Mendoza,

de
de

 

Rodolfo Braceli

Desde Buenos Aires

Perdón Walt, perdón Santiago

Acorralados entre la confusión y la obscenidad, intentemos reflexionar. Para no caer en la comodidad de la antipolítica. Con la confusión pierde la política. Cuando pierde la política, pierde la democracia. Cuando pierde la democracia, nos vamos al caraxus; es decir, nos vamos a la mierda.

Desde Buenos Aires

Don San Martín y doña Alicia

Permiso, quiero invitarlos a un acto en el que sucederán un par de resurrecciones: la de don San Martín y la de Alicia Moreau de Justo. Esto sucederá, ficción mediante, a partir de las 20 horas de este sábado 14 de octubre en la Feria del Libro, en el espacio Le Parc.

Desde Buenos Aires

Quino, público y laico

Después no vengan a decirme que no les avisé: a los eventuales lectores y lectoras de esta columna les sugiero que tengan a mano una botella del luminoso vino oscuro. Hay sobrados motivos para brindar por alguien llamado Joaquín Lavado, alias Quino.

Desde Buenos Aires

Les Luthiers 50, ¿y Santiago?

Les Luthiers cumplen medio siglo de risa inteligente. Homenajear a la risa hoy, cuando seguimos sin saber dónde está Santiago Maldonado, resulta difícil de digerir. Pero nos absuelve saber que Santiago tenía, entre sus rasgos, el humor y la risa. Además de la solidaridad.

Desde Buenos Aires

Ser hermano, o no ser

Permiso. Propongo un esfuerzo de hernia para no caer en la tentación de especular con eso que llamamos “rédito político”. Todos sabemos que desde el 1º de agosto pasado Santiago Maldonado está desaparecido de lo visible en esta patria idolatrada.

Desde Buenos Aires

Un huesito de Miguel

Ella se llama Rosa Schoenfeld, es la madre de Miguel Bru. Detenido y torturado en la Comisaría 9º de La Plata, Miguel desapareció un 17 de agosto, hace 24 años. En democracia, 1993. Con la escandalosa desaparición de Santiago Maldonado, resurge el nombre de Bru.

Desde Buenos Aires

Don San Martín y los buitres

Otro 17 de agosto. Sabemos cuándo murió San Martín. Pero, ¿sabemos cuándo nació? Celebradores de muertes, ignoramos nacimientos. Dos veces mueren nuestros próceres: al morir y cuando los congelamos en la inexistente perfección del bronce.