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En la actividad deportiva de las infancias prima el aprendizaje y no el exitismo

¿Qué es ganar y qué es perder? Una pregunta que debe tener una respuesta abarcativa y no sujeta al triunfo o la derrota como hechos determinantes

 

Redacción
06/04/2024 09:24
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Por Ana Laura Roitman, psicóloga especializada en deporte y deportista.

 

Quienes han transcurrido por el mundo del deporte han presenciado, lamentablemente, escenas en las que niños/as deportistas son colocados en lugares poco saludables: se les grita, se les humilla, se les critica, se les burla, se les exige por demás, se los compara…las personas adultas que acompañan tienen un rol muy importante, primero como sostén afectivo pero además garantes de que la experiencia deportiva pueda ser una más caracterizada por la felicidad, la alegría y el aprendizaje que por el dolor, la humillación o los gritos.

Esto parece sencillo y una obviedad, pero refleja el cambio de paradigma que mira a niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho. Y es por este motivo que es de suma importancia acompañar a quienes acompañan a encontrar la manera de construir su rol en los caminos intermedios entre acciones que motivan y aquellas que terminan generando presiones, más de las que ya existen por las condiciones del deporte.

En el deporte prima el aprendizaje. En primer término se conocen las dimensiones del campo de juego, el espacio, luego cuáles son las reglas y las normas que ordenan lo que sucede allí. Se aprende también sobre cómo vincularse con otros y con el propio cuerpo. Pero uno de los grandes aprendizajes que trae el deporte es que allí se aprende a ganar y a perder. 

Ahora bien, aprender a ganar o a perder remite a un saber sobre lo que es ganar y lo que es perder, tener conocimientos y sentires vinculados con lo que implica ganar o perder. Saber de la frustración ligada a la pérdida y de la alegría ligada a la victoria. Pero estos conocimientos son generales y se han construido desde lo que socialmente y, desde la óptica del mundo adulto, es ganar o perder. 

Es necesario acompañar a las infancias en las nuevas y propias construcciones de lo que puede significar ganar o perder, pero ¿qué es aquello que se gana al ganar y que se pierde al perder?

Perder puede referir a que algo que se es propio se desprende, a que algo que era propio le es robado, a que algo se ha extraviado…Hay que acompañar y dar lugar a que niños y niñas desplieguen sus propias definiciones e ideas. Perder muchas veces, es doloroso, así como dar lugar a la palabra es, muchas veces, sanador. 

"Ganar y perder es también parte de la vida", señala la especialista.

Ganar y perder es también parte de la vida, es también un aprendizaje. En el deporte es, quizás, más evidente ya que queda patente en un tanteador, pero, mientras definimos aquello que se gana y aquello que se pierda como algo más allá del tanteador, puede aprenderse mucho en el deporte.

Lamentablemente es frecuente que los adultos significativos de los niños deportistas se comporten de una forma en la que el acompañamiento se vuelve una carga más que una ayuda, un mandato de eficacia más que la posibilidad de disfrutar de una actividad recreativa. Cuando dicho mandato es sobrevalorado en comparación a la posibilidad de disfrutar del deporte encontramos importantes consecuencias, no solo en el vínculo que este niño podrá establecer con el deporte, sino también en su vida cotidiana.

El exitismo, convertido en el nuevo “gran valor” de los tiempos actuales, hace que se escuche en el día a día de los niños y niñas -y de los no tan niños también- el uso de la palabra “perdedor” como un insulto. 

No podemos dejar de pensar en cuántas dificultades puede acarrear para un niño la constante presión de cumplir con estas expectativas, en cuán doloroso puede tornarse el camino cuando la única posibilidad permitida por los adultos es la obtención del éxito.

Niños a los que sólo se les marca el error, solo podrán equivocarse.  Niños de los que sólo se espera la “respuesta correcta”, también quedan entrampados, porque lo que no se posibilitan son las opciones: puro error, puro acierto, no hay términos medios.

Este proceso termina por convertirse en un círculo vicioso; sólo focalizar en el resultado nos hace perder de vista el proceso y los recorridos en los cuales finalmente residen los aprendizajes. Es allí en donde cobra particular relevancia el rol del psicólogo del deporte, y la necesidad de trabajar el factor mental en el deporte, muchas veces dejado de lado.

Aunque sea tan sólo ayudar a generar la pregunta en el sujeto, esa pregunta que le permita alejarse de aquel mandato que no fue cuestionado, que no fue pensado, que muchas veces ni siquiera fue percibido como tal.

La ética del psicoanálisis debe hacerse presente aquí, pudiendo pensar a esos sujetos niños dentro de un funcionamiento que muchas veces los mantiene amarrados, defendiendo su subjetividad, defendiendo la salud. Este es el desafío del psicoanálisis: ayudar al sujeto en este cometido.

Edición periodística: Fabián Galdi

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