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Joan Ball, la mujer que inventó ‘el amor digital‘

 El amor algorítmico surgió mucho antes de Tinder o Happn. Se puede decir que nació de la mano de la británica Joan Ball hace 55 años. En 1964, esta visionaria fundó el servicio de citas por computadoras Eros Friendship.

Domingo, 3 de Febrero de 2019
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El emprendimiento de Ball fue el primer servicio de citas por computadora en convertirse en un éxito comercial.
El emprendimiento de Ball fue el primer servicio de citas por computadora en convertirse en un éxito comercial.



Su proyecto vio la luz un año antes que Operation Match, ideada por estudiantes de Harvard; e incluso que el popular Dateline, desarrollado por el también británico John Patterson.

El emprendimiento de Ball fue el primer servicio de citas por computadora en convertirse en un éxito comercial. Se dice que obtuvo la idea de un incipiente programa suizo. Y la epifanía ocurrió mientras trabajaba en una agencia matrimonial, pero analógica. Allí descubrió que tenía un don especial para ayudar a la gente a encontrar pareja.

El próximo paso fue crear su propio agencia, donde aprovecharía la capacidad de procesamiento de los cerebros digitales. Las computadoras comenzaban a tener cada vez más incidencia la vida de la gente. Y el amor no escapó a esa revolución tecnológica que se avecinaba.

En ese entonces, en el mundo de las citas por computadora no había “swipe”, ni “likes”al alcance de la mano. El usuario debía responder un cuestionario y las preferencias quedaban registradas en tarjetas perforadas, que era el sistema utilizado en ese entonces en computación para ingresar y almacenar datos.

Una vez que se procesaba la información, el usuario recibía una dirección de correo (o en el mejor de los casos un número telefónico) de la persona con la cual se había establecido una coincidencia.

Ahora bien: ¿cuál era el criterio para determinar la probabilidad de éxito en una pareja? Ball ideó un sistema que no se basaba en reunir gente en función de sus similitudes o preferencias sino teniendo en cuenta lo que no querían. Para ella era importante que los futuros amantes estuvieran de acuerdo en lo que no estaban de acuerdo.

Su idea funcionó, y el emprendimiento siguió creciendo. Al año siguiente se asoció con Marjorie Smith y el sitio pasó a llamarse Com-Pat, una versión abreviada de “compatibilidad computarizada”.

Para 1969 habían logrado concretar 500 mil parejas, según cuenta Marie Hicks en su artículo “Amor por computadora: Replicando el orden social a través de los primeros sistemas de citas por computadora”.

En 1970, Ball generó Com-Pat II, un programa actualizado que basaba su procedimiento en en una base de datos más rica y amplia. Era una optimización de la versión 1.0, con la que nació el servicio.

Com-Pat floreció en momentos donde el interés por la computación y su poder de transformación fascinaba a la gente. Los algoritmos prometían una solución para la incansable búsqueda del amor, siempre con miras al matrimonio. De hecho ése era un diferencial del servicio: allí se prometía a los usuarios que encontrarían una unión estable y duradera.

Ball, que nunca se casó pero estuvo en pareja durante años con un hombre al que llama Kenneth en sus memorias, dirigió su emprendimiento por 10 años, hasta que en 1974 fue adquirido por Dateline.

Una vida difícil

Joan Ball nació en 1934, en el seno de una familia muy pobre, en Inglaterra. Fue una hija no deseada, que terminó siendo abandonada por su familia de origen. Durante la Segunda Guerra Mundial se crió en hogares sustitutos, donde recibió maltratos y fue víctima de abuso sexual.

A los 19 años, tras un intento de suicidio, terminó internada en un hospital psiquiátrico. A los pocos meses, cuando recibió el alta, se fue a vivir con sus tíos y comenzó a trabajar en Berkertex, una casa de moda en Londres.

Después de más de 8 años de estar en ese local, renunció al empleo y obtuvo un puesto en una agencia matrimonial, que resultó siendo el puntapié inicial que luego daría origen a su popular servicio de citas por computadora.



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