UNO. El tipo no es muy conocido. Se llama Federico Álvarez Castillo, dueño de la marca de ropa masculina Etiqueta Negra. A este elegante macanudo se le ocurrió tirar desde un helicóptero un chancho vivo a su pileta ubicada en su propiedad en la exclusiva zona de José Ignacio, en las playas de Punta del Este.
No se conoce el motivo, ni la intención, ni la justificación de semejante divertimento.  Las imágenes de un video mientas el animal cae, se viralizaron, y rápidamente este hombre fue destinatario de todo tipo de apreciaciones repudiando esa acción violenta.
No sabemos si en Uruguay está contemplada en sus leyes la violencia ante seres indefensos y que claramente no pueden dar su consentimiento.
Hace un tiempo este empresario textil -uno de los más fervorosos defensores del neoconservadurismo en el gobierno-, dijo en su momento: “A la Argentina la manejaban los peores del grado. Quienes han sido presidentes de la Nación han mentido” (diario La Nación, en octubre de 2017). Ahora el figurín de la moda nada dice. Su silencio es bastante parecido a la impunidad.  Lo mejor de su clase. Un crack.

DOS. Los tradicionalistas gustan de lo gauchesco. Atributos que trasfunden a todo el país aunque la mayoría de esas tradiciones sólo son costumbres de la Pampa Húmeda.
No hay mucho gaucho como los que describe José Hernández por los bordes del país. Alguna semejanza, pero no tal cual. La máxima expresión de esas costumbres camperas de la pampa están representadas en el Festival de Jesús María, que transmite en directo el canal del estado Televisión Pública. Allí se puede ver cómo tratan a los caballos, cómo realizan las jineteadas, las domas, cómo imponen sus fuerzas a los animales y cómo intentan domesticarlos.
Este año las autoridades intentaron impedir que estos gauchos modernos ingresaran al festival portando facones. Se armó tal revuelo que no pudieron impedirlo. Varios animales sufrieron caídas con diversos grados de daño. Cuando un animal se lesiona, como la recuperación es difícil, lo que recomiendan es sacrificarlo para que no sufra.
Hace unos días, un jinete que participaba del “espectáculo” fue aplastado por el caballo que intentaba domar. El peso del animal lo mató sin posibilidad de escapar de esa situación. El jinete participaba de esa actividad en forma consentida. Los animales no pueden dar su consentimiento.

TRES. Los incendios en Australia quedarán en la historia como uno de los desastres más grandes de la humanidad. Luego de evaluarse los detalles por parte de científicos y profesionales expertos, seguramente se podrá concluir que la responsabilidad no será de la “cruel naturaleza”. Será de la (falta de) humanidad. Miles y miles de kilómetros de bosques y flora extinguidos por la acción extractiva al servicio del consumo inescrupuloso.
Millones de animales muertos. Especies completas extinguidas. Escenas de terror. Imágenes de tristeza inconmensurable. Animales suplicantes frente a la magnitud de la muerte.
Grupos de camélidos salvajes que no consiguen huir de las llamas, buscan frenéticamente comida y agua… pero no hay… La solución más “inteligente” que encontraron las autoridades es… matarlos a tiros.

CUATRO. ¿Qué les diremos a nuestros niños cuando nos pidan explicaciones?
¿Cómo podremos reparar tanto tanto tanto daño hecho?
¿Somos responsables aunque estemos lejos de esos casos?
¿Qué hacemos por acá cerca cuando somos testigos directos de la crueldad, la violencia, la acción directa de algunos crueles?
¿Podríamos hacer algo?
Hace calor en estos eneros en mi ciudad. Escuchamos a las personas quejarse. Todos padecemos de alguna manera, el calor, el cambio climático, la falta de agua, las dudas, la incertidumbre, la frustración y la ausencia de respuestas.
Sin atenuantes.

Como una muerte anunciada.