Sergio Levinsky Enviado a Amsterdam Jueves, 9 de Mayo de 2019

En un excepcional partido, el Tottenham pudo remontar sobre la hora al Ajax y habrá final inglesa de Champions en Madrid

Jueves, 9 de Mayo de 2019
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Jueves, 9 de Mayo de 2019 |

Hemos sido testigos de un brillante espectáculo. En medio siglo viendo fútbol, éste debe ser uno de los mejores cinco partidos que nos haya tocado presenciar porque reunió todo lo que se aspira para una fiesta: la actitud ofensiva de ambos equipos, tribunas eufóricas alentando a los suyos, situaciones de gol por doquier, grandes actuaciones de la mayoría de los jugadores, muchos goles, alternativas cambiantes y definición sobre la hora y estaba en juego nada menos que el pase a la final de la Champions League. 

Acaso por eso mismo es que cuando el árbitro alemán Felix Brych dio por finalizado el partido, el director técnico argentino del Tottenham Hotspur, Mauricio Pochettino, se arrodilló en el césped y no pudo evitar que se le cayeran las lágrimas de emoción. Su equipo había logrado una hazaña. Había caído derrotado en la ida en su propio campo, el nuevo White Hart Lane ante el Ajax 0-1, y terminó el primer tiempo en el Johan Cruyff Arena de Amsterdam perdiendo 2-0.

La suerte parecía estar echada porque el Tottenham no sólo tenía que marcar tres goles en un solo tiempo, el segundo, sino que en el primero había sido netamente superado por los locales que siempre administraron la pelota con criterio y sencillez, como en toda la temporada, y le ganaban bien, con goles del defensor Matthijs De Ligt (con el mismo cabezazo que ante la Juventus por los cuartos de final), y de Hakim Ziyech.

Sin embargo, ese descanso de quince minutos fue extraño, especial, distinto. Si bien luego en la conferencia de prensa posterior, Pochettino no quiso entrar en detalles sobre lo que les dijo a sus jugadores, es evidente que algo les tocó las fibras porque el equipo del Tottenham que salió al segundo tiempo parecía otro y avasalló por completo a un Ajax que hizo lo que pudo (y no fue poco) pero que se vio obligado ya a pararse de contragolpe.

Otro hecho fundamental para el partido fue el ingreso del espigado delantero español Fernando Llorente por el volante Víctor Wanyama. De esta forma, el Tottenham ya se paró con un esquema mucho más ofensivo (creemos que el cambio pudo haberse hecho en los últimos minutos del primer tiempo, cuando ya los Spurs necesitaban marcar esos tres goles), y evidentemente, el tempranero gol del brasileño Lucas Moura despertó a los jugadores del conjunto inglés, que vieron que las chances estaban intactas y fueron por todo, por el premio mayor, y cuando ya empató otra vez Lucas Moura, el silencio se apoderó de un estadio que hasta ese momento vivía una fiesta y que empezó a intuir que las cosas no estaban para tirar manteca al techo.

Esto no significa que el Ajax renunciara al ataque porque no va en su esencia, ni en la del entrenador Erik Ten Hag. Y de esta forma, aunque era más lo que el Tottenham iba, los holandeses contragolpeaban hasta convertir al arquero francés Hugo Lloris en gran figura, tapando varias situaciones de sumo peligro.

Lo del final fue directamente un asedio del Tottenham, que estaba a un gol de la hazaña. Presionó y presionó por todos lados, con el danés (ex Ajax) Christian Eriksen como guía, pero con los dos laterales como extremos, con Llorente de pivote, y al final, con el ingreso de Erik Lamela para tener más alternativas.

Parecía que el partido terminaba 2-2 porque se había llegado al último minuto de descuento cuando el arquero local André Onana hizo tiempo en un saque de arco y eso generó un nuevo minuto adicional y allí, Tottenham hizo su último esfuerzo, con LLoris, el arquero visitante, yendo a buscar una pelota por aire. En uno de esos rebotes, Llorente –en el mejor partido que le vimos en años- pudo aguantar la marca en el área, cedió a Dele Ali y éste pudo pasar justo al brasileño Lucas Moura, el héroe de la noche, quien sacó un remate imposible de atajar, concretó su triplete, y desató la locura de los Spurs.

Tras un formidable partido jugado con limpieza, vocación ofensiva y gran técnica, el Tottenham de Pochettino logró la hazaña de meterse en la gran final de la Champions del 1 de junio en el Wanda Metropolitano de Madrid, ante uno de sus adversarios de la Premier League, el Liverpool del alemán Jürgen Klopp.

El fútbol y quienes tuvimos la inmensa suerte de haber estado allí, en el partido, agradecidos eternamente.


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