La situación sanitaria del vecino país es dramática

Días atrás la Organización Mundial de la Salud alertó que el foco de la pandemia de coronavirus se había trasladado de Europa a América Latina y ahora en Chile pasa lo que semanas atrás pasó en España y en Italia. Los médicos tienen que elegir. Ante el inminente colapso del sistema sanitario.

“Estoy esperando qué cama se me va a desocupar para elegir a la persona precisa, que sea más indicada”, dijo a un canal de televisión la doctora Claudia Vega, jefa de la Unidad de Cuidados Intensivos del centro ubicado en Maipú, al suroeste de Santiago.

 “Que Dios me ilumine en esto y en base a la literatura que hemos visto, porque hay sugerencias a nivel internacional”, sostuvo para luego afirmar “Estamos sin disponibilidad de camas críticas, no tenemos más ventiladores. Estamos al límite”. Y así pasa en casi todo el país.

Chile en las últimas 24 horas sumó casi 5000 nuevos infectados, alcanza los 73.997 contagios y los 761 fallecidos.

Cabe recordar que el Gobierno de Chile tuvo que rectificar su actitud, en la que prevalecía el espíritu económico ante el sanitario al rechazar realizar un confinamiento nacional para no cerrar de forma total la economía. Por esta razón, la administración central eligió aplicar “cuarentenas selectivas y estratégicas”. Lo que se realizaron fueron restricciones que se imponen y se levantan en cada comuna o ciudad a partir de los nuevos contagios que se van produciendo con el correr de los días.

El ministro de Salud Jaime Mañalich, hace 15 días, fue quien anunció el cambio en la estrategia ante el rotundo fracaso: “La medida más severa que debo anunciar es una cuarentena total en el Gran Santiago”. Allí, se encuentran más del 80% de los contagiados a nivel nacional. “El mes de mayo está siendo muy duro con nuestro país y tenemos que tomar las medidas adecuadas en el momento oportuno para poder contener esta enfermedad”, finalizó.

El coronavirus ahonda en las desigualdades de Chile. El impacto de la pandemia amenaza con dilatar las profundas brechas sociales de un país que desde octubre encadena meses de protestas masivas contra la precariedad, las diferencias de clase y el poder político. La fuerte represión que el gobierno de Sebastián Piñera lanzó por todo el país tras el estallido social del 18 de octubre de 2019, al costo de 3 mil 800 heridos, 32 muertos a manos de efectivos policiales y militares y más de 11 mil detenidos, miles de ellos aún en las cárceles: acallar la protesta y sacar a la ciudadanía de las calles.

El lunes 27 de abril, los chilenos debían haber amanecido con los resultados del histórico plebiscito sobre una nueva Constitución, la fórmula consensuada para apaciguar el estallido popular que ya había dejado la producción en una situación delicada. Pero la consulta tuvo que ser aplazada por la emergencia sanitaria.

Hoy vemos como, desesperado por la crisis, el Banco Central de Chile ha solicitado al Fondo Monetario Internacional (FMI) una línea de crédito flexible (FCL) de 23.800 millones de dólares para prevenir los efectos negativos en su economía que está causando la crisis sanitaria de la pandemia del coronavirus.

 Aquel estallido social y la debilidad del estado ante el manejo de la pandemia, pusieron a Chile al desnudo ante el fracaso de su modelo económico de exclusión, de adoración del mercado, modelo tan admirado por varios argentinos.

Es valioso rescatar un concepto de Diego Ancalao Gavilán, del diario digital chileno El Mostrador, en una columna sobre la crisis en el vecino país:

“La pandemia ha vuelto a develar lo que somos y las debilidades del modelo de desarrollo que se ha construido a la medida de unos pocos. Han bastado unas cuantas semanas para hacer tambalear todo el andamiaje de una economía sustentada sobre una gran mayoría que vivía en la ilusión de sentirse parte de una “clase media emergente”, cuando en realidad experimentaba una pobreza disfrazada de supuestos éxitos y oportunidades. El “buen vivir” es una llamada a la unidad, al afecto social, a la fraternidad humana y a la reciprocidad, es incompatible con la exclusión y la desigualdad del Chile actual. Recurramos una y otra vez a la sabiduría de nuestros pueblos originarios y recordemos ese viejo aforismo Aymará: “Que todos vayamos juntos, que nadie se quede atrás, que todo alcance para todos, y que a nadie le falte nada”.