Por Jorge Sosa      [email protected] 

Si por algo conocen a Mendoza en el mundo ese algo es el vino. En este momento en miles de lugares del mundo, alguien está brindando, alguien esta saboreando, alguien se está mamando con vinos mendocinos. Por eso dice la poesía mundana: si hay culpables de la fiesta / aquí están los mendocinos / nosotros somos culpables / de las curdas incontables de todos los argentinos.

Pero tenemos otras trascendentes que nos ponen en la consideración del mundo entero. Tenemos el Aconcagua que es el cerro más alto de América con su campamento base llamado plaza de mulas, un lugar de carpas cosmopolita que alberga a andinistas de distintas partes del mundo. Es una aldea incomparable que le pone al paisaje características distintas. El Aconcagua es subido por aproximadamente 5000 andinistas por temporada, con un promedio de estadía básico de cinco días, a razón de un kilo de popó diario por persona hacen 25 toneladas de popó por temporada, debe ser el cerro más popoteado de América.

Con sus 6962 metros, podríamos decir 7000 directamente, todavía se está discutiendo el significado de su nombre y tal vez nunca vayamos a saber cual es el más certero. Según algunos es voz aymara Aconca – Hue que significa monte elevado, o del quechua Ackon Cahuak, con el significado de centinela de piedra, pero también otros estudiosos, como Isidro Maza o Juan Carlos Rogé afirman que si bien es quichua pero compuesta por los vocablos Akun, cumbre muy elevada, ka otro u otra, y hua, temor o admiración. En todo caso otras de las cumbres muy elevadas, temidas o admiradas.

Pues bien se han cumplido 122 años de la primera ascensión. El 14 de enero de 1897 el suizo Mathias Zurbriggen pudo gritar de emoción desde su altura máxima.

Desde entonces la fama del cerro y su convocatoria han crecido sin descanso. Se ha formado con los años, una especie de comunidad especial en el Cerro. Un hotel, (uno de los más altos del mundo), el campamento base de Plaza de Iglesias o de mulas donde se reunen, gúias, cocineros, mozos, baqueanos, muleros, personal de limpieza, guardaparques, policías, todos viviendo en condiciones extremas de frío y de viento y en condiciones precarias de supervivencia.

Ahora hay equipos especiales que hacen más confortable la estadía, pero aún así yo he visto con estos humildes ojitos con que me proveyó la naturaleza, los sacrificios que deben hacer aquellos que se impusieron como meta la cumbre.

Es algo admirable que no cualquiera puede soportar. Pues bien, sigue creciendo el Aconcagua, este año hasta lo que va de la temporada se incrementó el número de visitantes y sigue creciendo.

Debemos cuidar y atender esta maravilla con la que fuimos provistos, porque si Argentina en el mundo se conoce por el Tango y Maradona, Mendoza en el mundo se conoce por sus vinos y por el Aconcagua.

En este preciso momento hay varios andinistas que están intentando la cumbre, ojalá que lo logren sin inconvenientes. Desde aquí abajo les mandamos nuestras felicitaciones, nuestros buenos deseos de éxito en el intento y no se desabriguen, muchachos, por favor.