Como cada año desde 2010, el 24 noviembre es un día especial para la industria vitivinícola argentina.

Como cada año desde 2010, noviembre es un mes de brindis y celebración para la industria vitivinícola argentina, ya que cada 24 de este mes se celebra el Día del Vino Argentino, con motivo de su declaración como Bebida Nacional por Decreto Presidencial 1800 (2010).

Argentina es el único país vitinícola en el mundo que declaró a su vino como bebida nacional. 

A diez años de esta fecha, y con el objetivo de celebrar el valor cultural que tiene el vino y la vitivinicultura, su arraigo con la tierra y su rol en la identidad de los argentinos, la unidad ejecutora de Pequeños Productores de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) organizó una serie de festejos online en todo el país, con fechas confirmadas desde Jujuy a Ushuaia, que comenzaron en Mendoza y culminarán el 25 de noviembre con una Fiesta Central. Todo en forma virtual y con transmisión en vivo desde el canal de YouTube de Pequeños Productores.

La Malbec es la cepa más representativa del país ya que encabeza la cantidad de hectáreas plantadas con esa variedad: más de 43 mil. Si bien la Torrontés es la única uva nativa, la Malbec se distribuyó en todas las regiones obteniendo excelentes resultados.

“Este año tan particular para Argentina y para el mundo nos propuso distintos desafíos que nos llevaron, en este caso, a repensar el formato de nuestra celebración anual con los pequeños productores y utilizar una modalidad de brindis online, pero en la que sin duda toda la cadena, desde los productores primarios hasta los consumidores, se congregan para afirmar que, definitivamente el vino nos une”, afirmó la ex presidenta y miembro del directorio de Coviar a cargo de la unidad ejecutora de Pequeños Productores, Hilda Wilhelm de Vaieretti.

El Vino Argentino, Bebida Nacional

La institución del vino como Bebida Nacional -la primera en el mundo, posteriormente confirmada por Ley Nacional 26.870- representa múltiples beneficios directos al producto vino, como así también beneficios indirectos a toda la cadena y a todos los productos de esta industria.

Así, desde la difusión de las características culturales que implica la producción, elaboración y consumo de vino argentino y sus tradiciones; la promoción del desarrollo de las economías regionales a partir de acciones relacionadas con actividades de servicios vinculadas al sector vitivinícola; la presentación de los numerosos, diversos y maravillosos paisajes vitivínicolas de nuestro territorio nacional; o la revalorización de los recursos humanos asociados a la producción desde el viñedo hasta la comercialización, entre otros.

EL vino argentino en números

Hace 20 años la superficie cultivada con vides en el territorio argentino la concentraban Mendoza y San Juan. Hoy, la vitivinicultura argentina se extiende en 19 provincias, casi la totalidad del territorio nacional y con una calidad del vino alta, aún con condiciones de suelo y clima que, en algunos casos, son desventajosas.

Hay 223.585 hectáreas cultivadas con viñedos: Malbec, Cereza, Bonarda, Criolla Grande, Cabernet Sauvingnon, Syrah, Pedro Giménez, lo que representa el 3% de la superficie mundial y posiciona al país en el quinto lugar como productor de vinos en el ranking global.

La Argentina exporta vino a 127 países, siendo Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Brasil y Países Bajos los mayores importadores.

La industria vitivinícola genera más de 106.000 puestos de trabajo de manera directa y 280.000 de forma indirecta. Son más de 17.000 los productores que cosechan las uvas para las más de 900 bodegas que abastecen el mercado interno como externo.

El vino es cultura y es historia

El vino es parte de nuestra identidad y de nuestro ser nacional. Aparece en cuadros, en poesías, en tangos, en la literatura, en epopeyas.

Basta recordar la anécdota del General San Martín que cuenta Manuel de Olazábal en sus memorias. San Martín, siendo gobernador de Mendonza, ofrecía a sus comensales comparar los vinos mendocinos con los vinos extranjeros, aunque previamente invertía el contenido de las botellas.

-“Vamos a ver si están ustedes conformes conmigo sobre la supremacía de mi mendocino”. Sirvió primero el de Málaga con el rótulo «Mendoza». Los invitados dijeron que era un vino rico pero que le faltaba fragancia. Enseguida, se llenaron nuevas copas con la etiqueta «Málaga» y a viva voz dijeron “¡Oh!, hay una inmensa diferencia, esto es exquisito, no hay punto de comparación”.

San Martín ponía en cuestión, una vez más, la falaz creencia de los criollos de que lo extranjero siempre es mejor.

Mitos

Ocho de cada diez argentinos y argentinas toman vinos tintos, blancos, espumosos, rosados, dulces, secos; los toman a 12ºC o 18ºC, solos o diluidos con agua, con soda, o con hielo. Si bien muchos lo consideran un sacrilegio, la costumbre de diluir el vino es tan antigua como vino mismo. Tanto en Argentina como en Uruguay se da la particularidad de diluir el vino porque cuando llegaba el vino en barcos, después de más de treinta días de viaje y más de 30ºC, empezó la costumbre de diluir el vino con agua, hielo o soda. Eran vinos muy alcohólicos para poder tolarar tantos días de viaje en altas temperaturas.

Para el sommelier Diego Di Giacomo hay que romper los mitos acerca del vino. El vino debe tomarse de la forma que el consumidor mejor lo disfrute. No existen cepas, ni terruños, ni marcas, ni altos precios, ni estilos de vino que determinen si un vino es bueno o no lo es. Es subjetividad al máximo, por lo tanto, variable de un individuo al otro.

“Hay que sacar al vino de ese lugar de entronización y bajarlo al mundo común. Hay romper con la idea de que uno tiene que agarrar un copa de vino y saber el año, la uva, la madera del barril. Todo eso es mentira, es muy subjetivo. Cierto es que cuando uno más sabe, más puede disfrutar lo que está haciendo, pero no es necesario saber teorías de los vinos sino más bien si la práctica, ir moldeando tu propio paladar. Para conocer de vino hay que tomar vino”.

En la década del ‘70 se llegó a consumir en el país 90 litros per cápita. Hoy en día el consumo es de 22 litros. Para el sommelier, uno de los motivos de la baja en el consumo fue que «con el boom del vino, a principios de los años ’90, al vino se lo representó como algo snob, se lo convirtió en algo difícil, entonces las generaciones jóvenes empezaron a hacer un viraje a la cerveza».

El Observatorio Vitivinícola Argentino identifica que “las principales variables que afectan al consumo de vino tienen que ver con el nivel de actividad económica como un determinante del consumo de vino; el precio de la cerveza, como principal sustituto de un importante segmento de precios del vino; y la variable inflación que afecta no solo a la capacidad de compra sino también que distorsiona los precios relativos. Estas tres variables explican en un 95% el comportamiento del consumo de vino en argentina”, que si bien el consumo de vino por hogar se redujo 3,5 litros entre 2015 y 2018, en los últimos 12 meses el vino recupera consumo en los hogares.

“Los enólogos de la vieja escuela le reclaman a los enólogos más jóvenes que con vinos de 300, 500, 800 pesos al público, cualquiera puede hacer un buen vino, pero el desafío es hacer vinos buenos para la base de la pirámide, que es lo que realmente sostiene el mercado, los tetra brick, los vinos económicos en botella”, sostiene Di Giacomo.