Es seguro que la leyenda del hombre lobo llegó con los conquistadores españoles, aunque es originaria de los pueblos fríos del norte de Europa, donde el lobo se enseñoreaba en sus bosques y estepas. Sin embargo, las culturas originarias tenían muestras de la simbiosis hombre – animal: el “hombre – cóndor” en los habitantes del altiplano; el hombre yaguareté, “el capiango” de la cultura guaraní; el hombre serpiente en las culturas mesoamericanas.

La leyenda del hombre lobo se desparramó por toda América y provocó muchas tragedias. La creencia dice que si una mujer tiene sucesivamente siete hijos varones, el séptimo nace maldito y se transforma en lobo o perro los días viernes (hay quienes hablan de los martes) de luna llena y a medianoche. Se lo representa como una mezcla de perro y cerdo, muy peludo, y con grandes orejas.

Dicen las leyendas orales que tiene apariencia macilenta, que sufre fuertes dolores de estómago y que su hedor es insoportable. Cuando se trasforma vaga por los basurales, se revuelca en los cementerios, entre las osamentas, se alimenta de carroña y ataca a cuanto caminante encuentra, lanzando fuego por los ojos y la boca. Hay quien afirma que tiene hábitos de vampiro y que cuando salpica con sangre y saliva puede transformar también en lobizón a su víctima. Para evitar el conjuro al séptimo hijo varón, recién nacido, hay que bautizarlo en siete iglesias distintas. También puede librarse del hechizo si es bautizado con el nombre de Benito y si el mayor de los hijos de la familia a la que pertenece es su padrino. Pero cuando ya se ha producido la transformación la única manera de eliminarlo es con una bala bendita o una bala a la que se le haya hecho una muesca en forma de cruz en la punta.


La creencia se hizo tan fuerte en nuestro país y en el Paraguay que muchas veces los supersticiosos sacrificaban a su séptimo hijo tirándole piedras. Esto llevó a los gobiernos de ambos países a imponer el padrinazgo presidencial al séptimo hijo varón, pues nadie se animaría a matar al ahijado del presidente. En 1973 el presidente Juan Domingo Perón le dio formato legal a este conjuro a través del decreto 848, el que también le otorgaba al niño becas totales para estudios primarios y secundarios. El lobizón también es leyenda de nuestro campo. Dos notables mendocinos dieron noticias de él, Leonardo Favio con su película “Nazareno Cruz y el lobo”, y el notable periodista Alberto Atienza, quien en la década del 80 siguió las andanzas de un supuesto lobizón que andaba por la zona de Barriales. A los estudiosos del tema recurrir al archivo del Diario El Andino, propiedad del Diario Los Andes.