Sergio Levinsky Enviado Especial a Europa Miercoles, 8 de Mayo de 2019

Adiós al sueño: El Barcelona vuelve a tropezar con la misma piedra y es arrollado por el Liverpool

Miercoles, 8 de Mayo de 2019
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Miercoles, 8 de Mayo de 2019 |



“The dream is over”, cantaba John Lennon, desgarrado, cuando Los Beatles se separaron en 1970. Y en la tierra de los “Fab Four”, también el sueño de ganar la Champions se acabó para el Barcelona y para Lionel Messi, luego de una catastrófica caída en Anfield por 4-0 cuando lo tenía todo a favor y dilapidó, igual que en la temporada pasada ante la Roma, una excelente oportunidad de llegar a la final de la Champions League.
El Barcelona llegaba con demasiada ventaja a la vuelta de la semifinal de la Champions en Anfield, porque además del 3-0 de la ida, que ya era mucha distancia en goles, el Liverpool arrastraba tres lesiones demasiado importantes en su andamiaje, como las de dos de sus tres delanteros habituales (Roberto Firmino y Mohamed Salah), y la del volante Naby Keita, el más creativo, y a último momento se dudaba sobre si podría jugar su mejor defensor, el marcador central Virgil Van Dijk. Y por si faltara poco, los “reds” habían recibido el durísimo golpe del gol del belga Vincent Kompany, del Manchester City, en el final del partido ante el Leicester que los dejaban a un punto del equipo de Pep Guardiola a una sola fecha del final de la Premier League.
Con todas en contra, el Liverpool salió a jugar su partido sabiendo que no tenía demasiado que perder, y con el antecedente de que ya había marcado nueve veces en la temporada más de tres goles. El Barcelona, por su parte, salía con la única y lejana duda sobre si aquella eliminación de 2018 ante la Roma, que le había marcado tres goles, jugaría o no su partido psicológico.
Como esto es fútbol y tiene su lado impredecible, el partido resultó parecido al del Camp Nou pero de algún modo, al revés. Ahora fue el Barcelona el que tuvo la pelota más tiempo pero no pudo concretar lo que generó, mientras que si bien el Liverpool comenzó ganando pronto 1-0 por el gol de Origi, no parecía que el marcador pudiera alterarse demasiado para los ingleses.
Lo que sí llamó la atención fue el planteo de Ernesto Valverde, con dos líneas de cuatro para contener al Liverpool, casi todos defensores o volantes de marca (Sergi Roberto, Piqué, Lenglet, Alba, Busquets, Rakitic, Arturo Vidal) y apenas Messi y Luis Suárez en el ataque, con un gris Coutinho un poco más atrás, algo que, siendo exagerado, ya era una tendencia de toda la temporada: lejos de aquellos tiempos de esplendor, ahora el Barcelona ya se plantea cederle la pelota a los rivales cuando son de fuste y en momentos trascendentes, algo impensado hace unos pocos años.
Y cuando ya la vocación ofensiva no lo es tal, cuando tener la pelota ya no es una filosofía sino una suma de momentos, puede pasar lo que ocurrió: una suma de errores, de desconciertos, el rival que va tomando confianza arropado por un público que si algo tuvo siempre fue fe, con un entrenador como el alemán Jürgen Klopp que se suele devorar a los pusilánimes, y así fue que el Barcelona volvió a tropezar con la misma piedra y acabó cayendo por una goleada doblemente desastrosa por lo que significa: la eliminación de una Champions que parecía casi conseguida (con el Real Madrid, la Juventus, el Manchester City, el PSG y el Bayern afuera), y una derrota que, al ser la segunda en dos años consecutivos, dejará ya una huella que costará remontar.
Para el Liverpool, un premio al gran trabajo de todo el año, al notable crecimiento que temporada a temporada va teniendo este equipo, finalista de la Europa League, luego de la Champions, y ahora repite su presencia en Madrid el 1 de junio, en el partido decisivo, esperando por Ajax o Tottenham, aunque algo ya es seguro: gane o pierda, lo venderá muy caro.

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