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Sergio Levinsky Desde Buenos Aires Martes, 23 de Octubre de 2018

La Argentina, otra vez en la FIFA (pero que nadie se entere)

 Mientras Mauricio Pochettino dice que es "inviable" ir a la selección argentina, con un contrato renovado por cinco años con el Tottenham, Diego Simeone recibe una oferta del Atlético Madrid para extender su contrato que finaliza en 2020 aunque él ya prometió a Javier Zanetti ir al Inter aunque sea dos años.

Marcelo Gallardo sostuvo esta semana que sólo piensa "en River", los medios dieron cuenta, en estas horas, de que el presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia, asumió interinamente uno de los puestos de representación de la Conmebol ante la FIFA.

La AFA tuvo un enorme peso en la FIFA desde la década de los ochenta, cuando Julio Grondona, que se preciaba de no hablar idiomas "porque el fútbol es un lenguaje universal", fue escalando posiciones durante la presidencia del brasileño Joao Havelange (1974-1998), hasta llegar a ser el vicepresidente senior, el número dos del organismo internacional con sede en Zurich, o, como él mismo dijo, "el vicepresidente del mundo".
"Ustedes me tienen envidia porque ningún argentino llegó tan lejos como yo", sostuvo ante este periodista, en 2010, en Zurich, a los pocos minutos de que el suizo Joseph Blatter fuera reelecto una vez más como presidente de la FIFA.
Cuando Blatter fue electo presidente por primera vez, durante el Congreso Internacional de la FIFA que finalizó un día antes de comenzar el Mundial de Francia 1998, venciendo en la votación al camerunés Issa Hayatou -que en aquel tiempo lo acusó de corrupción para luego llegar a reemplazarlo en 2015 de manera interina cuando el suizo salió por la ventana, justamente por hechos de corrupción-, quien le levantó la mano como si fuera un boxeador que acaba de ganar su título mundial, fue Grondona.
Ya el entonces veterano dirigente argentino era acusado por los medios ingleses de toda laya de ser el responsable de la gran caja de los cheques de la FIFA y quien, con un guiño de un ojo, era capaz de incidir en las decisiones de Blatter. "Me bastaba una mirada de Julio para entenderlo", llegó a confesar más tarde el suizo. Grondona iba al baño siempre antes de los congresos importantes porque sabía que luego sería imposible moverse de la silla. No había que perderse nada.
Sin embargo, Grondona llegó a los cargos más altos de la FIFA por una casualidad, casi de contragolpe, aprovechando un error adversario.  Cuando en 1985 estaba por terminar su mandato como presidente de la Conmebol el peruano Teófilo Salinas, quien llegó a ocupar el sillón principal durante exactos veinte años, un Grondona ya en ascenso se había ilusionado para ocupar algún cargo dejado por éste, o al menos, tener la posibilidad de incidir en algún puesto para aumentar su poder en el fútbol sudamericano.
El fallecido dirigente argentino se comunicó entonces con Havelange, a Río de Janeiro, y el brasileño le aconsejó que visitara personalmente a Salinas en Lima, cosa que Grondona aceptó y de hecho, regresó ilusionado de su charla con el peruano. Sin embargo, a los pocos días recibió una pésima noticia: Salinas le informaba que quien ascendería al cargo de vicepresidente de la FIFA sería el uruguayo Eduardo Rocca Couture, de amistad personal con Havelange.
Grondona enfureció tanto, que en el congreso siguiente de la Conmebol, en 1985, en Chile, cuando se dio a conocer la designación de Rocca Couture, lanzó junto a su amigo Eduardo Deluca (que provenía del ascenso, igual que él) durísimas diatribas contra Havelange, que hoy sorprenderían a más de uno visto el derrotero que siguieron juntos años más tarde.
Pero esta furia duraría muy poco. Rocca Couture y un Salinas en retirada cometerían un grave error cuando aceptaron que por la penetración de la Coca Cola en la URSS, la dirigencia chilena aceptara que el Mundial sub-20 cambiara de manos hacia otro continente, y de esta forma, Havelange llamaría a Grondona para que se reunieran a solas en México DF en diciembre de 1985 durante el sorteo del Mundial.
Allí, cuando Grondona menos se lo hubiera imaginado, la perinola caería de su lado y se encontraba con la posibilidad de reinsertarse en la FIFA, al punto de acceder meses después a la vicepresidencia, mientras que en la Conmebol asumía el paraguayo Nicolás Leoz, y como secretario general, su amigo Deluca.
Con la muerte de Grondona, fue su sucesor interino en la AFA, Luis Segura, quien ocupó una de las representaciones de la Conmebol ante la FIFA aunque ya la fuerza argentina se había desmoronado, especialmente cuando un año más tarde, en 2015, explotó el FIFA-Gate y cayó toda la plana mayor de la entidad sudamericana con sede en Paraguay.
Argentina cayó definitivamente en desgracia y mucho peor aún luego del vergonzoso 38-38 de diciembre de 2015 para elegir presidente de la AFA. Wilmar Valdez, el entonces presidente de la Asociación Uruguaya (AUF) tomaba entonces el lugar dejado por Argentina, que se había quedado sin representación importante en Zurich, más allá de algunas pocas comisiones de segundo orden, sin peso general en las decisiones.
Pero, como en 1985, Tapia tuvo la suerte necesaria, más allá de todos los lobbies que pudo haber hecho ante Gianni Infantino, presidente de la FIFA desde 2016. Porque por más asados y reuniones que le haya armado en sus visitas a Buenos Aires y de arrancarle una promesa de vuelta a los primeros planos en cuanto algún hueco se produjera, durante el Mundial de Rusia, se produjo de la manera más inesperada.
Valdez estaba a días de ser reelecto para otro período en la AUF cuando aparecieron unas escuchas telefónicas que lo involucraron en negociados con dinero para sistema de iluminación de estadios en Uruguay y entonces decidió no volver a presentarse, desatando un huracán en su país que terminó con un extraño pedido de la Conmebol para que la FIFA interviniera la AUF (así será hasta febrero de 2019), que suena mucho a bloquear desde el organismo sudamericano cualquier intento del empresario uruguayo Francisco "Paco" Casal de acceder a los derechos de TV de las copas internacionales.
Y al renunciar Valdez, su lugar como representante de Conmebol ante la FIFA quedó vacante y fue tomado, interinamente ahora, por Tapia. Lo llamativo es que la entidad sudamericana nunca comunicara si se trataba formalmente de un congreso, asamblea, o lo que fuere. Todo allí se hace a puertas cerradas y apenas, luego, aparece un escueto comunicado, como si hubiera mucho que esconder.
Lo cierto es que Tapia, el yerno del poderoso sindicalista Hugo Moyano (presidente de Independiente, acusado por un fiscal de defraudar al club por 30 millones de dólares), hincha de Boca, y presidente de Barracas Central, ahora llega a la FIFA cuando sigue sin poder definir quién será el DT de la selección argentina. pero que nadie se entere, por las dudas.

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