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Candela Giarda, la nena que iba a morir y por milagro del Papa Juan Pablo I sanó

13/10/2021 09:38

Por el 2011, Candela tenía 10 años cuando los médicos que la atendían la habían desahuciado. “No podemos hacer nada más por ella. Se muere esta noche”, le decían a Roxana, su madre

Esta mañana se dio a conocer que el Vaticano reconoció como un milagro la curación inexplicable de una niña argentina que en 2011 se encontraba en estado vegetativo en la Fundación Favaloro. Luego de ser desahuciada por los médicos, su madre empezó a rezar a Juan Pablo I y, de la noche a la mañana, la situación de Candela Giarda se revirtió totalmente.

Gracias a la investigación de las periodistas de Infobae, Nunzia Locatelli y Cintia Suárez, se pudo conocer el testimonio de las protagonistas del milagro que convirtió en beato de la Iglesia Católica al Papa Juan Pablo I.

QUIÉN ERA JUAN PABLO I

Albino Luciani fue hombre récord, al ocupar el cargo de Papa por tan solo 33 días. El día de su muerte en 1978, fue sepultado en medio de dudas y teorías conspirativas que aluden a la mafia italiana, la logia P2 y el Banco Vaticano. La versión oficial difundida por la periodista italiana Stefania Falasca, vicepostuladora de la causa de canonización del Papa Juan Pablo I, sostiene férreamente en su libro Papa Luciani, cronaca di una morte que la defunción se produjo por infarto agudo del miocardio. Sin embargo, existe un mafioso que se adjudica su muerte y asegura haberla llevado a cabo por encargo de su tío, el cardenal Marcinkus.

UNA VIDA PARA CANDELA

En 2011, Candela Giarda viajó casi 500 km en ambulancia, desde su Paraná natal hasta la Fundación Favaloro. La niña padecía una encefalopatía grave, por lo tanto iba intubada. En la camioneta la acompañaban su mamá, un médico y una enfermera.

“Candela hizo una vida normal hasta los 10 años, que fue cuando se enfermó. Empezó con dolor de cabeza. Yo pensaba que era porque necesitaba anteojos. La llevé al consultorio del pediatra y del oftalmólogo, pero nadie sabía decir qué tenía, porque el único síntoma era el dolor de cabeza. A la semana, Cande comenzó a desmejorar, hasta tener vómitos y fiebre. Cuando la llevé a la guardia, me dijeron que estaba incubando un virus. Cada vez iba empeorando más, hasta que en la madrugada del 27 de marzo de 2011 la llevé al hospital pediátrico de Paraná y quedó internada en terapia. En pocas horas pasó a estar en coma y probaban con distintos anticonvulsivos, pero nada funcionaba“, expresó la mamá de Candela, que no se separó ni un minuto de su hija. Roxana Sosa trabaja hace más de 20 años como empleada en un casino de Paraná. Siempre vivió en Bajada Grande, un barrio obrero. Tras la sorpresiva enfermedad de su hija, la vida de Roxana dio un drástico vuelco.

Candela Giarda, el Padre José Dabusti y Roxana Sosa: los protagonistas de la historia

Roxana decía que peregrinó por sanatorios, hospitales y distintos centros de salud de Entre Ríos, pero nadie sabía explicarle qué tenía su hija. La monitoreaban permanentemente, le hacían electroencefalogramas las 24 horas, placas todos los días, resonancias, tomografías. Nada alcanzaba para detectar en qué consistía su rara enfermedad. Incluso, cuando ingresaron a la Fundación Favaloro, no había un diagnóstico preciso. Años después, los especialistas concluyeron que la patología era FIRES (síndrome epiléptico por infección febril), una enfermedad de las consideradas raras, que afecta a una persona en un millón, casi siempre sin posibilidad de sobrevida.

“Desde que llegamos a Favaloro, Cande empeoró en vez de mejorar. No tenía expectativas de vida. Hasta me dijeron que volviera a Paraná para que muriera en mi casa”, recordó Roxana, conmocionada y con lágrimas. Los especialistas le decían que, si acaso sobrevivía, la niña iba a quedar en estado vegetativo, ciega.

Foto de Candela y Roxana en el hospital

LA INTERVENCIÓN DEL PADRE JOSÉ

La noche más horrible fue la del 22 de julio de 2011, cuando la doctora Gladys la abrazó y le dijo: “No podemos hacer nada más por ella, Cande se muere esta noche”. En ese momento, Roxana decidió pasar por la iglesia a la que siempre iba a rezar, la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, ubicada a metros de la clínica. Allí había conocido al Padre José Dabusti, quien la contenía en esos dramáticos días. “Aquella noche entré y le pedí que fuera a verla. Cuando se acercó a la cama de Cande, rezó y me indicó que pusiese las manos arriba de ella y se la encomendó al Papa Juan Pablo I”. Aunque no sabía nada acerca del Papa, Roxana confió en lo que le proponía el sacerdote y, sin dudarlo, se aferró a él sabiendo que era el último recurso. Se quedó sola al pie de la cama de su hija, esperando que transcurrieran las horas.

Como por obra de magia, unas horas después de invocar a Juan Pablo I, la niña empezó a evolucionar de manera favorable. Los médicos, las enfermeras y el personal de salud no podían acreditar lo que estaba sucediendo en ese momento. Hasta que su vida no corrió más peligro y abandonó la terapia intensiva. Menos de veinticuatro horas después de haber estado con neumonía, dura y blanca como nunca antes, comenzaba a recuperar sus capacidades vitales. Para su madre, solo hay una posible explicación: se trata de un milagro. Roxana afirmó: “Los milagros existen, y yo lo vi con Cande”.

Candela tiene ahora 21 años, cursa una tecnicatura en Seguridad e higiene animal en la universidad, y también tiene un emprendimiento de venta de miel. Siempre está rodeada de sus perros Fausto y Peter. Este último, en especial, fue un bastión importante en el proceso de recuperación. Si bien la joven atribuye su sanación a la intercesión de Juan Pablo I, no tiene recuerdos de ese momento de su vida. Prefiere hablarnos de su pasión por el deporte y de la meticulosa dieta alimentaria que lleva día a día para cuidar su cuerpo y su salud. Atrás quedaron la medicación, las terapias y la rehabilitación: En la actualidad, Candela no toma ningún medicamento. Ha superado para siempre esa dura etapa de su vida.

Candela tiene hoy 21 años, cursa una tecnicatura en seguridad e higiene animal en la universidad

En esta charla de las periodistas y las protagonistas de la milagrosa historia, se sumó el Padre José Dabusti, que viajó exclusivamente desde Buenos Aires. Tras varios años de no verse, se reencuentra con Candela y Roxana. Ante la pregunta de por qué encomendó a Candela al Papa Juan Pablo I, sostuvo: “Más que devoción, yo le tengo mucho cariño a Juan Pablo I, que es un Papa desconocido”. Y agregó: “Cuando tenía 13 años, me impactaron su imagen, su sonrisa, su humildad. Dije ‘vamos a rezarle a él’ y al otro día hubo una mejoría completamente inexplicable en Candela”. Cuenta que tenía la convicción de que había que dar a conocer este milagro, pero no sabía cómo llevar adelante una causa como esta.

El Padre José le escribió una carta al Papa Francisco, en la que le contaba lo que había pasado. Se la envío a través de su hermano, que viajaba a Roma. “Mi hermano se la dio en mano. Un tiempo después, me llamaron a la parroquia desde el Vaticano. Era un obispo que me hablaba en italiano y me decía que tenía en sus manos el caso. Me dijo que hiciera un racconto de la historia y que además debía recopilar el material del caso. Desde Roma solicitaron la mázima precisión sobre la clínica y la epicrisis, con el detalle de la situación de salud de Candela, puntualmente los cuatro días previos a que rezáramos a Juan Pablo I”, manifestó. 

El exhaustivo proceso canónico siguió su curso. Una de las instancias fundamentales por las que pasó el milagro de Candela fue la de la Comisión Médica que, en este caso, dio una sentencia positiva unánime. En la siguiente instancia, los teólogos también dieron su veredicto positivo. Hace apenas unas horas, los cardenales, reunidos en Roma, reafirmaron que se trata de un milagro. Por último, el Papa Francisco ha declarado con su firma a Juan Pablo I como beato de la Iglesia. De esta manera, 43 años después de su enigmática muerte, el nombre de Albino Luciani vuelve a resonar. Esta vez lo hace camino a la santidad, gracias a un milagro sucedido en un punto recóndito de la Argentina. Argentina, tierra de milagros.