El origen del nombre responde a dos versiones, la conocida es que esta calle era usada por los huarpes que pescaban bagres, pejerreyes patagónicos y percas, y vendían los frutos del agua a los criollos y españoles de la Mendoza colonial. La otra versión es casi desconocida. Cuenta de portugueses que fueron hechos prisioneros por los españoles en el siglo XIX y en esta tierra se dedicaron a la pesca en las lagunas cercanas a la ciudad. Es continuación de la calle Coronel Díaz y límite entre los departamentos de Capital y Las Heras.

Los huarpes usaban canoas de totora, tal vez una influencia cultural de los quechuas que anduvieron por estos lugares, para pescar en las lagunas y bañados que en tiempos pasados estaban bien cerca de la incipiente ciudad.


Los huarpes fueron diestros pescadores, desde sus canoas, desde la orilla y también cazadores de aves acuáticas usando técnicas muy originales, como la de sumergirse en el agua escondiendo sus cabezas dentro de caparazones ahuecados de calabaza para poder, de ese modo camuflados, acercarse a sus presas. Después la creciente necesidad de agua de una ciudad que se hacía cada vez más grande fue mermando el caudal que abastecía la zona y las lagunas se fueron secando. Desaparecieron los peces y el trigo, y lo que fue una zona rica en flora y fauna se fue transformando en secano.


Es paradójica la actitud de los mendocinos. Nos regodeamos de ser luchadores contra el desierto y de haberlo vencido, pero, para crear el vergel norte de la provincia creamos un desierto donde, hasta entonces, había un vergel. El pasado de Mendoza está ligado a las lagunas del norte. En los primeros mapas cartográficos que hicieron los españoles al llegar la importancia principal se la llevaban las lagunas y las riquezas que encerraban.


La calle Pescadores es un lugar y un nombre que evoca un pasado remoto, un sitio que la vida del valle usó para alimentar la vida, pero también un recuerdo a ese pueblo que lentamente fuimos cubriendo de olvido.