Por Emilio Vera Da Souza, Redacción Jornada

Actualmente todos, o casi todos nosotros, tenemos posibilidad de sacar fotos gracias al acceso y a la calidad de las nuevas minicámaras digitales, a los celulares y a las computadoras.

Ahora, todos, absolutamente todos, vemos cotidianamente fotografías. En las publicidades, en libros, en diarios, en revistas, en Internet, en los envases de todos los productos de consumo masivo, en los plásticos de todas las credenciales y tarjetas magnéticas. En todo.

Detrás de cada imagen, hay una persona que sacó la foto, que eligió el momento, la luz, pero sobre todo decidió qué dejar fuera del recuadro. Todos sabemos eso. Todos podemos hacer eso.

Pero hay personas que lo hacen mejor, que se destacan en estas artes. Mendoza tiene lo suyo. Hay una buena escuela. Gente con una formación sólida. Con “buena madera”, como el italianísimo Cayetano Arcidiácono, que tiene unos blancos y negros admirados por todos. O el internacional Daniel Barraco, con una técnica famosa por su calidad. Jorge “Coco” Yáñez, referente del fotoperiodismo. Juan Tinelli, formador de nuevos colegas desde el club en Maipú. Están los académicos como Daniel Serio. Los intrépidos como Alejandro Álvarez. Los que se dedican más a las bodegas y los vinos como Federico García. O los montañistas como Pablo Betancourt. Los audaces como Marcelo Ruiz, que tiene una melena a lo afro. Los hay de todos tamaños y medidas. Muchos. Tantos fotógrafos para destacar que se me quedan varios fuera de la lista, cuestión sólo atribuible a la mala memoria propia, por lo que pido se me excuse.

Ahora concretamente quiero referirme a uno en especial. No es mendocino pero parece. Aunque nació al sur de Brasil, como gaúcho, Dedé Vargas (anotado en su documento de nacimiento como Andrés), vive y quiere a Mendoza como cualquier ciudadano local.

Repasando sus viajes, casi en forma azarosa, mientras ordenaba su material fotográfico, Dedé descubre una serie de semejanzas entre las imágenes tomadas en Potosí con otras previas hechas en Hanoi… Allí frente a su sorpresa puede darse cuenta que las casualidades no son tan casuales, sino que la memoria hace cosas maravillosas a veces sin la intervención de la razón.

Las imágenes de esos dos lugares tienen un correlato asombroso. Ustedes se podrán dar cuenta mientras las observan. La diferencia entre esos lugares era corroborarle. La distancia temporal entre los hechos de esta recorridas de Dedé Vargas, podrían pasar una auditoría con solo mirar los sellos en su pasaportes… lugares distintos, fechas lejanas. Sin embargo las fotos tienen los colores, los rostros, los espacios tan parecidos que parece sincronizados. Esa es la magia que aporta el arte de Dedé. Y por eso queremos compartir con todos ustedes.

Dedé Vargas se recibió de ingeniero civil a los 21 años en la ciudad de Porto Alegre y ejerció esa profesión por 10 años. Su vocación artística lo llevó a dejar de lado la ingeniería y dedicarse de lleno a la fotografía. 

Su tarea se complementa recorriendo países y culturas diferentes a través de sus viajes. Las imágenes de América, Europa, Asia y África son frecuentes en su trabajo documental y son parte de su portafolio. 

Colaborador del banco de imágenes “Getty Images” de Nueva York, a través del cual realizó trabajos para Microsoft, Lonely Planet, Vogue, Televisa, Adidas, Iberia y varios proyectos para empresas, promoción, documentales, eventos y multimedias. 

Como fotógrafo autor ha organizado varias muestras: ¿Hanoi o Potosí?, “Patagonias”, “Andes”, “Bahía bajo cero”, “Tailandia”, “Brasil” y “Los autos de Cuba”. Y también ha sido productor de muestras colectivas en Argentina y otros lugares del mundo. 

Dedé ha dedicado más de diez años de su vida en estas tierras a fotografiar los paisajes y recopiló ese trabajo arduo y muchas veces ingrato, en un libro que es una verdadera sorpresa para los ojos de los que aprecian el arte, el paisaje, nuestra geografía y los espacios por los que andamos casi sin ver detalles, por costumbre. 

El gaúcho Dedé trae los mejores colores y los pone delante nuestro para que admiremos lo que de otro modo nos parece una escenografía común, algo rutinario y sin brillo. 

El ojo de Dedé nos deja pensando y pensando… Cómo es posible que alguien pueda señalarnos lo que es tan evidente para nosotros pero que parece invisible, al punto de que algunos llegan a dudar si algunas de esas imágenes no pertenecen a otros paraísos más fantaseados que reales.

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MENDOZA NATURAL EN UN SOLO LIBRO.

El libro de fotografías de Dedé Vargas se llama “Mendoza Natural” y tiene textos de la querida Luisa Valenzuela, de nuestro columnista lujanino ilustre Rodolfo Braceli, del ilustrador y humorista Miguel Rep y una reseña de Carola Álvarez, más algún texto al pie y una descripción casi geográfica de Emilio Vera Da Souza. También han colaborado en el armado de ese interesante libro diseñadores, artistas, maquetadores, técnicos y especialistas en variadas disciplinas que sería larguísimo de enlistar. Aunque sólo es justicia mencionar a un casi mecenas de estas tierras, sin cuya participación discreta no hubiera sido posible hacer este libro. Se trata de José “Coco” Tahan, un hombre sensible y generoso.

“Mendoza Natural” está para que puedan admirar las bellezas que encierran sus páginas. Allí nuestra tierra dice por sí misma, con sus colores e inmensidades, con sus cielos y artificios. Allí podemos darnos cuenta por qué los mendocinos y quienes nos visitan se enamoran sin remedio de este duro espacio del mundo.

Dedé Vargas con su libro Mendoza Natural… en algún lugar del mundo…

Entre las páginas del libro hay palabras de Rodolfo Braceli, que describe así la tarea de Vargas: “Dedé Vargas, ¿fotógrafo o pintor? En todo caso, como fotógrafo, pinta. No lo conozco, no lo he visto en acción, presiento que atesora la ciencia de esa paciencia que hace falta para atrapar cierta luz crucial, única”.

“Con esa preciosa tenacidad captura para liberar: las fotos le suceden con colores palpitantes, tienen pulso esos colores. Creo que Fernando Fader se demoraría ante esa foto del caballo sobre la tela natural de Uspallata…, dice Braceli.

el público recorre la muestra mirando imágenes de ¿Hanoi o Potosí?

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¿Hanoi o Potosí? el interrogante de un fotógrafo por el mundo

Me fascina el humano, su vida cotidiana, sua alegrías, sus necesidades, sus costumbres, lo palpable de la humanidad de cada uno de nosotros.

“Mi delirio es la experiencia de cosas reales”

La idea de ¿Hanoi o Potosí? Nace a partir de dos viajes, independentes entre si, en que mi único objetivo era conocer las costumbres de Bolivia y Vietnam. Nunca tuve la idea previa de comparar estas dos culturas. Surgió a partir de las semejanzas de las identidades que fui recorriendo y viendo a medida en que conocía cada lugar.

Texturas, colores, pieles, matices iguales. A la vez que el tiempo y la geografía son tan distantes, tan alejados como oriente y occidente, todo eran tan real y parecido.

Vi, viví de una forma muy personal, en cada uno de los viajes, las identidades ancestrales sin tantas influencias. Pueblos que sigue viviendo con sus costumbres de hace siglos.

Muestra ¿Hanoi o Potosí? previa a la inauguración

Musica: De Ushuaia a La Quiaca / Gustavo Santaolalla

Las comparaciones fueron inevitables…

Visitar una feria popular en el pueblo de Sapa, al norte de Vietnam, frontera con China fue como estar en la feria de Paria, un pequeño pueblo de Bolivia. Comidas típicas, venta de animales, herramientas para el trabajo artesanal del campo, etc. 

Tanto la gente como los lugares no estan maquillados para el turismo, son tan simples como reales y cotidianos. 

Las semejanzas volvían una y otra vez a cruzarse. 

De regreso a Mendoza mi trabajo no podía, no puedo, no mostrar y contar que, desde lo más originario de las costumbres, a miles de kilómetros, Hanoi y Potosí – Bolivia y Vietnam -están conectados, comparten todas estas similitudes que pude ver, oler, retratar y poner a disposición de quien quiera compartir desde las imágenes esa experiencia, acercando nacionalidades tan distantes en geografía y tan próximas en la fotografía. 

Dedé Vargas

Dedé Vargas.

PRODUCCIÓN y REDACCIÓN: Emilio Vera Da Souza. GRÁFICA y EDICIÓN: Juan Frías