En una furia iconoclasta e incomprensible arrasan con todo, como en la canción de Serrat. Al diablo con la cuarentena, intervenir Vicentín es revivir a Lenin, si alguien rompe silobolsas la culpa es del gobierno, se grita que está en peligro la democracia, que habría ataques a la libertad de prensa…mientras, claro, se niega lo obvio: las más de 20 detenciones por espionaje ilegal, donde ya hay múltiples confesiones que confirman los hechos.

Por Roberto Follari, Especial para Jornada.

  No logran mayor éxito: tienen un núcleo minoritario que los escucha, pero para la mayoría de la sociedad es oir llover. No parecen saber que para las personas de cualquier clase social, lo primero es no morir por la pandemia. Es cuidar la vida y la familia. Sólo luego se escuchará los lóbregos cantos de quienes pretenden desesperadamente agitar la opinión pública y acabar la paz social.

  Absurdo es decir que no hay libertad de palabra, cuando se lo dice en programas de tv abierta que ven millones de argentinos. Absurdo es acusar de supuesto totalitarismo a un gobierno que apenas puede desplegar mínimos planes, entre la gravedad de la pandemia y la negociación por la deuda que dejó el macrismo. Torpe es echar culpa de actos de vandalismo con las silobolsas (que todos los años ocurren y son de índole policial) como si fueran actos políticos. Ridículo es hablar del peligro de expropiaciones múltiples cuando se habló de un solo caso, Vicentín, hoy investigado por el poder judicial de Estados Unidos y el de Paraguay, además del nuestro, y donde existe un enorme desfalco contra el erario público. Y lo del peligro para la democracia, denuncia a quienes lo dicen: Sebreli –que se olvida las palabras mientras habla-, Casero, Brandoni y hasta el cómico Acosta son parte de esta “troupe” que junto a Bullrich o a Fernando Iglesias, se dedican a apostrofar a los otros por lo que ellos hacen: atentar contra el orden democrático, con un lenguaje que recuerda obviamente a Bolsonaro, Le Pen, y otras derechas de dudosa convicción respecto a democracia y pluralismo.

  La población los escucha poco, a pesar del rintintín interminable de los medios adictos, expertos en disimular la enorme saga del espionaje que está sintetizada en 12 causas penales (2 de ellas para María Eugenia Vidal). La mente ignora las cosas cuando son inaudibles. Nadie habló ni habla, por ej., de cómo La Volpe perdió para Boca Juniors un campeonato prácticamente ganado, dilapidando puntos de modo insólito en los últimos 3 partidos. Fue tan inconcebible, que hoy se habla de que La Volpe vuelva a Boca, y nadie dice que eso es extraño: no hay palabras para eso, como no las hay para enfrentar seriamente qué pasó con los llamativos seis goles a Perú en el Mundial que la dictadura logró usar para sus fines (salvado, claro, que nuestros futbolistas no tuvieron que ver en ello). No se habla.

  Así, de la causa de espionaje no se habla. Ello es no sólo por disimulos mediáticos ostensibles. Es que cuesta admitir que Majul se vea implicado como partícipe en algunas de las operaciones de la AFI. Que a Santilli hasta le hayan metido una espía dentro de su casa. Que hayan puesto una bomba a un miembro del propio gobierno. Que se armara con fiscales y jueces, causas truchas para perseguir opositores al macrismo, que se llenara de micrófonos clandestinos las cárceles para espiar a los presos –sobre todo los políticos-, que se apretara y echara jueces que no “obedecían” órdenes del Ejecutivo, que se desprestigiara públicamente a quienes no se avinieran, al límite de que en algún programa de tv llamaran a que los compañeritos de escuela insultaran a un niño por ser hijo de un juez (Freile) que no quería “colaborar”.

  Es intolerable. Por eso tanto silencio. Igual, los “defensores de la democracia”, en vez de pedir la investigación de los casos, salen a defender a Nieto, secretario de Macri que se atrincheró en su auto mientras lo allanaban, para manipular su celular. La estrategia de los abogados de los espías es clara: no niegan los casos –hay demasiadas pruebas de ellos-, sólo dicen que la responsabilidad es de los jefes: de Ruiz, Arribas y Majdalani. Arribas, es sabido, dependía directamente de Macri, sin ministro intermedio. Los abogados hacen como los de los represores de la dictadura: se cumplían órdenes ilegales, porque otros los mandaban a cumplirlas. Discutible que eso sea excusa suficiente, pero claro el mensaje: los hechos ocurrieron, y la responsabilidad es de los jefes políticos del macrismo.

 Por eso, el ridículo: Juntos por el Cambio saca un documento contra las causas penales, pero en esas causas… son querellantes muchos de Juntos por el Cambio!! Rodríguez Larreta, Santilli, ahora Vidal y hasta el desencajado Wolf. Ya, como en Cambalache, están todos en el mismo lodo, y varios han sido a la vez promotores del espionaje, y víctimas como espiados.-

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