mano, estrella incandescente.

Dame tu mano, milagro de Fiorito.

Dame tu mano, caño en La Paternal.

Dame tu mano, disfonía en la Bombonera.

Dame tu mano, santito de Nápoles.

Dame tu mano, rey en el Azteca.

Tu mano.

Tu mano te pido.

Tu mano.

Tu mano de Dios.

Dame tu mano, lágrima en Malvinas.

Dame tu mano, soldadito heroico.

Dame tu mano, destructor de piratas.

Dame tu mano, tu mano hecha pelota.

Dame tu mano, diez segundos de carrera.

Dame tu mano, diez segundos de obstáculos.

Dame tu mano, arquero desparramado.

Dame tu mano, grito visceral.

Dame tu mano, vengativa y redentora.

Tu mano.

Tu mano te pido. 

Tu mano.

Tu mano de Dios.

Dame tu mano, gambeteador de miseria.

Dame tu mano, enfrentador al odio serial.

Dame tu mano, tatuaje del Che.

Dame tu mano, astronauta sin traje.

Dame tu mano, nuevo vecino de Belén.

Dame tu mano, corona de espinas en el madero.

Dame tu mano, resurrección a cada minuto.

Dame tu mano, guerrero eterno.

Dame tu mano, estampita de carne y hueso.

Tu mano.

Tu mano te pido.

Tu mano.

Tu mano te pedimos.

Tu mano.

Tu mano te lloramos.

Tu mano. 

Tu mano te eternizamos.

Tu mano.

Tu mano de Dios.