El gigante asiático es el primer país del mundo en poner en marcha un programa de vacunación experimental contra la covid-19 entre su población civil

China está entre los países que se encaminan por lograr desarrollar una vacuna que prevenga la covid-19 y devuelva el mundo al lugar que ocupaba en enero de este año, cuando la pandemia estalló en la ciudad de Wuhan. Cuatro de sus proyectos se encuentran en la tercera y última fase de ensayos clínicos: uno desarrollado por la biológica CanSino –beneficiario de la primera patente–, otro por Sinovac y dos más por Sinopharm –que prevé su comercialización para antes de finales de año por menos de 120 euros–. Sin embargo, su Gobierno no ha esperado a que concluyan las pruebas para comenzar su aplicación: China lleva más de un mes vacunando a sus “trabajadores civiles esenciales”.

Así lo aseguró Zheng Zhongwei, miembro de la Comisión Nacional de Sanidad, durante una entrevista concedida el pasado sábado en horario de máxima audiencia a la televisión estatal CCTV. Zheng enmarcó esta decisión dentro de un “programa de acceso de emergencia” que se remonta al pasado 22 de julio, aunque no reveló cuál de los prototipos está siendo empleado. De este modo, el gigante asiático se convierte en el primer país en poner en marcha una campaña de vacunación experimental entre su población civil, dado que su equivalente ruso no empezó hasta este mismo mes.

Durante su intervención, Zheng defendió la gestión. “Hemos preparado una serie de planes que incluyen formularios de consentimiento médico, seguimiento de efectos secundarios, rescates y compensaciones para asegurar que el uso de emergencia está bien regulado y monitorizado”. Esta posibilidad está contemplada en la Ley de Vacunas y desarrollada por un protocolo aprobado por el Consejo de Estado el pasado 24 de junio, el cual permite que soluciones que todavía no han recibido la licencia definitiva de las autoridades competentes sean empleadas en individuos con alto riesgo de ser infectados. No obstante, el secretismo con el que se ha llevado a cabo la operación denota la cautela del Gobierno.

La legislación establece que esta debe ser inoculada primero en grupos especiales, entre los que se cuentan los trabajadores sanitarios de primera línea y los funcionarios. Dicho movimiento pretende asegurar que una ciudad puede seguir funcionando en caso de que se produzca una crisis sanitaria. La Comisión Nacional de Sanidad se plantea ahora extender este programa piloto a más participantes. Según reveló Zheng, algunos de los colectivos propuestos son aquellos que se desempeñan en mercados mayoristas de alimentación –foco original de los brotes anteriores en Wuhan y Pekín–, así como trabajadores del transporte y la industria. La propia Sinopharm, por su parte, ya ha comenzado a distribuir su prototipo entre su plantilla. A día de hoy se desconoce el número total de vacunas que se han aplicado al margen de los ensayos clínicos.

Estos, mientras tanto, prosiguen con su calendario. La mayor parte de las pruebas están siendo realizadas fuera del país, dado que los casos en suelo chino no son suficientes. El Gobierno ha logrado doblegar el virus por medio de la combinación de testeos masivos, confinamientos selectivos y rastreos a partir de Big Data. De acuerdo a sus siempre dudosas cifras oficiales, China ha reportado 43 nuevos contagios en las últimas 24 horas, todos importados, lo que supone el noveno día consecutivo sin transmisiones domésticas. Solo 971 infecciones permanecen activas (1%) tras registrar un total de 90.205 hasta la fecha. Los ensayos clínicos, por tanto, se encuentran repartidos por el globo en países como Argentina, Perú, Marruecos, Baréin y Emiratos Árabes Unidos.

Un “bien público para todo el mundo”

Durante un encuentro virtual con la Organización Mundial de la Salud celebrado el pasado mes de mayo, el líder Xi Jinping aseguró la vacuna china sería “un bien público global” una vez que esté terminada, adelantando su voluntad de compartirla. China ya ha prometido acceso prioritario a países cercanos como Rusia, Brasil, Filipinas e Indonesia. Cabe añadir a esa lista a las naciones de la cuenca del río Mekong –Vietnam, Camboya, Tailandia, Laos y Myanmar–, a los que el primer ministro Li Keqiang prometió un programa de vacunación específico durante una videoconferencia mantenida ayer con sus respectivos mandatarios.



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