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“Argentina, 1985”: merecido camino al Oscar con un abordaje que generó polémica

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“Argentina, 1985”: merecido camino al Oscar con un abordaje que generó polémica

El filme ha generando expresiones favorables y desfavorables acerca del abordaje de un período de nuestra historia que empieza a ser revalorizado como lo que fue: un hecho absolutamente extraordinario, heroico podría decirse, sin parangón alguno en la historia universal

24/01/2023 17:36

Por Diego Barovero*

El anuncio de la candidatura de “Argentina, 1985” al Oscar como “Mejor película extranjera” ha producido un aluvión de expresiones de beneplácito así como también reavivó algunas controversias sobre las que este cronista ya se ha expedido, aunque no es ocioso reiterar algunas consideraciones que resulta oportuno compartir.

Desde finales de 2022, tanto con el estreno de la película de Santiago Mitre, como con la presentación del libro “Raúl Alfonsin. El planisferio invertido” (Edhasa) de Pablo Gerchunoff - magnífico ensayo biográfico que recomendamos vivamente - la socieda argentina ha abierto un debate, una suerte de revisión acerca de nuestro pasado político reciente , más precisamente sobre el período transicional a la democracia, próximos a cumplirse los cuarenta años desde la refundación republicana y democrática de 1983.

A mi juicio es lógico que ello suceda así, dado que lo aluvional de toda transición impide o dificulta por diversas razones que sea evaluado y analizado en tiempo real, ya que la Sociedad civil y la dirigencia, suelen encontrarse enfrascadas en la dinámica de lo coyuntural, distrayendo el foco respecto de lo importante por lo urgente.

Arriesgo además como hipótesis que la realidad que vivimos cotidianamente los argentinos resulta tan abrumadora que muchas veces la sociedad procura una suerte de ``escape a la historia'', un salto en la escala temporal  a momentos mejores, o más elevadamente inspirados, que nos sirve como placebo frente a los males de la actualidad.

Recuerdo alguna vez a mi respetado y querido amigo Daniel Larriqueta, economista e historiador, contarme que cuando se enfrascaba a estudiar un determinado período histórico, era como un escape de una actualidad de pesadumbre. 

La película `Argentina, 1985' ha servido de disparador para repensar una etapa, una parte acotada y breve, de esa transición argentina a la democracia centrada básicamente en la figura y labor de Julio César Strassera en el marco del llamado Juicio a las Juntas Militares que tuvieron a su cargo la máxima responsabilidad de conducción política de la Nación durante la última dictadura militar (1976/83).

El filme ha despertado una especie de reacción en cadena, generando expresiones favorables y desfavorables acerca del abordaje de un período de nuestra historia que empieza a ser revalorizado como lo que fue: un hecho absolutamente extraordinario, heroico podría decirse, sin parangón alguno en la historia universal ya que ninguna, absolutamente ninguna transición democrática de las muchas que pueden considerarse como ejemplo se basó en el cumplimiento estricto del compromiso electoral de la mayoría política liderada por el presidente Raúl Alfonsín, que condujo ese proceso sobre la base de la búsqueda y conocimiento de la verdad material de los hechos aberrantes producidos, la individualización de sus responsables y su sometimiento a un proceso judicial con garantías y finalmente su respectiva condena y cumplimiento efectivo.

La Argentina puede ser el país de las paradojas. Un hecho extraordinario que nos reconcilia con nuestra identidad y nuestra mejor tradición (relatado en el film)  puede terminar siendo un motivo de discordia y escándalo.

La película es, a mi juicio, correcta y como tal, un hecho artístico, un producto de elevada factura. Entran a jugarse sin embargo otros factores y otras percepciones de la realidad histórica que constituyen la materia sobre la que se basa el guion y el filme.

Mitre ofrece un relato cinematográfico adecuado, bien equilibrado y estéticamente impecable, si no se lo considera  (porque no lo es) un documental histórico.

Puede haber alguna injusticia, omisión o mención no precisamente ajustada a la realidad histórica que está trazada con pinceladas gruesas pero verosímiles,que  termina siendo motivo de quejas, reclamos y objeciones que ya no deberían ser motivo de análisis en este artículo porque ingresan en el terreno de la libertad de expresión y la pluralidad de opiniones.

Solamente me permitiré señalar que el producto cinematográfico no pretende erigirse en un filme de carácter documental que ante las evidencias señaladas precedentemente podrían deslegitimarlo. Suele observarse la omisión explícita del presidente Alfonsín, a cuya figura remite solamente una imitación en off detrás de una puerta a la que se dirige el fiscal antes de cortarse la escena. Tampoco se menciona explícitamente a la Conadep siendo que su recopilación de testimonios e investigaciones constituyó la base de la acusación por los crímenes que se juzgan. Sobre la desmedidamente injusta caracterización del ministro del Interior Antonio Tróccoli se han expedido familiares, amigos, colaboradores y correligionarios cuyas consideraciones en general comparto y a ellas me remito para no abundar.

Es, decíamos, una película, y como tal expresión artística y de ficción, cuyos contexto y caracteres se imbrican en la temporalidad histórica relatada pero no precisamente para hacer de registro histórico.

Es una excusa, un motivo, un disparador inteligente para que los ciudadanos que vivimos ese tiempo sin advertirnos de lo trascendente del momento lo asumamos debidamente. Y es también -lo digo como docente de colegio de enseñanza secundaria- una notable oportunidad para las generaciones más jóvenes que no solamente no lo vivieron, sino que su acercamiento a dicho tiempo histórico les fue escamoteado o tergiversado por innobles y antojadizas reescrituras de nuestra historia como cobertura de una sesgada versión de lo que para ellos sería la prehistoria de la democracia. Así como la generación a la que pertenezco aprendió la revolución de Mayo o la organización constitucional como un relato, en el filme hay algo más que relato: `Argentina, 1985' nos sirve para darle carnadura a la enseñanza de este trascendente e imprescindible momento de nuestra historia.

Entendamos que ese periodo fundacional de la democracia implicó además la aceptación de valores hasta entonces controvertidos, que terminaría siendo un cambio copernicano para nuestra cultura política: la renuncia a la violencia, el respeto a la dignidad humana, la aceptación de la existencia del adversario, la competencia electoral y soberanía popular, la vigencia del orden jurídico, la división de poderes, la majestad de la justicia.

Por eso merece verse esa película, o volver a verla si fuera el caso, despojados de todo prejuicio. Será muy difícil no emocionarse, porque en definitiva será como mirarnos en un mágico espejo que nos devuelve una imagen del deber ser o de lo que quisimos ser como sociedad, en un hiato de nuestra compleja y contradictoria historia sociocultural. Ojalá sea porque queremos volver a serlo. Independientemente de que gane (ojalá que si) el máximo galardón de la industria del cine.  
 

* Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano.