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Sergio Levinsky Desde Buenos Aires Lunes, 29 de Octubre de 2018

River y Boca se juegan el año en Brasil, pero no llegan igual

En apenas 72 horas tendremos el panorama más claro. En Brasil, River Plate y Boca Juniors se juegan el año cuando deban afrontar los durísimos partidos de vuelta de semifinales de Copa Libertadores de América ante Gremio de Porto Alegre y Palmeiras de San Pablo, respectivamente, aunque esto no significa que lleguen en la misma situación.

River necesita revertir el 0-1 de la ida del Monumental del martes pasado, cuando un experimentado Gremio, actual campeón de América, aunque sin dos de sus figuras principales, ambos atacantes, Luan y Everton, lesionados, sorprendió al equipo argentino y lo venció a partir de una jugada de pelota parada (un córner que cabeceó muy bien el volante Michel aunque lo ayudó una muy mala salida de Franco Armani).

Pero mucho más allá del gol de diferencia, en un partido que bien pudo acabar 0-0 porque los brasileños se dedicaron a cortar el juego de River cerrando todos los caminos hacia su muy buen arquero Marcelo Grohe, lo que se notó es que el equipo que dirige Marcelo Gallardo no se encuentra en su mejor momento de forma.
River es un equipo que basa su juego en lo colectivo, en una cierta dinámica e intensidad que suelen ayudar a sus individualidades, y es en el Monumental y en esta clase de partidos definitorios, y mano a mano en series de ida y vuelta, cuando eleva su rendimiento, tal como ocurriera en octavos de final ante Racing Club y en cuartos, ante Independiente.
De hecho, River no estuvo jugando en esta Copa con el valor doble del gol de visitante y Gallardo prefirió, en cambio, apostar a la “media inglesa” (empatar afuera, ganar luego en casa), pero no contaba con el muy pronunciado bajón en el rendimiento de Gonzalo “Pity” Martínez (no debe ser fácil saber que en poco más de un mes, el dinero que percibirá por su muy probable pase al Atlanta de la MLS norteamericana, será sustancialmente mayor), y que Ignacio Fernández, Ignacio Scocco y Lucas Pratto no pasan tampoco por su mejor momento.
Si los atacantes y volantes de apoyo no están bien y el rival cuenta con jugadores de mucha personalidad y forman parte de una maquinaria pensada para resistir, todo se hace más complicado.
¿Puede revertir River la serie en Porto Alegre? No parece nada fácil ante el campeón y en su casa, pero los dirigidos por el excéntrico Renato Portaluppi (ganador de la Copa como jugador, en los años ochenta, y como DT en 2017) pero ya Gallardo lo consiguió en 2015 ante el Cruzeiro, en cuartos de final, al caer también en la ida en el monumental.
Claro que para eso, River requerirá de mucha concentración, enorme mentalidad para superar un clima muy adverso, una defensa sólida ante la posible vuelta de Luan y Everton, y especialmente, una gran efectividad en ataque. Para 2018, éste es su gran objetivo más allá de que a su vuelta lo espera Gimnasia y Esgrima La Plata para la semifinal de la Copa Argentina, anteúltimo paso en busca de llegar a la Copa Libertadores 2019, a la que también podría acceder de ganar la actual edición.
Boca, en cambio, llega con mucho más aire al Arena Parque, el nuevo estadio del Palmeiras en San Pablo, tras el muy buen 2-0 de la ida en la Bombonera del pasado miércoles, aunque no debe engañarse. Su mayor confianza podría residir en una gran solidez demostrada del medio hacia atrás, porque si bien los paulistas no se atrevieron a pasar casi nunca la mitad de la cancha, con un planteo demasiado especulativo, fue claro que cuando lo hicieron, fueron rápidamente neutralizados.
Pero Boca sigue siendo, desde hace años, un equipo espasmódico. Sin ideas de juego, sale cada partido rezando para que sus delanteros resuelvan lo que el esquema no consigue. Ni Cristian Pavón es aquel jugador desequilibrante de los partidos finales del torneo argentino anterior y desde que volvió del Mundial de Rusia no logra superar el “uno contra uno”, ni Mauro Zárate encuentra su lugar como enlace entre volantes y delanteros, ni es reemplazado por otros compañeros, por lo que el equipo aparece partido con tres volantes que luchan y corren (Pablo Pérez, Wilmar Barrios y Nahitán Nández), y tres de adelante que hacen lo que pueden (los citados Pavón y Zárate, más un nueve como Ramón “Wanchope” Ábila, que busca que lo habiliten para poder marcar goles, pero eso casi nunca ocurre.
Así es que como en el Monumental el partido pintaba para un 0-0 clavado y llegó el gol de cabeza de Gremio, en la Bombonera ocurría lo mismo hasta el minuto 81 cuando el director técnico Guillermo Barros Schelotto se jugó la última carta, la de un nueve por otro, e hizo entrar a un Darío Benedetto que llevaba una larga racha de sequía desde que regresó de la lesión (nueve cotejos) por Wanchope, y en esos pocos minutos, pagó con dos goles de gran factura que cambiaron radicalmente la serie pero de ninguna manera la idea táctica.
¿Boca tiene todo definido para la vuelta en San Pablo? En series tan apretadas, un 2-0 en la ida es una diferencia amplia, pero el equipo de Barros Schelotto no tiene un sistema que lo ampare, más allá de que manejó muy bien la vuelta en cuartos ante Cruzeiro en Belo Horizonte tras el mismo resultado en la ida en la Bombonera.
Pero Palmeiras es mucho más que Cruzeiro, tiene mejores jugadores, es el puntero en el Brasileirao, el gran torneo nacional brasileño, y seguramente someterá a Boca a una gran presión, más allá de que en un campo grande y con la chance de contragolpe, el equipo argentino tiene siempre la chance de un gol que dejaría muy maltrechos a los paulistas porque los obliga a meter cuatro.
Si River se juega el año en Porto Alegre, Boca se juega su chance de lanzarse en el plano internacional, después de once años sin ganar la Copa Libertadores. Aquella vez, con Juan Román Riquelme como gran figura, lo consiguió en Porto Alegre y ante Gremio, algo que podría volver a ocurrir, dependiendo de que los brasileños eliminen a los de Gallardo.

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