Anna Kiesenhofer es la primera medallista de oro de Austria desde los Juegos de Atenas 2004

Anna Kiesenhofer no necesita pedalear un kilómetro más si no quiere. La austríaca ha logrado lo máximo. Es una ciclista relativamente desconocida que aparentemente de la nada ganó oro olímpico.

Es matemática de profesión con dos diplomas y un doctorado, que no pertenece a ningún equipo profesional de ciclismo, aunque probablemente ya estarán haciendo cola para conseguir firmarla a un contrato tras su sorprendente victoria en la competencia de ruta el domingo.

La ciclista de 30 años lanzó una increíble escapada solitaria, la sostuvo -con pulmones y piernas a punto de reventar- para llegar con más de un minuto de ventaja sobre la campeona mundial de 2019, Annemiek van Vleuten.

La ventaja de Kiesenhofer fue tan amplia que la neerlandesa no se dio cuenta que apenas había llegado de segunda, celebrando en la meta como su hubiese ganado, antes de afirmar: “Me equivoqué”.

En el ciclismo olímpico no se permite la comunicación por radio, como sucede en las carreras de ruta profesionales.

“Este es un ejemplo de lo que sucede cuando montas en una carrera importante como esta sin comunicación”, declaró Van Vleuten. “No creo que nadie le puso atención. Yo no la conozco. ¿Cuánto puedes equivocarte si no conoces a alguien?

Aunque su medalla olímpica en Tokio fue una sorpresa, Anna Kiesenhofer ya había dado señales de ser una ciclista que no se podía subestimar.

Tras estudiar matemáticas en la Universidad Técnica de Viena y luego obtener otro diploma de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, completó un doctorado en Cataluña en 2016, donde formaba parte de un equipo aficionado de ciclismo.

Actualmente trabaja en la Universidad de Lausana, Suiza, donde combina la investigación con la enseñanza.La austríaca había empezado su carrera ciclística en 2014, después de sufrir lesiones que le impidieron continuar sus aspiraciones como triatleta.Con su equipo catalán, basado cerca de Girona, ganó la clasificación general de la Copa Nacional Española en 2016.

Ese mismo año se inscribió en el Tour Internacional Femenino de l’Ardèche, Francia, que incluía una etapa con final de montaña en el icónico Mont Ventoux. En esta, Kiesenhofer logró alcanzar a un grupo escapado y luego atacó en la base de la montaña para ganar la etapa de 94,9 km con una ventaja de casi cuatro minutos. Terminó segunda en la general.

La siguiente temporada, a los 26 años, firmó con el equipo femenino de Lotto Soudal, pero después de una serie de abandonos se quedó sin contrato y se retiró del ciclismo durante un año.

Regresó al deporte como aficionada en 2019, ganando la carrera nacional de ruta y el campeonato contrarreloj de Austria, un título que ha repetido dos veces.

A pesar de estos resultados, Kiesenhofer llegó a Tokio 2020 sin un contrato profesional, pero ahora ha escrito su nombre en los libros de historia de su nación, la primera austríaca en ganar una medalla en una carrera olímpica de ruta y la primera en ganar una medalla olímpica en cualquier disciplina del ciclismo en 125 años.

Es probable que apenas se esté dando de la magnitud de su éxito, sin embargo, tras haber caido completamente exhausta al piso del circuito de la Pista Internacional Fuji, jadeando a medida que su cuerpo desgastado se enteraba de que finalmente podía parar.

“Simplemente estaba tratando de llegar a la meta. Mis piernas estaban completamente agotadas”, dijo.

“Nunca me he agotado así en toda mi vida. Casi no podía pedalear más. Sentí como si tuviera cero energía en mis piernas”.

“Es tan increíble. Realmente me he sacrificado mucho para hoy. No esperaba terminar así. Sacrifiqué todo aunque fuera por un puesto en las primeras 15 y ahora logro esto, por los sacrificios, es una recompensa justa, es increíble”.

Chris Boardman -campeón olímpico de persecución individual en Barcelona 1992 y analista de ciclismo de la BBC- comentó en ese momento que las probabilidades de éxito de una escapada de esas eran “una en mil”.

No obstante, perseveraron. Faltando 70 kilómetros, el grupo se redujo a tres -Kiesenhofer, Anna Plichta de Polonia y Omer Shapira de Israel.

La neerlandesa Van Vleuten, que había sufrido un horrible accidente que frustró sus aspiraciones en la carrera de ruta en Río 2015, cuando era la favorita, se escapó del pelotón en una persecución solitaria.

Atrás en el pelotón, como estrategia, sus compañeras de equipo no contribuyeron a acelerar el paso, pero Van Vleuten no pudo descontar la distancia con el trío de punta y fue cazada por el lote con unos 25 km restantes.

La carrera concluía con un largo circuito alrededor de una pista de carreras de autos y antes de entrar en esta, Kiesenhofer atacó dejando a Plichta y Shapira atrás.

Viendo a la polaca y a la israelí en la distancia, Van Vleuten y su equipo aceleraron el paso faltando unos 10 km, motivadas por una posible victoria, arrastrando al lote detrás. Van Vleuten atacó una vez más en los momentos finales, convencida de que llegaría de primera a la meta.

Pero Kiesenhofer, evidentemente luchando por no encalambrarse, continuó con potencia alrededor del circuito, mirando por encima del hombro sin ver ninguna rival cerca.

Después de cruzar la meta, cayó al suelo en lágrimas, estupefacta ante el resultado de la más grande victoria en su carrera, mientras Van Vleuten y Elisa Longo Borghini llegaban después de ella para reclamar la plata y el bronce.

La especialidad de Kiesenhofer en la contrarreloj, sumada a sus conocimientos matemáticos se ajusta perfectamente a su victoria por escapada solitaria tras un error de cálculo del resto del pelotón.

Antes de la carrera, Kiesenhofer se fundamentó en sus estudios para prepararse para los Juegos Olímpicos. Según el sitio CyclingNews, había publicado en Twitter un gráfico que demostraba su meticuloso proceso de aclimatación, anticipándose a las altas temperaturas de Tokio. Anna Kiesenhofer es la primera medallista de oro de Austria desde los Juegos de Atenas 2004.


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