Es tema del cual nos cuesta hablar. Las discapacidades se ligan al dolor, a la posibilidad de que algún día nos toquen a nosotros, o a alguna persona familiar o cercana. Sobre todo, por el imaginario de la completud que nos alberga: seríamos los “normales”, mientras a ellos algo les falta.

Por Roberto Follari,Especial para Jornada

  Es cierto. Les falta algo más que a los llamados “normales”. Pero a todos nos faltan cosas. El ser hablante, el ser humano, es ser-en-falta. Si sos tímido te falta audacia, si sos audaz te falta aprensión, si sos rico te falta saber qué es ser pobre, y a la inversa.

  En esto último, claro, la exageración puede ser fatídica. Así la hemos visto con Los Pumas, que tanto nos han avergonzado. Uno de los posteos pretendidamente graciosos, planteaba: “Linda tarde para salir en el auto a pisar negros”. Brutal. Lo que la barbarie puede hacer desde la blanquitud y la pretendida superioridad de clase. Y el sentirse “completos”, perfectos.

  Completos, no los hay en lo humano. En el presente nos falta el pasado y el mañana. En el rojo nos falta el azul, y en el estar en Mendoza nos faltan Córdoba, San Luis y todo el resto del mundo. A todos nos falta. Si sabemos unas cosas, no sabemos otras. Si tenemos algunas, otras no tenemos.

  De modo que la discapacidad añade una falta, pero no pone a quienes la viven en un lugar de “definirse por la carencia”, pues en eso nos definimos todos. No necesitan nuestra lástima: son sujetos, seres deseantes, cuerpos que reclaman y laten. Que casi siempre pueden estudiar, viajar, trabajar, hacer deportes, tener sexualidad.

  Ha sido su día el 3 de diciembre. Y han renovado sus reclamos: de plena aplicación de la Ley de Educ. Nacional (año 2006) para que se los incluya –salvo imposibilidad definida- en las aulas de las escuelas a que van los demás niños y jóvenes. De acceso a trabajo: se necesita ampliar el número exigible a las empresas –se calcula un 15% de personas con discapacidad en la población mundial- y para que se cumplan las leyes ya en vigencia. Trabajar dignifica sus vidas y otorga una autonomía que reclaman con toda legitimidad, pues no quieren vivir tutelados por otras personas, o por el personal de salud (aún si este lo hace con la mejor voluntad).

  Este sábado se cierra un Congreso Internacional de Discapacidad, Género y Ciudadanía organizado desde Santiago del Estero. Realizado de manera virtual, ha congregado a más de 10000 participantes, dentro de una apuesta por la ciudadanización plena, y el llamado a un claro reconocimiento de derechos. Además de agregarse los de las mujeres -en un momento tan álgido donde se discute la interrupción de embarazos no deseados-, los de las personas con discapacidad son puestos en el centro: que se les cubran los gastos de salud, que puedan ejercer su sexualidad y sus afectos, que puedan realizar las actividades físicas que les sean factibles, que puedan pasear y tener recreación, que edificios y espacios públicos contemplen las condiciones para su transporte y manejo en áreas urbanas.

   Allí las universidades nacionales de Santiago del Estero y Tierra del fuego han participado: el Congreso logró apoyo de diversas instituciones provinciales y municipales. Figuras como Zaidel Jacobo (especialista de la UNAM, en México), Tristán Bauer (ministro de Cultura de la Nación), Viviana Páez (directora de Educ. especial en Tucumán), las muy conocidas Dora Barrancos y Adriana Puiggrós entre muchí[email protected] [email protected], han enriquecido las reflexiones del Congreso, exhibiendo su importancia temática y su nivel de conceptualización.

  Pero sobre todo, está allí el hálito de la vida de las personas con discapacidad. De sus sufrimientos y tristezas, sus gozos y sus logros. De su necesidad de ser felices. Porque son hijos, son hermanos, muchas veces padres, que viven y aman, y tienen derecho a mejores condiciones que les ayuden a ser. Porque carecen de algunas herramientas importantes. Porque igual se ilusionan, pelean, hacen su vida en los bordes del logro y los fracasos. Un acceso al logro que es tan difícil, tan lejano. Pero que buscarlo es tan humano, sin embargo. Tan de ser como ellos son, tan de ser como también nosotros, tan de ser carentes como –reflejados en ellos- todos somos.-   


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