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131; perdón, 132 milagros conseguidos aquí abajo, en la Tierra

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131; perdón, 132 milagros conseguidos aquí abajo, en la Tierra

La mejor noticia del año y de lo que va del siglo 21 nos llegó en el vértice que separa el año 2022 y el 2023. La mejor noticia florece cada vez que las Madres Abuelas de Plaza de Mayo anuncian al mundo entero, que ellas han parido a otro Nieto. A quienes se queden leyendo esta columna los invitaré a cantar una canción prodigiosa.

02/01/2023 10:33

La mejor noticia del año y de lo que va del siglo 21 nos llegó en el vértice que separa el año 2022 y el 2023. La mejor noticia florece cada vez que las Madres Abuelas de Plaza de Mayo anuncian al mundo entero, que ellas han parido a otro Nieto. A quienes se queden leyendo esta columna los invitaré a cantar una canción prodigiosa.

A cantar, ¿por qué? Sencillamente, porque se nos canta. La canción que propongo sin duda les producirá cólicos de corazón y de cerebro a los simpatizantes argentinos  del señor Bolsonaro. Traducido: a los amigos y amigas de la mano dura, de las balas por la espalda, del gas pimienta, de los “interrogatorios persuasivos”; a los racistas, xenófobos, homofóbicos, en fin, a los violadores de las vidas y de las muertes.

Hacía tiempo –desde el junio de del 2019–, que no aparecía otro Nieto privado de identidad. El Nieto 131 aquí está entre nosotros. Ya sabe cómo se llamaba su madre, Lucía Ángela Nadín, y su padre, Aldo Hugo Quevedo. Mendocinos los dos, estudiantes en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, militantes del PRT. Antes de cantar nuestra palpitante canción, reflexionemos sobre lo que significa la parición de 131 seres cuya identidad fue secuestrada a partir del año 1976 después de Cristo. Las criaturas robadas –muchas afanadas desde la placenta– fueron alrededor de 500. Más de 350 todavía viven sin saber quiénes fueron sus padres, ni cómo se llaman. Se trata de seres secuestrados por más de cuatro décadas. Cada vez que uno o una aparece se produce un milagro. Pero no un milagro caído del cielo, sino de un milagro sembrado aquí, en la tierra, mediante la búsqueda sostenida día y noche, sin fiestas de guardar ni feriados, por las Madres Abuelas: las parteras de la memoria.  

Esta semana Estela de Carlotto anunció la presentación del Nieto 131. Eso pasó el jueves 22 de diciembre de 2022. Todo se realizó, como de costumbre, con inalterable discreción, con extremo cuidado y delicadeza. La agrupación de Hijos viene alzando una frase que merece ser pensada: “Lo imposible sólo tarda un poco más”. 

Imaginemos la hondísima alegría que trajeron los 131 anuncios. Dicho sea: la alegría es mejor que la felicidad. ¿Por qué? Porque la “felicidad” suena a discurso publicitario y la “alegría” tiene el olor emocionante de la harina amasada con las manos amorosas que nos traen panes caseros con el semblante dorado por el noble fuego.

Para dimensionar este nacimiento, tras 45 años de búsqueda, sería saludable afrontar preguntas incómodas. Tratándose de un secuestro, ¿cómo procederían los medios y periodistas estelares si, por ejemplo, el secuestrado fuera un nietito de Susana Giménez o de Mirtha Legrand? Supongamos que ese secuestro se extendiera por el espacio de 40, 45 horas. Diarios, revistas, radios, televisión harían una cobertura que rebalsaría nuestras horas. Ahora bien, observemos lo que pasa periodísticamente ante la aparición de un secuestro que duró no 45 horas sino 45 años. Pasa poco, casi nada. Y ese ninguneo es una obscena vergüenza. Mientras tanto en el mundo entero se valora la infatigable búsqueda de las “viejas locas”.

El Nieto 131 ha nacido a los 45 años de su edad, y ahora sabe, por fin, cómo se llama y quién es. Pero –reitero– hay una parte demasiado grande de nuestra sociedad que proclama aborrecer la “grieta” mientras vive entretenida con la nostalgia de la Mano Fuerte. Esa parte de la sociedad a la democracia la “usa” como condón o, si se prefiere, como preservativo. Prestemos atención a los dirigentes políticos que han acusado recibo con entusiasmo de la parición del Nieto 131. Y observemos los muy numerosos que no han dicho ni mu.

Quienes hacen silencio sonoro, sean políticos, sean periodistas estelares, proceden así porque aborrecen la gran buena noticia, porque no toleran la memoria alumbradora. Y encima se quejan de la “grieta”. Qué hipócritas.

Pero no nos olvidemos de nuestra decisión de cantar. Siento que en esta canción nos van a acompañar la Negra Sosa, Gieco, la Rinaldi, Heredia, Páez, Solari, la Jury, la Violeta, la Liliana Herrero y muuuchos más, codo a codo con las “viejas locas”, las parteras de la Memoria, las que tienen la costumbre de quedarse a vivir más allá de sus 90 años. Eso, porque tienen que seguir buscando.

Nuestra canción, dice así:  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 90, 91, 92, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 99, 100, 101, 102, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 109, 110, 111, 112, 113, 114, 115, 116, 117, 118, 119, 120, 121, 122, 123, 124, 125, 126, 127, 128, 129, 130, ¡131, perdón, 132!!!!! 

Quejosos, decimos: “Lo que pasa es que aquí no hay ejemplos”. ¡Cómo que no! Ahí están ellas, las eternas parteras. ¿Qué sería de nosotros si ellas, las Madres locas, no existieran?/ ¿Qué quedaría de nosotros si ellas no hubieran salido a alumbrar la más eterna de las noches?/ ¿Qué sería de nosotros? ¿Qué?/ ¿Estaríamos de pie o en cuatro patas?/ ¿Estaríamos?

Ellas son ejemplo para nosotros y para el mundo entero. Ellas nos enseñan que la paciencia no es resignación. Y nos enseñan el optimismo de la memoria. Y nos enseñan que la fastidiosa memoria es el modo más porfiado de la esperanza.

Brindemos por la enorme buena noticia. Brindemos, pero cuidado, sin olvidar que estamos en plena pulseada. Durmamos con un ojo abierto y el otro también. Y por nada del mundo dejemos la esperanza para mañana. Pero ojo, sin olvidar que la esperanza es un arduo trabajo.

Damas y caballeros, permiso: en la camiseta de la selección nacional hay una nueva estrella. En realidad se trata de 131; perdón de 132 estrellas más, a partir de las tres que se ganaron jugando con la que no se mancha.

* zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar