Despreciado hace un año por el Barcelona, aún en su memoria el momento en que Ronald Koeman lo apartó a los entrenamientos en solitario, Luis Suárez luce y gana en el Atlético de Madrid, con el que se tomó la revancha, goleador y asistente para doblegar con una facilidad expresiva de cuál es el momento de un equipo desfigurado

Porque el Barcelona tiene muchos problemas. Pero ninguno tan visible como su defensa. No hay una situación más dañina para cualquier proyecto o cualquier plan concreto para un partido, dinamitado por una estructura tan frágil que la mínima propuesta de su oponente la derriba con una facilidad impropia de este nivel.

El 1-0 fue en el minuto 23. La jugada retrata la realidad de los culés, un equipo que se deshace desde atrás, puesto en evidencia cada vez que tiene ante sí una acción ofensiva que exige más destreza que la simple colocación, que tampoco la tuvo. Ni velocidad ni reacción ni contundencia ni siquiera rigor.

Le ocurrió más veces antes del intermedio, también en otro lapsus parecido, que nunca falla y hoy falló Luis Suárez, rehecho al borde del intermedio para culminar otro contragolpe. Una puede perdonar el goleador uruguayo, dos ya es muy extraño. Casi imposible.

Tras un pase desde su campo de Joao Félix, que lanzó solos a la carrera a Lemar y del uruguayo frente a Piqué, el ‘9’ se reivindicó frente al club con el que más brilló: aguantó el balón y batió a Ter Stegen, con Piqué bajo la línea, desesperado ya, tanto como su equipo o Ronald Koeman, finiquitado por Luis Suárez.


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