Mendoza,

de
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Rodolfo Braceli

zbraceli@gmail.com

¡Ojalá en el 2017! (vino mediante)

Este año 2016 después de Cristo se nos escurrió como agüita entre los dedos. Qué rápido sucedió, carajo, pero, por otra parte, de acuerdo a cómo se lo mire, parecía que no se nos terminaba nunca. No es lo mismo tener mesa con pan de cada día, que no tener pan cada día, y no tener mesa.

Desde Buenos Aires

El desnudo en la vereda, llora

Hay algo que nos gusta de las navidades: que de la mañana a la noche protagonizamos un brote de bondad. Y hay algo que aborrecemos de las navidades: que esa bondad parece obligatoria y se nos evapora de la noche a la mañana. Nos dura la bondad menos que hacer la digestión.