Por Mauricio Runno


 
El capitalismo creativo o la “filantropía catalítica”, según la descripción de Bill Gates, siempre se plantó ante el globo terráqueo asegurando que la economía impondría las reglas. Ese era su reaseguro ante cualquier crítica o posibilidad de disenso. El dinero ha estado por encima de la política y especialmente de una visión humanista tendiente al desarrollo armónico. 

Si la caída del Muro de Berlín significó para el mundo el fin del siglo XX y el término de una guerra nuclear en un mundo dividido por dos bloques, la pandemia a causa del Covid-19 bien podría ser el acabóse de la globalización como idea del poder concentrado en pocas manos.

La globalización conquistó también a los comunistas extraños del mundo: rusos y chinos festejaron por igual la liberalización de los mercados. Rusia dejó el prejuicio de sus magnates culposos y ahora ya son parte de una geografía mundial de nuevos ricos. Los chinos fueron aún más osados: se transformaron en la fábrica del mundo, la factoría que producía más barato que todos y allí, entonces, fueron las empresas del planeta, para capturar ese gran mercado, pero también para producir lo que luego vendían en otros países tres o cuatro veces más caro, en el mejor de los casos.

Todos le decían globalización. Y cantaban loas, capitalistas y comunistas, ensalzados por negocios bestiales. Nunca fue tan fácil comprender que era más conveniente ser socios que enemigos.

Este fin de fiesta no fue provocado por la política, ni los países emergentes ni movimiento social alguno. El extraño coronavirus ha sido más que suficiente para acabar con la ilusión de todos. Y todo se pondrá a consideración una vez que el bicho pueda ser domado. Surgirán nuevas voces y sujetos políticos. Y nada podrá remitir al pasado, es decir, a lo ya probado. ¿Cuál es hoy el valor de citar a Reagan, Gorbachev o Perón? ¿Por qué insistir en lo que fracasó?

Bill Gates recomienda trabajar desde casa

The Nation es la revista más antigua que se publica en Estados Unidos, fundada en 1865. Es parte de la historia de Occidente. Su próximo número amenaza con destapar a Bill Gates con números escandolosos sobre aportes y subsidios. Es un golpe a la filantropía contemporánea, pero también una investigación que va más allá.

El anticipo más polémico se centra en dos párrafos de la nota, insisto, más allá de los números del trabajo de investigación. Los reproduzco:

“Gates supervisó un cambio en su fundación para aprovechar todas las herramientas del capitalismo para conectar la promesa de la filantropía con el poder de la empresa privada”.

“El resultado ha sido un nuevo modelo de caridad en el que los beneficiarios más directos a veces no son los pobres del mundo sino los más ricos del mundo, en el que el objetivo no es ayudar a los necesitados sino ayudar a los ricos a ayudar a los necesitados”.

Lo interesante es que la estructura de poder también aplica a países.

Pero, sin duda, lo más interesante, es que un virus casi imperceptible puede terminar con esto. Y los privilegios derrumbarse como un castillo de naipes. Tal cual conocimos la globalización.