Rodolfo Braceli zbraceli@gmail.com Viernes, 10 de Mayo de 2019

Soja a rajacincha, y cáncer

Viernes, 10 de Mayo de 2019
Diario Jornada Diario Mendoza. Buscanos en Facebook, Twitter e Instagram

Viernes, 10 de Mayo de 2019 |

Desde Buenos Aires, Rodolfo Braceli 

Se reacciona, y con furia, ante la reapertura del debate sobre la legalización del aborto (legalización para evitar las sórdidas penurias de los abortos clandestinos). Pero ojo: ese sector retrógrado de la sociedad, se canta en los “abortos posteriores”. 

Abortos posteriores ¿cuáles? Los provocados por los agrotóxicos. En varias columnas, a lo largo de una década, me referí al crimen consentido de las fumigaciones. Crímenes por obediencia debida a la desenfrenada dictadura de la soja que nos parió. Ahora pido atención para a una crónica de Gastón Rodríguez, periodista de Pergamino, reproducida por la heroica edición dominical del diario Tiempo Argentino el pasado 28 de abril. Dice:

“Es septiembre de 2018 y una mujer va golpeando puertas del barrio Santa Julia, en la periferia de Pergamino. Lleva planillas con preguntas que ella confeccionó: nombre y apellido, dirección, si algún integrante de la familia tiene una enfermedad y, en caso afirmativo, si está vivo o muerto. La mayoría responde y estampan su firma. Confían en la mujer, vecina que comparte el mismo sufrimiento. ‘Empecé hablando –recuerda Alejandra Bianco– en el almacén, en la carnicería, y me fui enterando de que Fulanito tenía cáncer, de que Zutanita había muerto. Después de escuchar ocho o diez veces la misma respuesta, me alarmé y dije: tengo que registrar lo que me dicen los vecinos, si no, no quedarán pruebas de lo que está ocurriendo’.

 “Lo que pasa en Pergamino se sabe. La Corte Suprema de Justicia ratificó que el agua de los barrios Villa Alicia, Luar Kayard y La Guarida está contaminada con 18 agroquímicos. Los peritos del máximo tribunal elaboraron su informe luego de que el Juzgado Federal Nº 2, a cargo de Carlos Villafuerte Ruzo, ordenara suspender las fumigaciones en cuatro campos que rodean a esos tres barrios, a raíz de la denuncia de Sabrina Ortiz. Pero el problema es más grande y las víctimas, muchas más.

"Cuando me puse a contar los resultados –dice Alejandra–, dio que había 44 casos de enfermedades oncológicas. Había cáncer de estómago, de tiroides, leucemias y melanomas. Esto en sólo dos manzanas. Con mi familia enferma no tenía tiempo, el relevamiento le corresponde a la autoridad sanitaria. Yo lo hice porque quiero saber por qué nos estamos muriendo.

“Alejandra (46 años, docente), la mayor parte de su tiempo lo pasa en consultorios médicos. ‘Hace cinco años –cuenta– mi hijo más grande sufrió una púrpura trombocitopénica; hace un año y medio, mi otro hijo se enfermó de cáncer de tiroides; y el año pasado le diagnosticaron a mi pareja cáncer de páncreas. Viviendo acá se enfermó toda mi familia".

El cirujano que operó a su marido del páncreas le dijo que no podía ser que hubiera tres casos bajo un mismo techo, que algo los estaba enfermando.

 “A los pocos días un compañero de trabajo me advirtió sobre el agua que tomábamos. Un médico del Hospital Italiano de La Plata me dijo que el agua de Pergamino era muy mala. Ahí me di cuenta de que no era sólo ‘mala suerte’.

 “Alejandra atribuye sus padecimientos y el de sus vecinos especialmente a las fumigaciones que soportaron por años. Estamos asustados, no sabemos cómo vamos a terminar, fundamentalmente los chicos. Cuando vine a vivir al barrio estaba embarazada de mi primer hijo y terminé así”.

Cuenta Fabián Rodríguez que en el Concejo Deliberante de Pergamino se presentó un proyecto para analizar el agua del barrio Santa Julia, estudiar los diferentes tipos de tumores que afectan a sus vecinos y determinar cuáles se vinculan al uso de plaguicidas. Evidente: el altísimo índice de casos de cáncer. Evidente: el Estado está ausente. “Ya existe una ordenanza de registro de tumores aprobada pero no se implementó. El municipio no hizo ningún estudio (…) El INTA de Balcarce determinó la presencia de glifosato y otros plaguicidas en las muestras de agua de los barrios Villa Alicia, Luar Kayard y La Guarida. El pediatra de la Red Universitaria de Ambiente y Salud, Medardo Ávila Vázquez, expresó que los pesticidas presentes en el agua ‘son veneno’. (…) “Por su parte, Damián Marino, investigador del Conicet, remarcó que en este ‘cóctel’ su efecto no es solamente la suma sino que probablemente se potencian.’

“Si Villa Alicia no se movía –reflexiona Noelia, otra vecina–, muchos casos habrían quedado tapados. (…) Hoy todos saben lo que pasa en Villa Alicia, pero hasta que se supo, ¿cuántos pibes se murieron?’”

Posdata: Se trata de pequeños genocidios cotidianos promovidos por el voraz y “exitoso” neoliberalismo. ¿Qué tiene que ver el glifosato y la bendita soja con la despenalización del aborto? Muchísimo. Ocurre que quienes están contra de la legalización del aborto, enarbolan hipócritamente la defensa de “las 2 vidas”. Como si legalizar el aborto significara promoverlo. El careteo llega a su apogeo cuando se proclama que “la vida es sagrada”. Ajá, muy bonito: pero, ¿y los otras cientos, miles de vidas interrumpidas? A esto yo prefiero llamarlos “abortos posteriores”, porque se trata de interrupciones de vidas después del vientre: por hambre y galopante pobreza, por agrotóxicos, por misiles colaterales, analfabetismo esclavizante y analfabetización de los medios ¿de comunicación? 

 Recordemos las intervenciones en el Senado de los señores Abel Albino y De Ángeli –dulces seres humanos–; no dijeron ni mu sobre ese genocidio que están perpetrando los glifosatos que riegan los indefensos suelos, aguas y aires de la patria. Oíd mortales: el desenfreno por recaudar dólares trae miles de abortos posteriores. Abortos promovidos por la bendita patria sojera, neoliberalismo mediante. Todo sucede con la complicidad de la indiferencia activa de los que gritan que “la Vida es sagrada”.


Seguí leyendo